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otra cosa que una parte y no la principal de la historia general de España. Tranquilo y sosegado bajo los Reyes Católicos, es seguro que algunos de sus hijos acompañaron á Colon en su viaje á América y mas tarde en sus temerarias empresas á los conquistadores del Nuevo Mundo. El turbulento y largo reinado de Carlos V afectó ya en mucho la vida de Aragón aunque continuó rigiéndose por sus fueros, usos y costumbres con mas satisfacción de ios naturales del reino que del monarca y sus privados que no vieron nunca con gusto el entusiasmo de aquel pueblo por mantener sus libertades. Los reinados trascendentales para la vida do Aragón, son los de Carlos Y y D. Felipe II, su hijo. Los hechos que entonces sucedieron, tienen tal importancia para la provincia de Huesca, como para el resto do Aragón, que fuera indisculpable el omitirlos y mas aun el no dar una idea de sus consecuencias.

XXXIX.

En otro lugar de esta crónica hemos indicado que entre los motivos de turbulencia, en Aragón habia uno que presentaba cada dia menos señales de sosiego y avenencia. Era este las malas relaciones que mediaban entre señores y vasallos que poseían tierras en feudo particular. De muy antiguo nacían estas disidencias entre nobles y vasallos; pero en los reinados de que nos vamos ocupando, fueron de tal importancia, que Carlos V lo mismo que Felipe II, creyeron conveniente poner en ellos mano para convertirlos en beneficio propio y en estension de sus atribuciones y poderes. El mas nombrado desórden principió por el de la varonía do Monclús, quo compuesto de siete lugares, habia venido á poder de D. Rodrigo Palafox. Insurreccionáronse contra este los habitantes do los siete pueblos, y’ no cejaron en su empeño, no sin sufrir por esto todo linaje de desgracias, hasta que en las Córtes de Mouzon de 1585 el rey dispuso que fuesen incorporados á la corona, dando en compensación á los Palafox ochocientos escudos sobre la renta del rey.

Este ejemplo no pasó desatendido en la provincia de Huesca. La villa de Ayerbe, una de las mas impor-, tantos de aquella tierra, siguió pronto el ejemplo de Monclús. El rey D. Jaime habia dado lavillade Ayer-be á su hijo natural, D. Pedro, de la cual tomaron él y sus sucesores el apellido Ayerbe. Vuelta por falta de sucesión á la corona, pasó despues de algún tiempo á Jordán de Cries que la compró al infante D. Fernando, hermano del’rey D. Pedro IV. No tardaron mucho tiempo los de Ayerbe en dar á conocer su descontento. Subleváronse primero; apelaron á la justicia; despues alcanzaron una sentencia favorable y otra coutraria, y en los tiempos de quo nos vamos ocupando, no dejaron las armas hasta que D. Hugo Uries, que era á la sazón el poseedor á la varonía, renunció la absoluta, ó lo que es lo mismo, el derecho de condenar á muerte sin proceso, estableciendo qu j en adelante no podían ser juzgados sino por causa formada y conforme al tenor de los fueros.

Pero la mas grave alteración que con este motivo tuvo entonces lugar, es la del condado de Bivagorza,
situado, como en otra ocasion hemos dicho, al NO. de la provincia de Huesca. Era este condado el mas poderoso y rico de cuantos existían en Aragón. Esten-díaso por la mayor y mejor parte de la provincia de Huesca, teniendo noventa leguas de superficie, quince i de largo y seis de ancho, y diez y siete villas, dos-j cientos diez y seis lugares y cuatro mil vecinos, mu-I chos de ellos de los mas calificados entre los caballc-; ros é hijos-dalgos de Aragón. Aparte de la villa de Benabarre, cabeza del Estado, figuraban Graus, Esta-dilla, Fonz, Zanui, Lascuare, Bonasque, Alins, Cala-sanz y Roda, asiento en otro tiempo del obispado que mas tarde se trasladó á Lérida.

El condado de Ribagorza se confunde con los primeros tiempos de la monarquía aragonesa; llevábanle los hijos délos reyes, y fué siempre el primero por su riqueza y el mas preclaro por su dignidad. En 1468 D. Juan II dióle á su hijo natural D. Alonso de Aragón, que fué además duque de Villahermosa en el reino de Valencia. Casó Dv Alonso con doña Leonor de Soto, y de este matrimonio descienden los duques de Villahermosa, enlazados hoy con lo mas preclaro de la aristocracia castellana. Aunque sujeto á señorío ; particular, tenían los de Ribagorza no pocos fueros y í privilegios, que el mismo D. Juan II creyó de su deber respetar y garantizar cuando lo dió en feudo á su hijo el célebre maestre de Calatrava. Nombraban los riba-gorzanos magistrados do elección popular y tenían una especie de Córtes ó concejo general en donde se resol-via loque mas directamente tocaba al procomún de aquellas villas y lugares. La grandeza de este Estado, su situación topográfica, y acaso también el deseo de amenguar el brillo de una casa que, como la de Villa-hermosa, descendía, aunque por línea bastarda, de los reyes de Aragón, inspiraron á Felipe II el deseo de incorporarlo á la corona. Así lo hizo, no sin cubrir el suceso con apariencias legales, de lo cual originóse que el conde D. Martin de Aragón acudiese al tribunal do justicia, cou el recurso llamado de Aprensión. Nació de aquí un grave pleito; los ribagorzanos, ansiosos por sacudir el dominio señorial , favorecían con su actitud y simpatías la causa de Felipe II; pero como el derecho del de Villahermosa era á todas luces incuestionable, los ánimos se dividieron y se prepararon á una sangrienta guerra. Formóse á la sombra de estas discordias una gran conspiración en el condado de Ribagorza contra el duque D. Martin de Aragón. Mas de setecientos sublevados invadieron á Benabarre, impidieron la reunión del concejo y pusieron sitio á la casa en que con muy poca gente do defensa, estaban el duque y su hijo. Hubieron estos de salir, accediendo á las exigencias de los sublevados, los cuales por aquella vez se contentaron con verlos marchar sin ofenderles ni con palabras ni con hechos. No sucedió, sin embargo, siempre lo mismo, porque á poco tiempo, habiendo vuelto el duque con ánimo de asistir al concejo, subleváronse con masfuriaque nunca las gentes del condado, pusieron sitio á la casa donde estaba don Martin, y la hubieran incendiado si no hubiera s:d:• por la intervención de unos religiosos que intercedieron, no sin peligro, por la vida y seguridad de los duques de Villahermosa- Apeló D. Martin despues de ese

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Capítulo 6.- Alteraciones en la villa de Ayerve y en el Condado de Ribagorza | publicado por admin el Sunday 25 October 2009 a las 1:27 PM
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