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deslumhra pero que 110 ilumina. ¿Quién presta fé á la antigüedad que se supone á los epitafios de San Juan de la Teña, computados por la era española, calculados en números árabes, y mencionando edificios que no existieron hasta siglos despues? ¿Quién la da á documentos notoriamente creados con muchos de posterioridad á su fecha, cuando en ellos mismos encontramos huellas de mano imperita, confundidos los sucesos de diversos tiempos, los nombres y las épocas?… No puede escribirse la historia minuciosa de los reinos que se sujonen en la frontera francesa, sin hacer profundos estudios sobre el reinado de Carlo-Magno y Ludo-vico l’io… Basta dar el grito de alarma, prevenir el ánimo de los crédulos, llamar la atención de los estudiosos, y esperar que el tiempo y la casualidad descubran nuevos fundamentos para formar opinion segura.
Si esto dice Cabanilles sobre la dificultad de fijar con exactitud la fundación del reino de Aragón, mucho mas diría, seguramente, si tratase-de determinarlos primitivos orígenes de su poblacion.
La misión, por otra parte, de los que, como nosotros ahora, se proponen reducir á los menores términos pos bles laesposicion de. los orígenes de un hecho histórico cualquiera, tan antiguo y envuelto en la oscuridad como el de que nos ocupamos, no es ciertamente la de recrear su pensamiento y su pluma en ciertas afirmaciones que halagan la fantasía, pero que la razón y la crítica rechazan, puesto que en aquellas nobayotro fundamento que una adhesión completa á la tradición, un respeto que raya en lo supersticioso á las creencias religiosas, y un amor exagerado y ciego á las glorias nacionales: el historiador debe, por el contrario, no solo despojarse de todas esas preocupaciones, que le llevan irresistiblemente, si no al absurdo, á la falta de verdad en su narración histórica, sino hacer aplicación constante de una crítica filosófica y racional, con loque seguramente llegará al esclarecimiento de los hechos históricos, en’tanto cuanto le sea permitido al humanoentendimiento.
Por esto, cuando concretándonos á ios originales de la ciudad de Huesca, leemos en el Cronicon de Philipo B( rgomese y en las obras de Annio, Genebrardo, San Gerónimo, San Isidoro y otros historiadores antiguos, que Tubal, áquien llamaron Jobel, de donde tomaron su nombre los Jabeles, que mas tarde se conocieron con el de Iberos, fué el primero que pobló la provincia de que nos ocupamos y fundó, por consiguiente, la ciudad de Huesca; y vemos despues en Beuter, Garibay, Pineda y otros afirmar séria y terminantemente que Tubal aportó al cabo de Creus con sus naves, sus caballos, sus carneros y otros animales de diferentes especies, dirigiéndose mas tarde con su gente y variadas mercancías á tomar posesion del terreno que hoy comprende la provincia de Huesca, jardín frondoso y el mas ameno del mundo que el justo \oé cedió á Tubal en premio de su valor y constancia, la sana razón, decimos, no puede menos de remontarse á los tiempos patriarcales, considerando el fundamento poético de gratuitas aseveraciones; pues aun dado el hecho de la llegada de Tubal álas costas c atalanas, seria raro, cuando menos, que siendo el primer poblador de España, á tantas leguas se alejase de sus naves para fijar su re-
sidencia, y precisamente en uno de los puntos d>–l Pirineo, no, en verdad, de los mas favorecidos por las dul zuras del clima y por las bellezas de la naturaleza. Cuando vemos igualmente en Estrabon, corroborando esas mismas aserciones, que á Tubal se le llamó Tari-acón (hombre dado á tratar en ganados), para esplicar de este modo la importación do los numerosos rebaños, que hizo Tubal en España, y lo abundantes que en todos tiempos han sido aquellos en los montes Pirineos, y leemos en Beroso y otros historiadores que el nombre de Pirineos quiere decir tanto como montes encendidos de fuego, porque quemando los pastores en cierta oca-sion las malezas de estos montes para dar paso á sus ganados, se levantó un fuerte viento que incendió todo el monto; cuando vemos, en fin, en el mismo Beroso y otros autores, que en su afande buscar analogías entre los nombres de Celtiberia y de Tubal, dicen que en un principio se dió á aquel país el nombre de Celtubalia, ó Celtubalia, que, quiere decir Celtes de Tubal, espli-cando de este modo la costumbre de dar á un país ol nombre de quien lo descubre ó puebla por primera vez, la crítica y la razón, repetirnos, no pueden menos de hacer caso omiso de tales afirmaciones, y do negar, si sériamentese les preguntara, la verdad de aquellos hechos. .
La única esplicaciou, algún tanto racional, que puede darse sobre que esta parto cíe España fuese poblada antes que ninguna otra do la Península, debería fundarse en el género de vida que naturalmente debieron tener los primeros pobladores, y las condiciones geológicas del terreno. No conocida la agricultura apenas en aquel tiempo; completamente ignoradas las artes y la industria; desconocida la arquitectura; monos habitables los puntos mas bajos de nuestro escabroso suelo que los mas elevados, por la mayor esten-sion que debian naturalmente tener los cauces de los rios, á causa del menor número de elevadas sierras, y la mayor esposiciou, por consiguiente, á las grandes, inundaciones, por entonces mas frecuentes y temibles; y entregado, sobre todo, el hombre á la caza y á la pastoría, todo esto, decimos, puede en cierto modo inclinarnos á creer que las elevadas montañas de los Pirineos fuesen, antes que los demás puntos de España, ocupadas por los primeros pobladores: pues en ellas con mayor facilidad encontrarían parajes que sustituyeran la falta de arquitectura, y ocupacion pronta y constante en la clase de trabajos á que podían dedicarse.
Posible es también que, andando el tiempo, estos-pueblos se pusieran en comunicación inmediata con los que, dedicados únicamente á la pesca, habitaban en las costas y en las márgenes del Ebro, llamándose todos, sin escepcion, iberos; que estos, mas tarde, entablaran relaciones mercantiles con los pueblos del otro lado de los Pirineos, estendidos. por la región de las Galias: que el nombre do galos, con que á estos pueblos seles distinguía, fuese, como dice Julio César, lo mismo que celtas y que despues, mezclándose unos con otros, formasen un solo pueblo con el nombre de Celtiveria, dándose razón con esto de los muchos nombres celtas que aun se conocen en el reino de Aragón, como Briga, pueblo, ciudad, y de aquí Segobriga,
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