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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Huesca &#187; 7.- Guerra de sucesión contra Felipe V</title>
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	<description>Historia, Geografía, Sociedad. Provincia de Huesca. Siglo XIX.</description>
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		<title>Página 69</title>
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PRIMER CONDE DE ARAGON
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<p>PRIMER CONDE DE ARAGON</p>
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		<title>Página 70</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:26:36 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (70).jpg" alt="" width="450" height="600" />llero que mas adelante fué gobernador de Aragón. El sitio no podia ser mas á propósito para estos últimos. Sin embargo, fue tal el empuje con que fueron acometidos por bearneses y por los de D. Martin de Lanuza y Gil de Mesa, que pusiéronse en huida, no sin haber peleado algún tiempo,, y sin que quedaran antes presos los dos jefes que los comandaban. Ocupado el punto importante de Santa Elena, pasé Pau Gil de Mesaá pedir mas gente á la princesa Catalina, la cual, viendo en tan buen órden para sus intentos las cosas de Aragón, le dió un refuerzo de 1,300 hombres. Gil de Mesa, al frente de este refuerzo, manifestó su intención de apoderarse de Jaca, y dejó preparado el terreno para que entraran por diferentes puntos en España 15 ó 20,000 hombres, si Aragón secundaba, como era de esperar, el movimiento de los invasores.</p>
<p>Habían estos en el entretanto abandonado el punto de Santa Elena y ocupado la villa de Bicscas, lugar entonces de 130 vecinos, no sin haber hecho antes grandes daños en las vidas y personas de los naturales que se opusieron, aunque débilmente, á las tropas inva-soras. Los bearneses, que todos eran calvinistas, robaron y profanaron las iglesias, y este fué uno de los motivos que mas influyeron en 1a. actitud hostil con que en seguida se mostró todo el resto de la montaña. «No se les unió, dice un historiador, un solo aragonés; antes al contrario, pareciéndoles á todos los de la montaña que con este atrevimiento ponían los amigos de Antonio Perez nota de sospecha en la fidelidad en la religión y en el servicio del rey, acudieron al común peligro con gran presteza y ánimo.»</p>
<p>Apenas se supo en Jaca lo sucedido en Bicscas, la ciudad entera que, como hemos dicho antes, tanto entusiasmo habia manifestado en favor de los caudillos de las alteraciones de Zaragoza, se puso ahora en armas, y aprestóse, por todos los medios que tuvo en su poder, para oponerse al paso y al triunfo de los invasores. .</p>
<p>XLII.</p>
<p>En Huesca el entusiasmo llegó á mas alto estremo. Sabido á media noche lo que habia pasado en Biescas, tocaron inmediatamente las campanas de todas las iglesias, armáronse los moradores, y hasta por mau-dato del obispo, que entonces lo eraD. Martin Cáncer, armáronse también los clérigos y religiosos de la ciudad, que, en defensa de la fé, dice un historiador de estos sucesos, los eclesiásticos deben ser los primeros que á la muerte deben ofrecerse. A consecuencia de esto salieron de Huesca con 300 arcabuceros Juan de Mompaon. señor de Campres, y Lorenzo Jbarra, señor de Servedos, caballeros muy probados y en los cuales tenia la ciudad completa confianza. Do Jaca al mismo tiempo salieron, unos para. Biescas y otros para interceptar el paso de Canfranc, Miguel Vaguer, señor de Arres; Martin Iñiguoz, señor deFanlo y Espin; Domingo Palacio; Pedro Sarasa; D. Bernardo Abarca, del hábito de San Juan; D. Pedro Gimenez de Aragues, merino de Jaca; D. Cárlos de Urríes, señor de la Peña, con su hermano D. Pedro, señor de Ayerbe, y otros muchos hidalgos de la montaña.<br />
En estando, dice el Sr. Pidal á quien seguimos on este relato, la gente de Jaca y Huesca en Seneguc, que dista como 4,000 pasos de Biescas, llegó allí don Alonso de Vargas, general que habia sido mandado por Felipe II para sofocar las alteraciones de Aragón, y en la iglesia de aquel lugar consultó con los prácticos de la tierra la traza que se debia tener en la jornada. Determinóse allí que la gente de Huesca, á la callada y sin arbolar bandera, ocupase el puente de Molat, entre Biescas y el Paso de Santa Elena, y que Pedro Latras, señor de Latras, con unos cuantos montañeses y unos pocos mosqueteros del ejército, tomasen otro puesto á la derecha, de suerte que cortaran el paso al enemigo cuando este huyendo, como se tenia por seguro, del ejército, abandonase la villa&#8221; de Bicscas.</p>
<p>No les salió bien este intento; antes por el contrario, avisados los bearneses de lo que pasaba, y penetrados del intento que los de Jaca y Huesca se proponían, abandonaron con mucho órden y concierto la villa de Biescas, y retiráronsebácia Santa Elena, donde, valiéndose de lo aventajado del sitio, resolvieron hacerse fuertes.</p>
<p>Frustrado el plan, vacilaban los de Huesca en lo que habían de hacer; pero llevados de. su arrojo, arbolaron la bandera y los atacaron con denuedo. Resistieron los bearneses con no menos resolución y perdieron allí no poca gente; pero viéndose, además, combatidos por los naturales del valle, que desde los montes altos les hostilizaban sin cesar, volvieron de nuevo las espaldas y se pusieron en retirada. Al llegar á los valles hondos que hay entre Buhar y Hoz, las mujeres de este lugar echaron rodando por unas peñas piedras tan grandes, que los desordenaron, matando á muchos de ellos. También murieron algunos de parte de los del rey, así como Juan de Grasa, hombre principal do la montaña, y que acaudillaba gran número de aquellas gentes.</p>
<p>Desordenados y abatidos ya los invasores, D. Martin de Lanuza, que se habia portado heroicamente en estos y en los anteriores sucesos, tomó para salvarse una resolución, cuyo buen éxito parecerá aun hoy imposible á los que conozcan la naturaleza y el clima de aquel país.</p>
<p>Era esto en el mes de febrero, y la nieve que existe siempre en aquellas montañas oponía entonces un obstáculo invencible á toda huida, aun en lo mas profundo y templado de los valles. A pesar de esto, D. Martin de Lanuza mató primero su caballo, y con la gente que brevemente pudo reunir, abandonó ol camino que guiaba por medio del valle, y tomando el de unas asperezas casi inaccesibles, á mano derecha, entre Hoz y Panticosa, so metieron él y los suyos en las nieves do aquellas montañas, y allí, uno-en pos de otro, como si subieran por escaleras do mano, subieron los mas altos y escabrosos montes que hay en los Pirineos, caminando todo el dia á vista del ejército sin poderse alejar de él una legua entera. No podian seguirlos sus enemigos, añade el Sr. Pidal, que tan detalladamente cuenta este suceso, ni lo intentaron siquiera, parociéndolos que escapando de sus manos daban necesariamente en las de la muerte.</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 71</title>
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Dos noches durmieron en el mismo puerto, hambrientos y mal abrigados, y cuando estuvieron en lo alto de aquellas encumbradas peñas, vieron con asombro que si la subida habia sido trabajosa, la bajadaeracasi imposible, porque no habia caminos. El hielo ora mucho, la nieve mas de una pica de alto, y los despeñaderos á cada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (71).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>Dos noches durmieron en el mismo puerto, hambrientos y mal abrigados, y cuando estuvieron en lo alto de aquellas encumbradas peñas, vieron con asombro que si la subida habia sido trabajosa, la bajadaeracasi imposible, porque no habia caminos. El hielo ora mucho, la nieve mas de una pica de alto, y los despeñaderos á cada paso. Todas estas dificultades vencieron, sinembar-go, D. Martin y los suyos; y por fin, descalzos, desuudos, hambrientos y casi muertos, llegaroná Oauterets, donde estuvo en poco que los naturales no les diesen muerte, que tal y tan grande era la irritación que contra los aragoneses tenían.</p>
<p>Los demás invasores que se habían retirado por el camino de Sallen, fueron desbaratados y perdidos hasta muy dentro de Francia por los del valle de Tena, que habían acudido á sus pueblos, deseosos de contribuir á la derrota del enemigo. En esta retirada fueron cogidos presos Francisco de Ayerbe, Dionisio Perez y el desgraciado D. Diego de Heredia, una de las figuras mas interesantes en aquella época tan azarosa para la vida do Aragón.</p>
<p>Acudid D. Alonso de Vargas con su gente al sitio de la refriega cuaudo ya estaba terminada; y como era persona discreta, y por todos conceptos quería ganarse el ánimo de los aragoneses, complacíase en publicar que á estos tocaba el mérito de la jornada y la satisfacción de la victoria. Así lo manifestó el rey, y á la ciudad de Huesca le decía en 21 de febrero lo siguiente: «Doy á V. S. la enhorabuena del buen suceso que habernos tenido en lo de aquí, como á quien le cabe tanta parte de él que puede muy bien tenerse por suya la victoria, con lo mucho que para salir con ella hicieron el capitan y gente de V. S., en que además demostrar el celo y fidelidad de V. S., valor y cristiandad, han ganado ellos la honra y faina que sus hechos merecen. Así lo he escrito á S. M., y esté V. S. con seguridad que habrá sido esta ocasion de tanta satisfacción á S. M., que, fuera de reconocerlo y agradecerlo á V. S., como es razón, será de mucho fruto para el bien general de este reino.» Por su parte, el rey escribió á Huesca y á otras ciudades la siguiente carta: «Amados y fieles nuestros, decía: por diversas relaciones, y particularmente por la del gobernador, he sabido vuestra voluntad en&#8217;la ocasion de la entrada de los luteranos por las fronteras de este reino. La demostración y buenos efectos clan bien á entender vuestro celo y -mi obligación á mirar por lo que os tocare, pues aunque el acudir á semejante caso era tan preciso y forzoso para vuestra quietud y bien de ese reino, os lo agradezco y estimo como solo servicio mió, de quo me queda gran satisfacción y memoria de vuestra fidelidad, que me ha sido siempre, y muy particularmente en esta ocasion, muy grata y acepta.»</p>
<p>Retiróse despues de esto D. Alonso de Vargas á Jaca, y desde allí escribió al rey pidiéndole órdenes sobre lo que debia hacer. Entre tanto, ya sea por iniciativa propia, ó ya, como es de suponer, porque tuviera instrucciones para tanto, determinó y llevó á cabo dos resoluciones, ele las cuales una causó no poco disgusto en los naturales del país, y la otra influyó, y aun podríamos añadir que influye en estos mis-</p>
<p>mos momentos en la suerte de toda aquella montaña.</p>
<p>Fué la primera derribar en elcondadodo Ribagorza, y en otros puntos cercanos ájaca, todosloscastillosy casas fuertes que tenían los parciales y amigos del duque de Villahermosa; y fué la segunda, con la mira ó el pretesto de fortificar los pasos mas peligrosos de Ins entradas de Francia, levantar varias torres en Hecho, en Ansó, en Canfranc y en Santa Elena, y en la ciudad do Jaca un castillo de mayor importancia, que gobernase á las demás fortalezas, y las proveyese de lo necesario en cualquier evento. Desde entonces Jaca, que tanto se habia distinguido antes por su iniciativa y su independencia en todas las cosas que tocaban á la.vida peculiar de Aragón, quedó sometida al poder de los oficiales clel monarca, y hoy es, y nosotros que nos preciamos de conocer un tanto aquella ciudad tan querida, podemos asegurar que 110 se ha levantado del forzoso abatimiento que le impone aquel castillo.</p>
<p>XLIII.</p>
<p>La contienda entre Aragón y Felipe II duró aun algunos meses despues de los acontecimientos que acabamos de narrar: el éxito estaba previsto, y los resultados no pudieron menos de ser terribles y sangrientos. Había tenido especial cuidado el rey, que en estas alteraciones procedió con mas prudencia y habilidad de lo que, dado su carácter^ habia razón de esperar, en aislar el movimiento y reducirlo pura y simplemente ála ciudad de Zaragoza. La entrada de los bearneses en el reino dió á su causa un prestigio que antes no tenia, y que acaso decidió del resultado de la lucha. España era entonces, y Aragón no se libraba de este mismo carácter , esencialmente católica y ardiente partidario ele la intolerancia religiosa. Cuando se vió, pues, que los que invocaban la defensa de los fueros y libertades del reino eran los mismos quo entraban acompañados de los bearneses, los cuales en su mayor parte pertenecían á la religión reformada, Felipe II debió alegrarse de este suceso, pues quo desde este momento la lucha, que antes habia sido política, y por decirlo así esclusivamente tradicional, tomaba ahora un carácter esencialmente religioso. En este terreno, la victoria era fácil adivinar que estaría de parte de Felipe II. Así hemos visto que todas las ciudades de Aragón, aun aquellas mismas quo, como Jaca, Barbastro y algunas otras mas favorables se habían mostrado á la causa aragonesa, en esta ocasion apresuráronse á ponerse en armas y á enviar refuerzos para, contener y castigar á los invasores.</p>
<p>Apagadas por completo estas alteraciones; so:&#8221;:: 1-dos los elementos de desorden, y habiendo reo: r . i el rey y la Inquisición un poder y autoridad — ^rimas ámplios que el que anteriormente? tuvieran, i -terminaron castigar con&#8217;inexorable seT?r: lid ¿- ? que, con mas ó menos fundamento, era- v: r: ~ :-</p>
<p>principales causantes de los pasados d-rS-:*rdr&#8211;rS- _ « castigos fueron muchos y crueles: las r^r:•- — _.-ragozano podían contener tan:a    ?-::&lt;:: í 7 ra-</p>
<p>da uno de sus calabozos. Distin    :</p>
<p>punto á crueldad, el tribunal de la Inc</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 72</title>
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		<description><![CDATA[estaba ansioso de vengar los rudos ataques que se habían infligido á su autoridad y su nombre. Por espacio de mucho tiempo, la ciudad de Zaragoza y otras muchas poblaciones del reino recordaron con horror los duros tormentos á que habían sido sometidos muchos parciales de Antonio Perez, y las sangrientas ejecuciones que se llevaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (72).jpg" alt="" width="450" height="600" />estaba ansioso de vengar los rudos ataques que se habían infligido á su autoridad y su nombre. Por espacio de mucho tiempo, la ciudad de Zaragoza y otras muchas poblaciones del reino recordaron con horror los duros tormentos á que habían sido sometidos muchos parciales de Antonio Perez, y las sangrientas ejecuciones que se llevaron á cabo para castigar los desórdenes pasados.</p>
<p>El ataque, que fué primero á las personas, se dirigió mas tarde, como era natural, álas instituciones de Aragón. En primer lugar se abrogó Felipe II el derecho de poder nombrar para virey de Aragón á quien tuviera por conveniente, ya fuera cstranjero ó natural de este reino. Esta variación, que fué la mas capital en lo que atañe á las relaciones generales entre Castilla y Aragón, si era conveniente para favorecer la unidad política y nacional, eraperjudicialísima para el régimen especial del reino de Aragón. Por lo que toca álas instituciones particulares del reino, se determinó primero que. en las Córtes se estuviese á la resolución de la mayoría de cada brazo, lo cual era tanto como destruir aquella famosa y antigua organización, en virtud de la cual el disentimiento de un miembro cualquiera bastaba para anular cualquier medida de las Córtes. A la diputación, que estaba encargada en reemplazo de estas últimas del arreglo de servicios, condiciones do los impuestos y algunas otras atribuciones por el estilo, se le prohibió el poder gastar mas de 3,000 libras por sí, y 5,000 sin consulta del Justicia, y además se le despojó de la guardia del reino, que era entre todas la mejor garantía de su prestigio y ; u-toridad.</p>
<p>En cuanto á la administración do justicia, se dispuso que los tenientes del Justicia de Aragón fuesen de nombramiento real, y que los antiguos judicautes fueran nombrados, mitad por el monarca y 1a. otra mitad según la manera y forma antiguas. El oficio del Justicia de Aragón, que desde 1442 era inamovible y vitalicio, se decidió que fuera amovible; se destruyó el fuero que llamaban de la via privilegiada; se abolió también el que por otra disposición análoga disponía que se pusiese en libertad al reo que pudiera probar que habia habido error en el procedimiento; se decretaron penas severas contra los que pidiesen manifestaciones fingidas; se prohibió que se pudiese imprimir ningún -libro ni papel sin licencia do los ministros reales, y por último se quitó á Aragón aquel privilegio que tenia para impedir la estra lición de los presos que se acogieran al reino.</p>
<p>Tales fueron las principales reformas llevadas á cabo por Felipe II de los fueros de Aragón. Si aquellas cambiaron ó no en mucho ó en poco el régimen general y particular de aquel reino, cosa es que no nos toca averiguarlo. La mayor parte de los escritores aragoneses de aquel tiempo, ó por halagar los proyectos de Felipe II, que no quería que de él se creyera que trataba de destruir los privilegios de Aragón, ó porque pensara que robustecían el amorá las instituciones antiguas, sosteniendo su integridad y su fuerza, es lo cierto que todos están acordes en sostener que las innovaciones introducidas por Felipe IT no alteraron en nada esencial el régimen de Aragón. A este mismo</p>
<p>parecer se inclina el Sr. Pidal en su libro, algunas veces citado, de las Alteraciones (Le Aragón. Si es lícito esponer nuestra opinion al lado de la de tantos y tan ilustres conocedores de las cosas de aquel reino, diremos que, aun reconociendo nosotros en Felipe II el deseo de no acabar con los fueros de Aragón, las innovaciones que introdujo fueron, sin embargo, de tal importancia, que bien puede sostenerse que cambiaron por completo la fisonomía y vida íntima de aquel pueblo. Sobre tres instituciones descansaba principalmente la organización entera de la sociedad aragonesa: sobre las Córtes, sobre el Justicia y sobre aquella envidiada administración del Justicia, tan rica en toda clase de garantías para la seguridad individual.</p>
<p>Como so ha visto antes, Felipe II, con perfecto conocimiento de causa, y con una habilidad que ni siquiera puede ser puesta en duda, reformó las instituciones principales que se relacionaban con las tres anteriores. Así es que lo que formaba la singularidad y el poderío de la constitución aragonesa, la inamovilidad del Justicia, el carácter de jurado que tenían las Córtes y la debilidad del poder social, frente á la libertad del individuo, desaparecieron con las innovaciones introducidas, preparando de esta suerte el camino para que mas tarde fueran fácilmente destruidos por el primer rey de ¡a casa de Borbon.</p>
<p>XLIV.</p>
<p>En ¡as guerras de sucesión á la corona de España, los aragoneses, instigados por el conde de Cifuenfes, se decidieron en favor del archiduque Carlos. La villa de Alcañiz fué la primera que, escitada por los sediciosos catalanes que con toda libertad recorrían las fronteras del reino, y por un famoso fraile catalan, hermano del conde de Centellas, empezó la rebelión en favor del archiduque, siguiendo despues su ejemplo la ciudad de Caspe, Calaceite, Monroy y otras varias poblaciones. La nobleza aragonesa, viendo que la rebelión iba tomando sérias proporciones, determinó reunir por su propia cuenta fuerzas bastantes para sofocarla, y entre el conde de Atores, el marqués de Cherta y D. Manuel Rey, reunieron algunas compañías que, en unión con &#8216; ocho mas de á pié y 160 hombres montados que levantó Zaragoza, empezaron á castigar severamente la deslealtad de Alcañiz y demás pueblos que seguían su ejemplo.</p>
<p>El rey D. Felipe por su parte, tomando todo género de precauciones, envió de capitan general de Aragón al conde de San Estéban de Gormaz, dispuso que pasasen á aquel reino los tres regimientos formados en Navarra, y que el príncipe de Tilly sofocase, como en efecto lo hizo, la rebelión de Alcañiz.</p>
<p>Pero habíanse ahorcado, para alcanzar aquel triunfo, cincuenta de los rebeldes presos en Calanda, y este hecho bárbaro y cruel habia de traer mas tarde consecuencias funestísimas.</p>
<p>El condado de Ribagorza y casi todos los valles inmediatos al Pirineo se .adhirieron, indignados por aquellas sangrientas ejecuciones, al pensamiento de los habitantes de Alcañiz, permaneciendo fieles solo el castillo de Ainsa y la plaza de Jaca, gracias al pron-</p>
<p>E</p>
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		<description><![CDATA[to y eficaz refuerzo quo el gobernador francés de Bear&#8211;ne envió tí esta última ciudad. Apoderáronse los insurrectos, en octubre do 1705, do Monzon y su castillo, varios regimientos de Navarra tuvieron que capitular con los insurrectos de Fraga, y la lucha iba cada vez haciéndose mas general y mas encarnizada en todo el reino.
No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (73).jpg" alt="" width="450" height="600" />to y eficaz refuerzo quo el gobernador francés de Bear&#8211;ne envió tí esta última ciudad. Apoderáronse los insurrectos, en octubre do 1705, do Monzon y su castillo, varios regimientos de Navarra tuvieron que capitular con los insurrectos de Fraga, y la lucha iba cada vez haciéndose mas general y mas encarnizada en todo el reino.</p>
<p>No pudiendo las milicias reales contener la rebelión, acordóse que las tropas de la frontera de Portugal viniesen en su auxilio al mando del mariscal de Tessé, y queriendo entrar estas por Zaragoza, opínense los zaragozanos, por ser contra fuero, y Tessé tuvo al fin que acceder á que sus tropas pasaran por fuera, no sin pagar antes el portazgo, los derechos de aduanas que los pertrechos de guerra debian satisfacer y las raciones de todas sus tropas.</p>
<p>Como fueron unos de los principales instigadores de la rebelión el conde de Sástago y el marqués de Coscojuela, propuso al rey el capitan general, conde de San Estéban, la conveniencia de que se le facultara para prender y ahorcar aquellos dos nobles, consultado lo cual por el rey Felipe al Consejo de Aragón, opúsose este terminantemente, como asimismo á que fueran estraidos del reino, porque esto seria contrariar los fueros del reino de Aragón.</p>
<p>La rebelión tomaba cadadia mayores proporciones, y era necesario al rey tomar prontas y enérgicas disposiciones. Reuniendo al efecto un numeroso ejército, con los refuerzos que vinieron de Castilla (1706), dié-ronse sangrientas batallas entre los leales y los revoltosos, siendo teatro de muchas de ellas la provincia de que nos ocupamos.</p>
<p>Los aragoneses, como ya hemos indicado, se declararon en favor del archiduque; y después de una série innumerable de luchas y de trastornos, que en gracia de la brevedad no podemos referir aquí, todos los esfuerzos do los intrépidos aragoneses so estrellaron al fin ante las imponentes fuerzas del duque de Orleans y de Berwick.</p>
<p>Vencido Aragón por las armas de Felipe V, no habia que dudar de la suerte que esperaba á los fueros de aquel reino, despues de una resistencia tan tenaz y cruel como había hecho á aquel poderoso y afortunado monarca. Tratóse desde luego de la nueva forma de gobierno mas conveniente que pudiera darse, lo mismo á este reino que al de Valencia, igualmente sometido por Felipe V; y al efecto dióse el encargo al célebre jurisconsulto D. Melchor de Macanaz de conferenciar sobre este punto con el gobernador del Consejo de Castilla, D. Francisco Ronquillo, y con Arnelot, embajador de Francia, á quienes puede decirse se hallaba por entonces encomendado el supremo mando de la monarquía española. El resultado de estas conferencias, dicho se está que no pudo ser otro que la abolicion de los antiguos fueros y franquicias de Aragón y Valencia, y el mandamiento ele que uno y otro reino se gobernasen en lo sucesivo por las leyes de Castilla, para lo cual debiera establecerse en la capital de cada uno de estos una chancillería igual á las de Valladolid y Granada, con mas un superintendente que administrase la hacienda.</p>
<p>Así acordadas las cosas, espidió Felipe V, en 29 de<br />
Junio de 1707, el célebre decreto aboliendo aquellos fueros, y cuyo contenido ponemoj á continuación:</p>
<p>«Considerando (decia) haber perdido los reinos de Aragón y Valencia, y todos sus habitadores, por la rebelión que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad queme hicieron como á su legítimo rey y señor, todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban, y que con tan liberal mano se les habian concedido, así por mí como por los reyes mis predecesores, particularizándolos en esto délos demás reinos de mi corona, y tocándome el dominio absoluto de los referidos reinos de Aragón y Valencia, pues á la circunstancia de ser comprendidos en los demás quo tan legítimamente poseo en esta monarquía, se añade ahora la del justo derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente/mis armas con el motivo de su rebelión; y considerando también que uno de los principales atributos de la soberanía es la imposición y derogación de las leyes, las cuales con la variedad (le los tiempos y mudanzas de costumbres podia Yo alterar, aun sin los grandes y fundad.os motivos y circunstancias que hoy concurren para, ello en lo tocante á los de Aragón y Valencia: He juzgado por conveniente. así por esto como por mi deseo, de reducir todos mis reinos de España á la uniformidad do unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales , gobernándose todos igualmente por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo, abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, prácticas y costumbres hasta aquí observadas en los referidos reinos de Aragón y Valencia; siendo mi voluntad que estos se reduzcan álas leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y en sus tribunales, sin diferencia alguna en nada, pudiendo obtener por esta razón igualmente mis fidelísimos vasallos los castellanos oficios y empleos en Aragón y Valencia, de la misma manera que los aragoneses y valencianos han de poder gozarlos en Castilla, sin ninguna distinción; facilitando Yó por este medio á los castellanos motivo para que acrediten de nuevo los afectos de mi gratitud, dispensando en ellos los mayores premios y gracias, tan merecidas de su esperimentada y acrisolada fidelidad, y dando á los aragoneses y valencianos recíproca é igualmente mayores pruebas de mi benignidad, habilitándolos para lo que no estaban, en medio de la gran libertad de los fueros que gozaban antes, y ahora quedan abolidos.</p>
<p>»En cuya consecuencia, he dispuesto que la audiencia de ministros que se ha formado para Valencia y la que he mandado se forme para Aragón, se gobiernen y manejen, en todo y por todo, como las dos chancillerías de Valladolid y Granada, observando literalmente las mismas reglas, leyes, prácticas, ordenanzas y costumbres que se guardan en estas, sin la menor distinción ni diferencia en nada, escepto en las controversias y puntos de la jurisdicción eclesiástica y modo de tratarlas; que en esto se ha de observar la práctica y estilo que hubiere habido hasta aquí, en consecuencia de las concordias ajustadas con la Santa Sede Apostólica, en que no se debe variar; de cuya re-</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 74</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:25:58 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[7.- Guerra de sucesión contra Felipe V]]></category>
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		<description><![CDATA[solución he querido participar al Consejo, para que lo f tenga entendido. Buen Retiro á 29 de junio de 1707.»
Tal es el famoso decreto del rey Felipe V que, en castigo de la rebelión de aquellos dos reinos, echó por tierra unos fueros que á costa de tanta sangre y sacrificios habian sostenido por espacio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (74).jpg" alt="" width="450" height="600" />solución he querido participar al Consejo, para que lo f tenga entendido. Buen Retiro á 29 de junio de 1707.»</p>
<p>Tal es el famoso decreto del rey Felipe V que, en castigo de la rebelión de aquellos dos reinos, echó por tierra unos fueros que á costa de tanta sangre y sacrificios habian sostenido por espacio de tantos años. En adelante, la suerte de Aragón, y por consiguiente de la provincia de que nos ocupamos, se identifica con la de Castilla.</p>
<p>XLY.</p>
<p>En el largo y sangriento período de nuestra guerra civil, la provincia de Huesca fué teatro también de escenas sangrientas y de valor increíble. Referir todas las batallas que aquí tuvieron lugar, no lo permiten, y en verdad que lo sentimos, la dimensiones de esta Crónica. Nos limitaremos, por lo tanto, á dar cuenta de las dos grandes batallas de Huesca y B.irbastro, en las que con tal denuedo se peleó por parte de liberales y carlistas.</p>
<p>Guergué, al frente de su espedicion, se propuso entrar en la ciudad de Huesca, sin que de este pensamiento le hicieran desistir las graves dificultades que á cada paso so le presentaban para llevarlo á cabo. Despues do grandes penalidades en su marcha, logró al fin presentarse á las inmediaciones de Huesca el 16 de agosto de 1835, saliendo, contra lo que él esperaba, á recibirlo con gran contento el cabildo de la ciudad y una gran parte de los individuos de ayuntamiento. Diéronsc inmediatamente las correspondientes órdenes para el alojamiento y bienestar de las tropas, y era tal el estado de ánimo de los oscenses en esta ocasion, que Guergué, sin esfuerzo ni alarma do ningún género, recogió las armas de los nacionales, formó un alistamiento harto numeroso de los mozos útiles para las armas en la ciudad, y se apoderó de las cuantiosas alhajas de las comunidades religiosas que, en número muy considerable, habia en el convento de San Francisco, entregándolas al obispo de Barbastro, mediante inventario que hizo de las mismas el canónigo Cebollero.</p>
<p>En posesion Guergué de la ciudad de Huesca, se dirigió hácia Barbastro, en donde también entró sin resistencia alguna, encargando á Santocildes del mando de la provincia.</p>
<p>La espedicion de Guergué iba cada dia haciéndose mas numerosa, y mas temible por consiguiente á las tropas liberales. Espartero, que á todo atendia con presteza y valor inquebrantable, determinó, en vista de las escasas fuerzas de que disponía, y conociendo perfectamente la tendencia liberal de los aragoneses, acudir al patriotismo de estos, y en breve tiempo vié-ronse hasta 12,000 hombres de Zaragoza y Huesca alistarse á las tropas liberales, con el propósito firme, y al que jamás faltaron, de identificarse con el ejército, así en la prosperidad como en la desgracia. A los valientes Iribarren, Oráa y Meer, dió Espartero la difícil comision de oponerse á las respetables fuerzas de los invasores. Propúsose en primer lugar Iribarren impedir que la espedicion pasase el rio Ebro, y al efecto quiso dirigirse á Zuera; pero sabedor de-que los car-</p>
<p>listas se preparaban para atacar á Sadaba y á Egea, y temeroso de una derrota en los liberales de Sadaba, suspendió aquel movimiento hasta ver si llegaba la división de Buerens que ocupase al menos el camino de Tudela, é impidiese por lo tanto la marcha del ejército carlista. Habiéndose este dirigido despues en dirección al rio Gállego, voló Iribarren sobre Zuera, haciéndole sabedor en ol camino el valiente Mendivil, que habíase adelantado á reconocer los vados, que la vanguardia enemiga se hallaba on Arnarracos disponiendo las barcas para el paso de las tropas de D. Cár-los. Marchando estos en dirección á Huesca, dispuso Iribarren que el atrevido y malogrado brigadier don Diego León y Navarrete avanzase cuanto le fuese posible coa la mitad de la caballería, el provincial de Avila, dos batallones de Córdoba y uno de Almausa; pero por mas que esforzaron la marcha, no pudieron conseguir llegar á Huesca antes que las fuerzas enemigas. En la mañana de aquel mismo dia (24 de agosto do 1837), entró Iribarren en Almudevar, distante cuatro leguas do la ciudad de Huesca, en donde solo se detuvo el tiempo necesario para comer sus tropas.</p>
<p>Ya, como anteriormente hemos manifestado, habían entrado en Huesca á las once de la mañana del dia citado las tropas de D. Cárlos. Sabedor esto de la próxima llegada y de las intenciones de las fuerzas liberales, dispúsose á recibirlas en son de guerra, ocupando al efecto, como punto estratégico de gran consideración, un elevado cerro distante de la ciudad unos quinientos pasos, en el que está situada la ermita de San Jorge. El resto de sus fuerzas las dejó para defensa déla ciudad, menos cuatro batallones que formaron en la distancia que media entre Huesca y el escarpado cerro de que nos ocupamos. Así dispuestas las fuerzas carlistas, esperábase solo la llegada de los liberales para dar principio á uno de los combates mas sangrientos y feroces que tuvieron lugar entre aquellos dos ejércitos.</p>
<p>El coronel Mendivil, con unos veinte caballos, habíase adelantado desde Almudevar para csplorar el campo del enemigo. El jefe de estado mayor, general Moreno, dispuso que la caballería exenta de servicio se alojase, y la infantería acampara en la alameda que da entrada á la ciudad por la parte de Navarra; y el brigadier Urbiztondo, segundo jefe de estado mayor, ordenó, por el contrario, que pasase la infantería al lado opuesto y que despues se alojase, verificado lo cual se presentó á las dos de la tarde el infatigable Iribarren, que sin dar un momento de descanso, quiso cargar al enemigo con la caballería al galope.</p>
<p>La actitud decidida é imponente de los carlistas hizo desistir á Iribarren de su primitivo plan, adoptando, en cambio, el de que la infantería formase las primeras columnas de ataque, encargándose él mismo del mando de la columna de la izquierda, el brigadier Conrad del de la derecha, y de la del centro el brigadier Van-Halen. El pensamiento de Iribarren, al disponer de tal manera sus fuerzas, era presentar seis batallones de frente que obligasen á los carlistas á descender á la llanura, en donde la victoria era segura para los liberales, puesto que allí podia desemba-</p>
<p>E</p>
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