Página 71

Dos noches durmieron en el mismo puerto, hambrientos y mal abrigados, y cuando estuvieron en lo alto de aquellas encumbradas peñas, vieron con asombro que si la subida habia sido trabajosa, la bajadaeracasi imposible, porque no habia caminos. El hielo ora mucho, la nieve mas de una pica de alto, y los despeñaderos á cada paso. Todas estas dificultades vencieron, sinembar-go, D. Martin y los suyos; y por fin, descalzos, desuudos, hambrientos y casi muertos, llegaroná Oauterets, donde estuvo en poco que los naturales no les diesen muerte, que tal y tan grande era la irritación que contra los aragoneses tenían.

Los demás invasores que se habían retirado por el camino de Sallen, fueron desbaratados y perdidos hasta muy dentro de Francia por los del valle de Tena, que habían acudido á sus pueblos, deseosos de contribuir á la derrota del enemigo. En esta retirada fueron cogidos presos Francisco de Ayerbe, Dionisio Perez y el desgraciado D. Diego de Heredia, una de las figuras mas interesantes en aquella época tan azarosa para la vida do Aragón.

Acudid D. Alonso de Vargas con su gente al sitio de la refriega cuaudo ya estaba terminada; y como era persona discreta, y por todos conceptos quería ganarse el ánimo de los aragoneses, complacíase en publicar que á estos tocaba el mérito de la jornada y la satisfacción de la victoria. Así lo manifestó el rey, y á la ciudad de Huesca le decía en 21 de febrero lo siguiente: «Doy á V. S. la enhorabuena del buen suceso que habernos tenido en lo de aquí, como á quien le cabe tanta parte de él que puede muy bien tenerse por suya la victoria, con lo mucho que para salir con ella hicieron el capitan y gente de V. S., en que además demostrar el celo y fidelidad de V. S., valor y cristiandad, han ganado ellos la honra y faina que sus hechos merecen. Así lo he escrito á S. M., y esté V. S. con seguridad que habrá sido esta ocasion de tanta satisfacción á S. M., que, fuera de reconocerlo y agradecerlo á V. S., como es razón, será de mucho fruto para el bien general de este reino.» Por su parte, el rey escribió á Huesca y á otras ciudades la siguiente carta: «Amados y fieles nuestros, decía: por diversas relaciones, y particularmente por la del gobernador, he sabido vuestra voluntad en’la ocasion de la entrada de los luteranos por las fronteras de este reino. La demostración y buenos efectos clan bien á entender vuestro celo y -mi obligación á mirar por lo que os tocare, pues aunque el acudir á semejante caso era tan preciso y forzoso para vuestra quietud y bien de ese reino, os lo agradezco y estimo como solo servicio mió, de quo me queda gran satisfacción y memoria de vuestra fidelidad, que me ha sido siempre, y muy particularmente en esta ocasion, muy grata y acepta.»

Retiróse despues de esto D. Alonso de Vargas á Jaca, y desde allí escribió al rey pidiéndole órdenes sobre lo que debia hacer. Entre tanto, ya sea por iniciativa propia, ó ya, como es de suponer, porque tuviera instrucciones para tanto, determinó y llevó á cabo dos resoluciones, ele las cuales una causó no poco disgusto en los naturales del país, y la otra influyó, y aun podríamos añadir que influye en estos mis-

mos momentos en la suerte de toda aquella montaña.

Fué la primera derribar en elcondadodo Ribagorza, y en otros puntos cercanos ájaca, todosloscastillosy casas fuertes que tenían los parciales y amigos del duque de Villahermosa; y fué la segunda, con la mira ó el pretesto de fortificar los pasos mas peligrosos de Ins entradas de Francia, levantar varias torres en Hecho, en Ansó, en Canfranc y en Santa Elena, y en la ciudad do Jaca un castillo de mayor importancia, que gobernase á las demás fortalezas, y las proveyese de lo necesario en cualquier evento. Desde entonces Jaca, que tanto se habia distinguido antes por su iniciativa y su independencia en todas las cosas que tocaban á la.vida peculiar de Aragón, quedó sometida al poder de los oficiales clel monarca, y hoy es, y nosotros que nos preciamos de conocer un tanto aquella ciudad tan querida, podemos asegurar que 110 se ha levantado del forzoso abatimiento que le impone aquel castillo.

XLIII.

La contienda entre Aragón y Felipe II duró aun algunos meses despues de los acontecimientos que acabamos de narrar: el éxito estaba previsto, y los resultados no pudieron menos de ser terribles y sangrientos. Había tenido especial cuidado el rey, que en estas alteraciones procedió con mas prudencia y habilidad de lo que, dado su carácter^ habia razón de esperar, en aislar el movimiento y reducirlo pura y simplemente ála ciudad de Zaragoza. La entrada de los bearneses en el reino dió á su causa un prestigio que antes no tenia, y que acaso decidió del resultado de la lucha. España era entonces, y Aragón no se libraba de este mismo carácter , esencialmente católica y ardiente partidario ele la intolerancia religiosa. Cuando se vió, pues, que los que invocaban la defensa de los fueros y libertades del reino eran los mismos quo entraban acompañados de los bearneses, los cuales en su mayor parte pertenecían á la religión reformada, Felipe II debió alegrarse de este suceso, pues quo desde este momento la lucha, que antes habia sido política, y por decirlo así esclusivamente tradicional, tomaba ahora un carácter esencialmente religioso. En este terreno, la victoria era fácil adivinar que estaría de parte de Felipe II. Así hemos visto que todas las ciudades de Aragón, aun aquellas mismas quo, como Jaca, Barbastro y algunas otras mas favorables se habían mostrado á la causa aragonesa, en esta ocasion apresuráronse á ponerse en armas y á enviar refuerzos para, contener y castigar á los invasores.

Apagadas por completo estas alteraciones; so:”:: 1-dos los elementos de desorden, y habiendo reo: r . i el rey y la Inquisición un poder y autoridad — ^rimas ámplios que el que anteriormente? tuvieran, i -terminaron castigar con’inexorable seT?r: lid ¿- ? que, con mas ó menos fundamento, era- v: r: ~ :-

principales causantes de los pasados d-rS-:*rdr–rS- _ « castigos fueron muchos y crueles: las r^r:•- — _.-ragozano podían contener tan:a    ?-::<:: í 7 ra-

da uno de sus calabozos. Distin    :

punto á crueldad, el tribunal de la Inc

E

Capítulo 7.- Guerra de sucesión contra Felipe V | publicado por admin el Sunday 25 October 2009 a las 1:26 PM
Tags: ,

« AnteriorSiguiente »