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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Huesca &#187; 3.- Orígenes de la ciudad de Huesca</title>
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	<description>Historia, Geografía, Sociedad. Provincia de Huesca. Siglo XIX.</description>
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		<title>Página 16</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:56:15 +0000</pubDate>
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i.
Si es tarea nada fácil determinar los orígenes de im pueblo, esa dificultad crece seguramente, cuando .queremos tratar de la fundación y primeros pobladores de la ciudad de Huesca.
Los orígenes de este pueblo se remontan á una época tan lejana, que no ba sido hasta hoy&#8217;posible determinarlos de un modo exacto y preciso, por mas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (16).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">i.</p>
<p>Si es tarea nada fácil determinar los orígenes de im pueblo, esa dificultad crece seguramente, cuando .queremos tratar de la fundación y primeros pobladores de la ciudad de Huesca.</p>
<p>Los orígenes de este pueblo se remontan á una época tan lejana, que no ba sido hasta hoy&#8217;posible determinarlos de un modo exacto y preciso, por mas que los historiadores que de ellos se han ocupado hayan sido tantos y tan respetables, como grande era la importancia de que gozaba en los antiguos tiempos, la</p>
<p>ciudad de que nos ocupamos. Las divisiones geográficas que Plinio, Ptolomeo y algunos otros hicieron de nuestro territorio, colocando el primero en la Vasco-nia la región á que pcrtenecia la ciudad de Huesca, y suponiéndola, por el contrario, Ilergeta el segundo, vinieron á complicar mas y mas los varios y contradictorios juicios que sobre la situación de Huesca se habían hasta entonces emitido, mezclándose de este modo las tinieblas de la primitiva historia con la antigua geografía.</p>
<p>Necesario fué, y no á otra cosa se debe, en nuestro sentir, para resolver la cuestión geográfica, tomar un<br />
ORIGENES DE LA CIUDAD DE HUESCA</p>
<p>Y RESEÑA HISTÓRICA DE SU PROVINCIA.<br />
Armas y monturas de los romanos.<br />
término medio entre las afirmaciones de Plinio y Ptolomeo, y asentar como doctrina corriente, que entre los límites de aquellas dos regiones debia hallarse situada la ciudad de Huesca, no sin que haya sido escaso y poco considerable el número de los que afirman que esa ciudad, conocida en lo antiguo con el nombre de Osea, no es la Huesca de las faldas de los Pirineos, sino la Huesear de una de nuestras provincias de Andalucía; opinion que, como se podrá ver por el curso histórico de aquella ciudad, no tiene verdaderos fundamentos sobre que apoyarse.</p>
<p>II.</p>
<p>Detenernos en la esposicion de las varias y contradictorias opiniones que acerca de los orígenes de la</p>
<p>HUESCA.<br />
ciudad de Huesca han simplemente emitido algunos historiadores, y defendido otros con el calor y entusiasmo, que el escesivo y hasta ridículo amor á las glorias patrias acompañaba á la mayor parto de los historiadores antiguos, sería empresa, á la vez que sup rior á las condiciones de una crónica como esta, imposible de todo punto á nosotros, de llevarla á feliz termino.</p>
<p>Ocupándose una de nuestras modernas y mayores glorias literarias de los orígenes del reino de Arar:::, dice con toda oportunidad, que la crítica moderna, que tantas dudas históricas ha logrado resolver, r.: ha podido penetrar en este laberinto. La falsedad de algunos documentos, lo moderno de otrosjlo añadid: y viciado de los mas, nos obliga á considerarlos cora, lar :ne</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">E</p>
<p style="text-align: center;">
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		<title>Página 17</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:56:07 +0000</pubDate>
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deslumhra pero que 110 ilumina. ¿Quién presta fé á la antigüedad que se supone á los epitafios de San Juan de la Teña, computados por la era española, calculados en números árabes, y mencionando edificios que no existieron hasta siglos despues? ¿Quién la da á documentos notoriamente creados con muchos de posterioridad á su fecha, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (17).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">deslumhra pero que 110 ilumina. ¿Quién presta fé á la antigüedad que se supone á los epitafios de San Juan de la Teña, computados por la era española, calculados en números árabes, y mencionando edificios que no existieron hasta siglos despues? ¿Quién la da á documentos notoriamente creados con muchos de posterioridad á su fecha, cuando en ellos mismos encontramos huellas de mano imperita, confundidos los sucesos de diversos tiempos, los nombres y las épocas?&#8230; No puede escribirse la historia minuciosa de los reinos que se sujonen en la frontera francesa, sin hacer profundos estudios sobre el reinado de Carlo-Magno y Ludo-vico l&#8217;io&#8230; Basta dar el grito de alarma, prevenir el ánimo de los crédulos, llamar la atención de los estudiosos, y esperar que el tiempo y la casualidad descubran nuevos fundamentos para formar opinion segura.</p>
<p>Si esto dice Cabanilles sobre la dificultad de fijar con exactitud la fundación del reino de Aragón, mucho mas diría, seguramente, si tratase-de determinarlos primitivos orígenes de su poblacion.</p>
<p>La misión, por otra parte, de los que, como nosotros ahora, se proponen reducir á los menores términos pos bles laesposicion de. los orígenes de un hecho histórico cualquiera, tan antiguo y envuelto en la oscuridad como el de que nos ocupamos, no es ciertamente la de recrear su pensamiento y su pluma en ciertas afirmaciones que halagan la fantasía, pero que la razón y la crítica rechazan, puesto que en aquellas nobayotro fundamento que una adhesión completa á la tradición, un respeto que raya en lo supersticioso á las creencias religiosas, y un amor exagerado y ciego á las glorias nacionales: el historiador debe, por el contrario, no solo despojarse de todas esas preocupaciones, que le llevan irresistiblemente, si no al absurdo, á la falta de verdad en su narración histórica, sino hacer aplicación constante de una crítica filosófica y racional, con loque seguramente llegará al esclarecimiento de los hechos históricos, en&#8217;tanto cuanto le sea permitido al humanoentendimiento.</p>
<p>Por esto, cuando concretándonos á ios originales de la ciudad de Huesca, leemos en el Cronicon de Philipo B( rgomese y en las obras de Annio, Genebrardo, San Gerónimo, San Isidoro y otros historiadores antiguos, que Tubal, áquien llamaron Jobel, de donde tomaron su nombre los Jabeles, que mas tarde se conocieron con el de Iberos, fué el primero que pobló la provincia de que nos ocupamos y fundó, por consiguiente, la ciudad de Huesca; y vemos despues en Beuter, Garibay, Pineda y otros afirmar séria y terminantemente que Tubal aportó al cabo de Creus con sus naves, sus caballos, sus carneros y otros animales de diferentes especies, dirigiéndose mas tarde con su gente y variadas mercancías á tomar posesion del terreno que hoy comprende la provincia de Huesca, jardín frondoso y el mas ameno del mundo que el justo \oé cedió á Tubal en premio de su valor y constancia, la sana razón, decimos, no puede menos de remontarse á los tiempos patriarcales, considerando el fundamento poético de gratuitas aseveraciones; pues aun dado el hecho de la llegada de Tubal álas costas c atalanas, seria raro, cuando menos, que siendo el primer poblador de España, á tantas leguas se alejase de sus naves para fijar su re-</p>
<p>sidencia, y precisamente en uno de los puntos d&gt;&#8211;l Pirineo, no, en verdad, de los mas favorecidos por las dul zuras del clima y por las bellezas de la naturaleza. Cuando vemos igualmente en Estrabon, corroborando esas mismas aserciones, que á Tubal se le llamó Tari-acón (hombre dado á tratar en ganados), para esplicar de este modo la importación do los numerosos rebaños, que hizo Tubal en España, y lo abundantes que en todos tiempos han sido aquellos en los montes Pirineos, y leemos en Beroso y otros historiadores que el nombre de Pirineos quiere decir tanto como montes encendidos de fuego, porque quemando los pastores en cierta oca-sion las malezas de estos montes para dar paso á sus ganados, se levantó un fuerte viento que incendió todo el monto; cuando vemos, en fin, en el mismo Beroso y otros autores, que en su afande buscar analogías entre los nombres de Celtiberia y de Tubal, dicen que en un principio se dió á aquel país el nombre de Celtubalia, ó Celtubalia, que, quiere decir Celtes de Tubal, espli-cando de este modo la costumbre de dar á un país ol nombre de quien lo descubre ó puebla por primera vez, la crítica y la razón, repetirnos, no pueden menos de hacer caso omiso de tales afirmaciones, y do negar, si sériamentese les preguntara, la verdad de aquellos hechos. .</p>
<p>La única esplicaciou, algún tanto racional, que puede darse sobre que esta parto cíe España fuese poblada antes que ninguna otra do la Península, debería fundarse en el género de vida que naturalmente debieron tener los primeros pobladores, y las condiciones geológicas del terreno. No conocida la agricultura apenas en aquel tiempo; completamente ignoradas las artes y la industria; desconocida la arquitectura; monos habitables los puntos mas bajos de nuestro escabroso suelo que los mas elevados, por la mayor esten-sion que debian naturalmente tener los cauces de los rios, á causa del menor número de elevadas sierras, y la mayor esposiciou, por consiguiente, á las grandes, inundaciones, por entonces mas frecuentes y temibles; y entregado, sobre todo, el hombre á la caza y á la pastoría, todo esto, decimos, puede en cierto modo inclinarnos á creer que las elevadas montañas de los Pirineos fuesen, antes que los demás puntos de España, ocupadas por los primeros pobladores: pues en ellas con mayor facilidad encontrarían parajes que sustituyeran la falta de arquitectura, y ocupacion pronta y constante en la clase de trabajos á que podían dedicarse.</p>
<p>Posible es también que, andando el tiempo, estos-pueblos se pusieran en comunicación inmediata con los que, dedicados únicamente á la pesca, habitaban en las costas y en las márgenes del Ebro, llamándose todos, sin escepcion, iberos; que estos, mas tarde, entablaran relaciones mercantiles con los pueblos del otro lado de los Pirineos, estendidos. por la región de las Galias: que el nombre do galos, con que á estos pueblos seles distinguía, fuese, como dice Julio César, lo mismo que celtas y que despues, mezclándose unos con otros, formasen un solo pueblo con el nombre de Celtiveria, dándose razón con esto de los muchos nombres celtas que aun se conocen en el reino de Aragón, como Briga, pueblo, ciudad, y de aquí Segobriga,</p>
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<p style="text-align: center;">E</p>
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		<title>Página 18</title>
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LAGASCA
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<p style="text-align: center;">LAGASCA</p>
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		<title>Página 19</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:54 +0000</pubDate>
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Ballabriga, etc.; Patio, faro, faaal (griego); Singa einea); Ausetania, de tañía (región), etc.; pero todo esto, repetimos, no serian mas que apreciaciones individuales, hechas ante la necesidad de darse una e.s-plicacion cualquiera de aquellos hechos, que siendo de gran consideración, se hallan envueltos en las tinieblas de la antigüedad.
III.
Apoyándose en la etimología de las palabras, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (19).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">Ballabriga, etc.; Patio, faro, faaal (griego); Singa einea); Ausetania, de tañía (región), etc.; pero todo esto, repetimos, no serian mas que apreciaciones individuales, hechas ante la necesidad de darse una e.s-plicacion cualquiera de aquellos hechos, que siendo de gran consideración, se hallan envueltos en las tinieblas de la antigüedad.</p>
<p>III.</p>
<p>Apoyándose en la etimología de las palabras, quié-reseasimismo dar razón de la venida mas tarde de los griegos, desde Sicilia y Mediodía de la Italia, para ocupar la España, fundando pueblos y dando nombre á los montes y á los rios; no dejando de notar, los que tratan de defender esta Opinión, que en I03 llanos y en las faldas de los Pirineos, en donde mas abundan los nombres griegos, todos son del dialecto dórico, precisamente el dialecto que hablaban los sicilianos y sus vecinos del continente inmediato.</p>
<p>Para admitir como cierta esta opinion, deberia notarse antes que sus mas ardientes sostenedores suponen la venida de los celtas á España unos 1,800 años antes de Jesucristo, y la de esas otras colonias griegas unos 900 años antes de Jesucristo, debiendo, por lo tanto, conservarse esas palabras sin alteración, ni en sus letras ni en su significado, unos 3,700 años, y á través de dominaciones tan completas y prolongadas como la de los romanos y sarracenos, y tantas otras, que aunque no tan violentas y totales, han, sin embargo, cambiado en gran parto la manera de ser de de nuestro codiciado suelo.</p>
<p>No se crea por esto que nosotros tenemos como cosa de todo punto imposible, el que pueda conservarse el nombre dado á una cosa sin alteración en sus letras y en su significado por espacio de &#8216;treinta y seis siglos y á través de tan largas y completas dominaciones; pero auto la dificultad que esto ofrece en el | caso á que nos referimos, y la posibilidad de haberse ! dado á las cosas esos nombres, que parecen celtas, en épocas posteriores á la supuesta existencia en nuestra Península de aquellos pueblos, débese, al menos, poner en duda semejantes afirmaciones.</p>
<p>Ni basta para probar lo contrario lo que dicen, entre otros, un historiador moderno d;l reinó de Aragón, de que las palabras columpiarse, patear, pandero y otras, siendo griegas en su origen, las empleamos nosotros sin que hayan sido conocidas, ni por lo mismo alteradas, entre los latinos ni otros pueblos que han también ocupado largos siglos nuestro territorio; queriendo hacer ver con esto, que por cima de esas dominaciones han pasado, siu alterarse, por tanto, hasta nosotros, aquellas palabras; pues á ello opondríamos, ademas de lo que acabamos de manifestar, el uso frecuente de palabras nuevas, tomadas por lo general de las lenguas primitivas, para darlo á modernas ciencias, á nuevos inventos, y á todo género de cosas desconocidas en anteriores tiempos.</p>
<p>Lo mismo exactamente podíamos decir acerca de las varias opiniones emitidas sobre el Origen de la palabra Huesca. Y es de notar, por lo estraño, que no hayamos encontrado en ninguno de losautoros. que para ¡<br />
nuestro pobretrabajo hemos consultado, uno siquiera que haya tratado de buscar analogías entre la palabra Huesca y el nombre de Tubal ó de algún otro de sus contemporáneos.</p>
<p>Pretenden algunos, contra la opinion del canónigo Tarassa, quo el nombre de Osea dado en lo antiguo á la ciudad de Huesca, com &gt; puede verse por sus medallas y por sus armas, trae su origen de Oseo Betulo-nease, dueño y 3eñ&gt;r de inmensos territorios en España, y que tuvo largo tiempo su residencia en la ciudad de Huesca, por los tiempos de Romo, 22.° rey de España, allá en los años, según Garibay, de 1400 antes de Jesucristo. Quieren otros hacerlo deribar de Li-ciuio Caco, 25.° rey de España, hombre nada probo y de preversás costumbres, arrojado do España por Pa-latico, eu los años 1300 antes de Jesucristo, según Ensebio y Juan Gerundense en su Paral i pomo non de Ur-bikus Hispanice ante Herculis advenía, sin que se dé olra razón del cambio do letras y de sonido de aquella palabra, que Osea quiere decir Os caci; opinion que combatiendo Floriaa do Ocampo, dice que la ciudad era ya conocida con el nombre de Osea mucho antes de que existiera Licinio Caco. De la palabra hebrea IIosc, que significa eludid sombría, pretenden otros, menos dados á buscar el origen de esos nombres en el de algún importante personaje, hallar la etimología de aquella palabra; y otros, en fia, sostienen, corno el célebre cronista D. Diego Ainsaé Iriarte, no fijándose en el nombre Osea con que en lo anticuo se conoció esta ciudad, y aten liendo solo al de Huesca con que hoy so le conoce, que esta palabra Huesca viene d • su omónima muesca, por hallarse á tres leguas de esta ciudad una gran peña con una hendidura ó muesca, por la que pasa el rio Flumen.</p>
<p>Guan lo en tan gratuitas suposiciones vemos apoyarse todos estos cronistas para esplicar los orígenes del nombre y de la ciudad de Huesca, nosotros, no alcanzando lar izoa de aquellas afirmaciones, preferimos confesar nuestra ignorancia, á lanzar conjeturas y asentar peregrinas aserciones, que no otra cosa debieron in ludablemente hacer los pocos escritores que, ocupándose de este asunto, hemos tenido ocasion de consultar. Sentimos, y el lector lo comprenderá fácilmente, hacer tan ingénua., aunque triste confesión, y tener que resignarnos á la duda y á la impotencia; poro no otra&#8217;cosa nos es hoy posible, ante la oscura y nebulosa noche de los primitivos tiempos f y ante la imposibilidad material de que hagamos, para esta publicación, un minucioso registro y detenido estudio de todos los manuscritos y documentos que se conserven sobro este punto, en los archivos y bibliotecas.</p>
<p>1Y.</p>
<p>Viniendo, pues, á los últimos tiempos délos fenicios en España, encontramos, naturalmente, mayor número de datos acerca de la ciudad de Huesca , si bien no tantos y tan auténticos, que podamos dar por cierto la existencia en aquel tiempo de esta ciudad.</p>
<p>En la historia que del monasterio de San Juan de la Peña escribió el abad D. Juan Briz Martínez, dícese que</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">E</p>
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		<title>Página 20</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:47 +0000</pubDate>
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los fenicios, pueblo libre y esencialmente industrial, llegaron á establecerse en los montes Pirineos en busca de los preciosos y abundantes metales que en los mismos se encontraban, fundando ó engrandeciendo la ciudad de Huesca, centro de grandes riquezas, por las enormes cantidades de oro y plata (anrum oscense et argentnm oncease), tan codiciadas del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (20).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">los fenicios, pueblo libre y esencialmente industrial, llegaron á establecerse en los montes Pirineos en busca de los preciosos y abundantes metales que en los mismos se encontraban, fundando ó engrandeciendo la ciudad de Huesca, centro de grandes riquezas, por las enormes cantidades de oro y plata (anrum oscense et argentnm oncease), tan codiciadas del pueblo romano. De la misma opinion es igualmente Gaspar Esco-lano, pero uno y otro relacionando el descubrimiento de todos estos metales, con el incendio de los montes por los pastores de que ya hemos hablado, á cuyas llamas derritiéronse los minerales y corrieron como torrentes de lava.</p>
<p>Descartando todo este último relato, que nos recuerdan los tiempos fabulosos de Grecia, no parece destituido completamente de fundamento que los fenicios, estableciéndose en España, fundaran la ciudad de Huesca. Pueblo el fenicio tan mal avenido con el sistema inmovilizador de las castas, ni con la servidumbre de los imperios despóticos de la Arabia, y dado esclusivamente á la industria y al comercio, nada tendria que extrañar que en busca de metales preciosos se dirigieran á los paises montañosos, que se fijaran principalmente en los Pirineos , que lo son en mas alto grado que ningún otro de España, y que fundaran la ciudad de Huesca, tan codiciada y respetada mas tarde por los romanos, á causa de sus inagotables minas de plata y oro y del valor invencible de sus habitantes.</p>
<p>Pero ante el silencio de Yaleyo Patérculo sobre este punto, al ocuparse en la historia romana de la colonización de los fenicios en España, ante la absoluta carencia de datos en Herodoto, Strabon y otros célebres historiadores.antiguos y modernos, acerca del mismo asunto, la afirmación del abad Juan Briz, como la de Gaspar Escolano, hablando de los orígenes de Huesca, no viene á ser, repetimos, otra cosa que una de tantas opiniones, mas ó menos fundadas, que emite el historiador, sobre aquellos hechos, que como este, envuelve en sus tinieblas la noche de los tiempos.</p>
<p>Insistiendo el arzobispo de Tarragona D. Antonio Agustin, en que la época de la dominación fenicia en España no terminó sin que existiese, y con algún esplendor, la ciudad de Huesca, dice en su Libro de Medallas, que la moneda fabricada en Huesca en tiempo de los cartagineses, llevaba en la cara la efigie de los diferentes señores que la gobernaban, y en el reverso el escudo que representaba en pasados tiempos las armas de esta ciudad.</p>
<p>Este escudo le formaba un caballero, armado de todas armas, sobre un caballo sin silla ni freno, asido con una mano á las crines del caballo, y llevando en la otra una lanza enristrada. Sobre el escudo del caballero se ve la muesca, ó hendidura de que hemos hablado anteriormente ocupándonos de la etimología de la palabra Huesca, hallándose el caballero y el caballo en actitud de acometer: alrededor del escudo léese un rótulo que dice oris vietrix osea, como puede verse en la presente lámina, que seria, como quiere el mencionado arzobispo, un dato de gran consideración, si por aquel tiempo se usara ya en España la lengua latina.<br />
De todos modos, en los tiempos de la dominad 13 cartaginesa (238 años antes de Jesucristo), es indudable que se fabricaban monedas en Huesca, llevando en el reverso el mencionado escudo, y representando en su inscripción, en esta ó en otra lengua, la importancia que ya tenia esta ciudad. Y muévenos á creer esto principalmente, el renombre que en la época de la. invasión romana (200 años antes de Jesucristo) alcanzaron los oscenses, que con tal noubre eran por entonces conocidos; renombre é importancia que no es fácil comprender alcanzara esta poblacion, en el corto período de la dominación de los cartagineses, ocupados-incesantemente en sus sangrientas luchas contra los romanos.</p>
<p>V.</p>
<p>Asentada, pues, la fundación de Huesca en los últimos tiempos de los fenicios, ó primeros de la dominación cartaginesa (238 antes de Jesucristo), hasta cuya época nada cierto puedie afirmarse acerca de la existencia de esta ciudad, veamos la consideración que en íos inmediatos tiempos de la invasión romana, y posteriores á esta, alcanzó la histórica y vencedora ciudad de Huesca.</p>
<p>Hallábase dividida la España en tiempo de la dominación romana, en citerior, que comprendía toda la costa septentrional, desde el cabo de Finistcrre hasta la embocadura del rio Duero, y desde los Pirineos hasta el cabo de Gata; y en España ulterior, que era la parte bañada por el rio Anas (hoy Guadiana), al Norte y Poniente del mismo rio, estendiéndose hasta el golfo de Cartagena, y quedando laLusitania, que pertenecía á esta última parte, como independiente, regida por gobernadores particulares.</p>
<p>El estado floreciente en que en los últimos tiempos do los cartagineses se hallaba la España, alentaba mas y mas á los romanos para apoderarse de tan rica y fértil comarca.</p>
<p>Las inagotables minas de oro y plata que en su centro se ocultaban; el buen estado de su agricultura, y el dulce clima que en todo su territorio se disfrutaba, eran otras tantas causas que impulsaban incesantemente á los romanos á la conquista de nuestro suelo, haciéndose con esto mucho mas tenaces y crueles-las memorables batallas de las guerras púnicas. -</p>
<p>Aunque el resultado de estas fué la dominación general de los romanos, no por esto puede decirse que llegara á ser total y completa la sumisión de España, al pueblo rey: ni era posible otra cosa, dada la crueldad y bárbaro despotismo con que se conducían los gobernadores romanos. Por eso nuestro sucio, durante aquella dominación, fué teatro de sangrientas luchas, en las que se distinguió, sobremanera, la provincia, de que nos ocupamos.</p>
<p>Al ser desterrado á España Quinto Sertorio por disposición del dictador Sila, y nombrado caudillo do Ios-mal avenidos en nuestro territorio con las crueldades de los pretores romanos, fijó principalmente su residencia en la ciudad de Huesca, en donde fundó, como mas adelante tendremos ocasion de ver, la tan famosa universidad sertoriana. Este solo hecho habla muy</p>
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		<title>Página 21</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:40 +0000</pubDate>
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alto en favor de la importancia que ya gozaba estaciu- j dad, pues sabido es que el pensamiento del valiente eapitan Sertorio, era educar convenientemente la juventud para el gobierno, no solo de España, sino también de Roma, que basta tal punto tenia Sertorio confianza en sí mismo, y en los habitantes de aquella provincia, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (21).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">alto en favor de la importancia que ya gozaba estaciu- j dad, pues sabido es que el pensamiento del valiente eapitan Sertorio, era educar convenientemente la juventud para el gobierno, no solo de España, sino también de Roma, que basta tal punto tenia Sertorio confianza en sí mismo, y en los habitantes de aquella provincia, para alcanzar una victoria completa sobre los romanes. ¡Ignoraba que este pueblo, cuando no vence en buena lid, apela al asesinato!</p>
<p>Entre las sangrientas luchas que Sertorio, al frente de los celtíberos, sostuvo contra los romanos en la España citerior, y que tuvieron lugar dentro del radio que hoy comprende la provincia de Huesca, merece citarse, por la completa victoria que valió á los celtíberos, laque sostuvieron estos contra Domicio y Lucinio Manlio, en la que, según Plutarco, quedaron en el campo hasta dos mil romanos; siendo igualmente notable la no menos cruel ganada contra el viejo Motel ó Pió en Lacobriga, costando á los romanos innumerables víctimas.</p>
<p>Estas victorias, que valieron puede decirse á Ser-torio el absoluto mando de la España, engrandecieron preferentemente la ciudad de Huesca. Instituyendo en la Península una república mista de romanos y naturales, la dividió en dos provincias: Lusi-tania la una, cuya capital y residencia del Senado fué Evora, y Celtiberia la otra, capital 0-scá (Huesea), en donde estableció su escuela, llamada después universidad sertoriana, para educar á la juventud en las letras clásicas y en la mejor manera de gobernar los pueblos, á usanza de Roma.</p>
<p>De eterna y grata memoria será en España, y principalmente entre los oscenses , el nombre del valeroso Sertorio, por mas que alguno haya querido tratarle de embaucador ambicioso, por hacer creer á los sencillos españoles que se comunicaba con los dioses por medio de una cierva. Su aspiración á la independencia y libertad de su patria adoptiva, que procuró de todos modos hacerla entender á los españoles, y por la cual le fueron estos mas afectos y devotos, no se vió ni un momento desmentida. Lejos de esto, cuando Mitlirida-tcs solicitó su alianza para acabar con Roma, despues de la conquista de Laurona y Contribias, ciudades romanas arrancadas por Sertorio de las manos del Gran Pompeyo, rechazó tan halagüeñas proposiciones, sin otra escusa que el peligro que correr pudieran los pueblos á él sometidos, y un recuerdo generoso de fidelidad á la causa de su patria. Limitóse , por lo tanto, á sostener la independencia de España, y en cambio el vil é inepto Metelo pregonaba en alta voz su cabeza. Encargándose al fin el traidor puñal de Perpcna de arrancar cruelmente la existencia al valeroso caudillo, la guardia sertoriana de devotos españoles, no pudiendo sobrevivir á su jefe, se dieron todos la muerte : ¡castigo horrible é inmediato á la traición de Pompeyoyde Perpena, y ejemplo á la vez de fidelidad, no repetido en la historia, en la guardia sertoriana!</p>
<p>Asesinado Sertorio, muerto alevosamente mientras dormia el pastor Viriato; destruida Numancia; bárbaramente asolada por Pompeyo la ciudad de Calahorra, España dobló su orgullosa frente al poder de los romanos &#8216; 200 años antes de Jesucristo).<br />
VI.</p>
<p>Conservaron, sin embargo, tales recuerdos los romanos del valor de los oscenses, que varios historiadores, entre ellos Plinio y Sículo, ocupándose de la ciudad de Huesca, afirman , no sin grande admiración, que ningún pueblo de España era para los romanos de mas respeto y veneración que la Osea de los celtíberos. La memoria de Sertorio; el raro ejemplo de fidelidad de sus devotos españoles; el haber aquel famoso caudillo elegido á Huesca por su habitual residencia y por capital de la España citerior; la fundación en la misma de la célebre universidad; la tenaz y encarnizada guerra, mas tardo, entre César y los lugartenientes de Pompeyo, Varrox, Apiuraoy Petreyo, que dió al primero una victoria decisiva y completa sobre el terrible partido de los pompeyanos, todo esto era para el pueblo rey un recuerdo eterno de admiración y respeto.</p>
<p>Cuantos privilegios, honores y deferencias se concedían á los romanos, otros tantos se dispensaban á los ciudadanos oscenses, y esto viene á confirmar lo que refiere el célebre Abad Martínez sobre el privilegio que tenian los ciudadanos de Huesca de poder usar el anillo como los senadores romanos.</p>
<p>El título de Urbs (ciudad) que en las medallas oscenses permitían los romanos, confirma también lo que dice Plinio; pues aquel título, como afirma igualmente Quintiliano, lo dieron los romanos á muy pocas poblaciones. El dispensar, como nota el arzobispo de Tarragona I). Antonio Agustín, á los oscenses de que pusieran en sus monedas un buey uncido en señal do sumisión á Roma, como se ve en las monedas de Zaragoza, Calahorra, Merida y otros pueblos, es igualmente una prueba irrecusable de las deferencias y prero-gativas que á esta ciudad concedieron los romanos. El mismo arzobispo dice haber visto una medalla del emperador Augusto que representa en uno de sus lados la cabeza de este emperador coronada de laurel, con las palabras AÜGUSTUS DIYI. F., y en el otro lado á un hombre á caballo con una lanza, y estas palabras: U. Y. OSCA; añadiendo igualmente que poseía una medalla con una efigie que debia representar á Augusto, teniendo escritas en un \ado las letras URB. YICT. y en el otro un hombre á caballo con una lanza y con el nombre de la ciudad de Huesca, y otra moneda ademas que conservaba de Tiberio César, con las palabras TI. CvESAR AUGUSTUS, y estasotras URBS. YIC. OSCA. D. D., cuyas dos últimas iniciales, según Yalerio Probo, pudieran interpretarse Diis dan-tibws.</p>
<p>D. Francisco Diego de Ainsa y de Iriarte, de quien tomamos la mayor parte de todos estos datos, dice haber entregado á D. Martin de Bolea y Castro, señor que fué de las varonías de Siétamo y Clamosa, una moneda del tamaño de un real de plata con la efigie en un lado de Augusto Cesar, y un rótulo que decía AUGUSTÜS C/ESAR PATER PATRLE, y en el otro un caballero armado de lanza sobre un caballo y la inscripción de URBS YICTRIX OSCA.</p>
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		<title>Página 22</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:33 +0000</pubDate>
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Pesado y prolijo en estremo seria nuestro trabajo si hubiéramos de detenernos en la descripción de las infinitas clases de monedas que en-los tiempos de la dominación romana se fabricaron en la ciudad de Huesca, y que aun hoy so conservan en gran número, por los ainautos de las glorias de su patria.
Se ha dicho, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (22).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">Pesado y prolijo en estremo seria nuestro trabajo si hubiéramos de detenernos en la descripción de las infinitas clases de monedas que en-los tiempos de la dominación romana se fabricaron en la ciudad de Huesca, y que aun hoy so conservan en gran número, por los ainautos de las glorias de su patria.</p>
<p>Se ha dicho, aunque con bastante exageración, que &#8220;la moneda oscense circulaba profusa y preferentemente por todo el mundo conocido entonces, y á fé que en esto muchohabrá de exactitud.&#8217;Aun hoy los habitantes de la provincia de Huesca conservan un recuerdo fantástico y seductor á dos célebres minas de las que sus ascendientes estrajeron cantidades inmensas de plata y de oro para fabricar su codiciada moneda, y ese recuerdo es, como hemos dicho, seductor hasta el estremo, de que aquellos habitantes se dirijen con frecuencia á los sitios en que las minas se encuentran, queriendo arrancar la enorme costra con que los siglos las han cubierto, y registrar sus insondables cavernas para encontrar cu ellas los riquísimos filones de plata y oro que fueron en pasados tiempos la admiración del mundo.</p>
<p>He estas riquezas sin cuento, los romanos dicho está que se aprovecharon, al ser dueños de la España, con la avaricia y desmedida ambición con que les distingue la historia. Incansable este pueblo en sus conquistas, é insaciable en su deseo de ostentación y riqueza, atesoró on la ciudad iumortal fabulosas sumas de aquellas monedas.</p>
<p>Ocupándose Tito Libio de los despojos de guerra llevados á Roma por sus invictos guerreros, dice, re-firiéndose á 1a, ciudad de Huesca, que entraron en Roma para festejar los triunfos de Quinto Minucio, Porcio Ca-tou, Marco Helvio y varios otros capitanes, hasta 121,438 libras de plata. En otro lugar, dice&#8217;el mismo Tito bivio, hablando del triunfo en España de Quinto Fulvio Flaco, que llovó á Ruma 124 coronas de oro, nombre dado á cierta moneda oscense, y hasta 163,200 monedas de oro, marcadas todas en Huesca. Varios otros pasajes de este mismo historiador pudieran citarse sobre monedas de Huesca, viniendo toio3 á ensalzar las grandes riquezas que se encerraban en esta ciudad, y la gloria de que creían revesti¿-so los capitanes romanos, cuando á su entrada triunfal en la ciudad eterna, presentaban monedas procedentes de la vencedora ciudad de Huesca.</p>
<p>Los historiadores Julio César y Plutarco, ocupándose asimismo de la importancia y supremacía que en tiempo de los romanos, y hasta la caída de esta ciudad en poder de los árabes, gozaba la invicta Huesca, la llamaban «la ciudad grande, populosa y noble, según Plutarco; y la primera en importancia, según Julio César, de las ciudades de España.»</p>
<p>VIII.</p>
<p>Una segunda época de dominación viene despues á atravesar la España por espacio de mas de tres siglos ioLimación goda desde 400 años despues de Jesu-</p>
<p>cristo, hasta 711), en la cual viene á representaren la historia particular de España un papel importantísimo la provincia de que nos ocupamos. Durante la época romana, la provincia y ciudad de Huesca, como hemos manifestado aunque de una manera rápida é incompleta, fué correspondiendo al espíritu esencialmente guerrero del pueblo que la invadía, tenaz y en estremo belicosa, hasta imponer miedo y respeto alfe-roz pueblo romano. En esta otra dominación de que vamos á ocuparnos, durante la cual el cristianismo triunfa de la religión pagana, la provincia de Huesca debia guardar las armas que tan brillantes victorias había conquistado, y recogerse en cambio al estudio y meditación de la buena nueva que anunciaban los apóstoles.</p>
<p>Este cambio en la conducta del pueblo oscense, guerrero infatigable contra la dominación romana, simple espectador en la invasión de los godos, esplíca-se en este pueblo mas satisfactoriamente que en los restantes de España que procedieron de igual manera, atendido el carácter y costumbres do los habitantes del Pirineo. Entretanto que los emperadores romanos respetaron la libertad individual do aquellos moradores, aunque se hallasen civilmente sometidos al poder del pueblo rey; mientras la ciudad de Huesca, como las demás de la Península, fueron objeto de toda clase de deferencias y consideraciones por parte de los romanos, visitándola el mismo Augusto, fundando en ella varias colouias de gran consideración, poniendo áraya los desmanes de los gobernadores, abriendo grandes vias de comunicación en el interior, y concediendo privilegios á muchas ciudades, y honrando á muchos españoles; mientras los emperadores Trajano, Adriano, Antonio Pió, Marco Aurelio y varios otros se cuidaron de la prosperidad y grandeza de la provincia dé España, y podía la ciudad de Huesca poner orgullosa é impunemente aquellas inscripciones:</p>
<p>VICTOREE AUG. L. CORNELITJS. PHOEBUS.</p>
<p>L. SERGIUS. QUINTILIUS SEVIRI. AUG. D. S. P. F. G.;</p>
<p>mientras la juventud oscense,&#8217; amante de la instrucción, iba á Roma, á la vez que por frecuentar las doctísimas escuelas que en ella habia, por recibir home-nage y ovacion de los magnates de la gran ciudad, la provincia de Huesca, decimos, sobrellevaba la dominación romana, si bien dando muestras de su carácter independiente y altivo, siempre que los romanos intentaron humillarla.</p>
<p>Pero llegó un tiempo en que se debilitaba visiblemente la autoridad imperial; en que se desarrollaban de un modo increíble los instintos de rapacidad y ambición de los poderosos; en que los siete pretores, cada cual en su respectiva provincia, empezaban á ejercer un dominio despótico y absoluto, tratando solo de convenir en riqueza propia la general y extraordinaria quep&lt;r este tiempo tenia la Península, y entonces, la nacio:i entera, que mucho tiempo hacia suspiraba por su libertad é independencia propia, para gozar tranquila</p>
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		<title>Página 23</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:27 +0000</pubDate>
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de la calma y bienestar que su fértil suelo y asiduo trabajo en él invertido pudiera proporcionarle, vió con honda pena, pero ahogada en su corazon, la conducta inhumana y cruel de aquellos pretores, no haciendo otra manifestación, ni teniendo otra esperanza que nuevos pueblos, mas potentes que el romano, la libertasen de tan pesado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (23).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">de la calma y bienestar que su fértil suelo y asiduo trabajo en él invertido pudiera proporcionarle, vió con honda pena, pero ahogada en su corazon, la conducta inhumana y cruel de aquellos pretores, no haciendo otra manifestación, ni teniendo otra esperanza que nuevos pueblos, mas potentes que el romano, la libertasen de tan pesado yugo.</p>
<p>La provincia, sin embargo, de que nos ocupamos, y otras limítrofes á la misma, menos sufridas que las restantes de la Península, preparábanse ya á nuevos disturbios y graves trastornos, organizando al efecto vastas conspiraciones, que acabasen con el orgullo y despotismo de los pretores romanos. La ciudad de Huesca, especialmente, conservaba un recuerdo, al par que religioso, irascible, de la muerte de Sertorio; y á pesar de conocer su impotencia para con los romanos, preparábase, no obstante, á continuar el pensamiento atrevido de su gran caudillo Quinto Sertorio.</p>
<p>Pero en este tiempo empiezan las invasiones de los pueblos bárbaros, y á estos encomienda la España entera la venganza de los ultrajes á ella inferidos pollos señores romanos, prestándose en cambio á la obediencia y completa sumisión de los pueblos invasores.</p>
<p>Los alanos, en efecto, recorriendo la Galia, se encaminaron aquende los Pirineos, á las órdenes de su rey Ataco, y ocuparon la Lusitania y parte de la Cartaginense. Los vándalos, al frente do Genserico, despues de asolar la Italia y las Galias, pasan igualmente los Pirineos y so fijan en la Bítica; y los suevos; en fin, bajo su rey Hermaurico, y confundidos con los vándalos y alanos, entran también en España, estableciéndose en la provincia de Galicia, que llegaba entonces hasta el rio Duero y Pisuerga, en donde fundaron la famosa monarquía que ciento cuarenta años después hábia de ser destruida por el fanático y bárbaro Leovigildo.</p>
<p>Así ocupada la España por los pueblos do la Tartaria, del Báltico y del Danubio, la provincia do Huesca vino poco despues, en 114, á ser ocupada por Ataúlfo, jefe de los visigodos, quien luego do haber tomado asiento en la Galia meridional, apoderándose do la Narvonen.se, atravesó con sus invencibles guerreros los Pirineos orientales, invadió toda la España Tarraconense, se apoderó de esta, fijó en Barcelona su asiento, y dió principio en España la monarquía visigoda.</p>
<p>IX.</p>
<p>Oscura, mas que ninguna otra, es esta época do nuestra historia. Hasta el reinado de Recaredo (517), en que se abre, con su conversión á la fé por las exhortaciones de San Leandro, una nueva era en la monarquía visigoda, la historia de la provincia de Huesca, como de las restantes de la Península, se reduce solo á intrigas palaciegas que daban siempre por resultado una sorda, pero inhumana y horrible lucha entre los aspirantes al trono, concluyendo las mas veces por el as-;:nato do un hermano á otro hermano, de un padre á su hijo. Tribu nómada y salvaje los visigodos hasta Teodoredo. en que se convirtieron en nación, en Esta i j. y empeñados ademas en sangrientas guerras, nr.ss veces contra los romanos, como en los tiempos de<br />
Teodoredo, otras en favor de los romanos, como en lo? tiempos de su padre el sagaz Walia, y constantemente en lucha abierta con los vándalos, suevos y alanos, el pueblo oscense, como los demás de España, no otra cosa hizo que presenciar las luchas, mas que de la nación, de las familias que ambicionaban el trono, gozándose sin duda en ellas, porque le proporcionaban libertarse del despotismo y altanería de los pretores-romanos.</p>
<p>Desde la conversión, como decíamos, de Recaredo al cristianismo, en cuyo importante hecho los visigodos se unen con los españoles, hasta entonces separados por la cuestión religiosa; en que se introduce en el gobierno del Estado la nueva claso de los obispos, que habia en breve de destronar á Suintila, en recompensa de haber por completo arrojado de España á los: imperiales, y que debia mas tarde desempeñar un papel, bajo muchos conceptos importantísimo, en la gobernación del listado; y en que, por último, los concilios se convierten en comicios ó consejos nacionales, donde á la vez se fijaban los cánones de la disciplina eclesiástica y las leyes civiles del reino, la manera de ser de la Península, y los hechos que en ella tienen lugar, cambiaron casi por completo. Las cuestiones que hasta entonces habian tenido un carácter general é indefinido, desde ahora, gracias á haber Leovigildo afianzado en su familia la dignidad real, y héchosc único rey de la Península española, se concretan esclusivamente á los arríanos y á los católicos, llevando estos sobre los otros la gran ventaja de que fuese su religión eficazmente recomendada á Recaredo por su padre Leovigildo. El Concilio III de Toledo (589), el mas solemne y el mas importante y trascendental de los que por entonces se celebraron en el Occidente, y on«cl que Recaredo abjuró la religión arriana para abrazar la católica, estableciéndola como única religión del Estado, determinó ya las vagas y nada concretas luchas que hasta entonces se agitaban, no quedando ya otro medio que,óser arriano, ó ser católico.</p>
<p>En tal situación, la provincia de Huesca representa por sus hijos y por sus hechos un importante papel, del cual nos ocuparíamos gustosamente en este lugar; pero habiendo de tratar en otro de los hombres célebres de esta provincia, paréconos mas conveniente y oportuno dejarlo para entonces, ya que tan interesante, por muchos conceptos, es lahistoriadelosobisposde Huesca y Jaca, en quienes puede decirse se halla contenida toda la historiado la provincia, durante la dominación do que tratamos ahora, y en una gran parte de la que á esta sigue.</p>
<p>Concluiremos, pues, esta brevísima reseña de la dominación goda, no sin citar antes los célebres reinados de Chindasvinto, Recesvinto y Wamba, llamados, y con razón sobrada, siglo de oro de la monarquía visigoda, el primero por su código, el segundo por llegar á ser la monarquía visigida una ante Dios y ante la ley, y el tercero, ó sea el de Wamba, por haber sofocado la imponente sublevación do los vascos y el alzamiento de la Galia gótica, áinstigación de Hil-derico, y derrotado igualmente á los sarracenos, que dueños ya de la Arabia, de la Siria, del Egipto y del Africa, se presentaron en actitud terrible y amenaza-</p>
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		<title>Página 24</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:20 +0000</pubDate>
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i:r~en las costas del Mediterráneo. La stfclia, :i in. Je VTirlza al trono en 701, y su deposición por los r an ies y por los obispos, á causa de haberse dejado arrastrar por infames y vergonzosas pasiones, y la im-rmdente elevación despues, del no menos vicioso y a en mas débil D. Rodrigo (709) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (24).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;">i:r~en las costas del Mediterráneo. La stfclia, :i in. Je VTirlza al trono en 701, y su deposición por los r an ies y por los obispos, á causa de haberse dejado arrastrar por infames y vergonzosas pasiones, y la im-rmdente elevación despues, del no menos vicioso y a en mas débil D. Rodrigo (709) al trono visigodo, viniera á destruir por completo la monarquía fundada por sns antecesores Alarico y Ataúlfo, convertida por Teo-doredo en Estado, enaltecida porEurico, Leovigildoy Recaredo, conservada por Chindasvinto y Recesvinto, y restaurada por Wamba, y á preparar en cambio una invasión que por espacio de 782 años habia de sembrar el llanto por todas partes, y mantener una lucha encarnizada y horrible, como lo han sido siempre las religiosas, en todo el suelo, ya varias veces teñido en sangre, de la Península ibérica.</p>
<p>Hemos apuntado estos hechos generales de la dominación goda en España, porque todos ellos, con mas ó menos importancia, están preferentemente relacionados con la historia de la provincia de Huesca, ó mejor dicho, con la historia de sus concilios y de sus obispos; y como quiera que habremos de ocuparnos de estos en sección aparte, comohápoco manifestamos, de aquí, que por evitar repeticiones, y en gracia de la brevedad, nos contentamos ahora con esa reseña ligera é imperfecta de la ignorada época ele los godos en nuestro territorio.</p>
<p>Bicho esto, pasemos á ocuparnos del hecho mas notable y glorioso de nuestra historia, en el que la provincia de que tratamos desempeñó, sin duda alguna, un papel de primer órden, sin que queramos, al decir esto, rebajar en lo mas mínimo el heroico esfuerzo y constancia, sin ejemplo en la historia, de las de-mas provincias, durante la invasión sarracena y la reconquista, que van á ocupar por ahora nuestra atención.</p>
<p>X.</p>
<p>Corrían los años de 711, cuando Muza-ben-Nosseir, futuro conquistador de España, recibió la alta y difícil misión de sujetar á Al-Magreb, ó Tierra de Occidente, que así se llamaba por los árabes al Africa entera por su posicion á la Arabia. El gran talento y dulzura sin igual de Muza, curtieron en gran manera la bárbara rudeza de los moros, y en breve tiempo consiguió que las tribus mazamudas, lcetamas, zanhe-gas, howaras y algunas otras de las mas temibles de aquellas comarcas, abrazasen la ley del Corán, formando, por lo tanto, do aquellas tribus dispersas y salvajes, un solo pueblo numeroso y fuerte bajo el nombre de Sarracenos.</p>
<p>Coincidió con esto la torpe conducta de nuestro rey D. Rodrigo, de eterna memoria en la historia de nuestra patria, las continuas y cada dia mas intonsas discordias de los hispano-godos, y sobre todo, la traición, inconcebible siempre, del memorable conde don Julián.</p>
<p>La ocasion no podía ser mas oportuna para emprender Muza la conquista con que hacia tiempo soñaba; y enviando al efecto á Tarik, su lugar teniente, con nn numeroso ejército lleno de fé y (entusiasmo religio-</p>
<p>so. ierre: en la faen es.a batalla del Gnadalete al vicioso D. Rodrigo, y en cortas horas vióse dueño de la ciudad de Málaga, Ecija, Córdoba y demás poblaciones importantes del Sur de España, respetando en todas ellas, como dice, fundado en irrecusables datos un historiador contemporáneo, los ritos y costumbres de los vencidos, no ofendiendo á los pueblos pacíficos y desarmados, y hostilizando solo, con el valor é intrepidez africana, á aquellos otros que opusieran resistencia.</p>
<p>Muza, por &#8216;otra parte, avanzando también en la conquista de España, se dirigió á Sevilla y Extremadura, que sujetó á su obediencia; marchó mas tarde hácia Salamanca y Astorga, que so le rindieron sin resistirse, é incorporóse al fin, con el ejército de Tarik, que ya sitiaba á la en todos tiempos heróica ciudad de Zaragoza, y de la quo seguramente las fuerzas de este caudillo, sin el auxilio de las formidables del gran Wali, no se habrían apoderado.</p>
<p>Caida en poder de los sarracenos la ciudad de Zaragoza, natural era que dirigiesen sus huestes á la no menos temible, y aun mas importante, ciudad de Huesca, cuya suerte en esta ocasion, como la de tantos otros pueblos de gran valía, no pudo ser otra, á pesar de la heróica resistencia que opusieron los oscenses, que reducirse á los estrechos límites en que para ser tomada tuvieron que encerrarla los sarracenos, y entregarse al fin á su acerado alfange, siquiera fuese mientras alentaba para tomar nuevos ánimos y reconquistar su religión y su patria.</p>
<p>La noticia de la ocupacion de Huesca por las armas sarracenas infundió un pavor grande y un sentimiento profundo en el corazon de todos los cristianos, que aun fundaban halagüeñas esperanzas en la heróica y hasta entonces invencible ciudad do Huesca: esperanza que ni -un momento les abandonó, y que les hacia, por el contrario, pensar incesantemente en la reconquista de aquella ciudad, á pesar de los obstáculos insuperables que por todos conceptos se les presentaban para la realización de sus bellos pensamientos.</p>
<p>Los límites de la ciudad de Huesca, que según la tradición y varios restos encontrados en grandes es-cavaciones, debían estenderse hasta la ermita de Santa Lucía, pasando por el centro de la poblacion el rio Isuela, que fertiliza su corta pero abundante y hermosa vega, quedaron á poco reducidos á los que próximamente comprende hoy; lo cual concíbese fácilmente, dada la táctica de los moros en la conquista de España, que deseaban, no estensas y numerosas poblaciones, sino pequeños recintos perfectamente fortificados. Por esto la poblacion de Huesca la redujeron en su estension de una manera considerable, rodeándola en cambio de una elevada y tortísima muralla, de la que hasta hoy se conservan algunos restos.</p>
<p>La consideración y la importancia que para los sarracenos tenia la ciudad de Huesca, por su posicion topográfica, por lo perfectamente fortificada, y por el nombre, sobretodo, que gozaba en toda España, fueron tales, quo el rey de Zaragoza Almozaben, dice Zurita, considerando que de la defensa y conservación do esta ciudad dependía la seguridad de la morisma que esta-</p>
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		<title>Página 25</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:55:13 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[3.- Orígenes de la ciudad de Huesca]]></category>
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ba en 1a. tierra llana, dispuso que con preferencia á ninguna otra ciudad, acudiesen á Huesca todas las gentes de su reino, á la primera noticia alarmante que tuviesen de que se hallaba en peligro la posesion de ciudad tan importante.
XI.
Sometida, pues, la España cu el corto espacio de dos años á las armas sarracenas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (25).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>ba en 1a. tierra llana, dispuso que con preferencia á ninguna otra ciudad, acudiesen á Huesca todas las gentes de su reino, á la primera noticia alarmante que tuviesen de que se hallaba en peligro la posesion de ciudad tan importante.</p>
<p>XI.</p>
<p>Sometida, pues, la España cu el corto espacio de dos años á las armas sarracenas, cosa difícil de com-</p>
<p>prender á la simple vista en un pueblo, que como este, luchó con tanta valentía y denuedo contra las valerosas legiones de los romanos durante siglos enteros, habremos por lo mismo de permitirnos sobre este hecho alguna ligera consideración.</p>
<p>La actitud de los españoles durante la dominación goda, y especialmente en sus últimos tiempos, debió ser en estremo apática y retraída, á cuanto se refiriera al gobierno de los reyes conducta de los grandes. Acostumbrado el pueblo á presenciar todos los dias<br />
Catedral de IIue3ca.<br />
la inmoralidad; lacorrupcion y la ineptitud déla corte; no afectándole apenas las intrigas palaciegas, cuyo resultado era por lo general, el parricidio y el fatrici-dio, lección elocuente y horrible de la que algo, por fortuna, han aprendido los modernos tiempos; no teniendo participación alguna en la elección de los príncipes, ni cuidándose tampoco, de la manera mas ó menos acertada conque gobernaban; no siendo, en fin, ante el poder real mas que vasallos que debian formar el pueblo, poro sin mezclarse nunca en la manera do ser de este mismo pueblo, que á los royes, y solo á los reyes era dada tal misión, los españoles, decimos, debieron perder por un momento, todo genero de sentimientos que á la patria y á la libertad se refirieran,</p>
<p>huesca.<br />
conservando solo, y esto por conveniencia de los mismos reyes, cada vez mas vivo en su corazon el sentimiento religioso.</p>
<p>Un pueblo que está tan lejos de sentir en su pecho ese amor inquebrantable y santo á la nacionalidad , y que además consume su vida entera en una contemplación fanática y constante del sentimiento religioso, nada ó muy poco debería importarle una dominación cualquiera, con tal de que respetara sus religiosas creencias, único sentimiento que abrigaba con toda fe&#8217; y entusiasmo.</p>
<p>Por esto sin duda, y por otras muchas causas que fácilmente se nos ocurren y que todos comprenden, pero quenopodemosdetenernos, sin embargo, áenutee-</p>
<p>E</p>
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