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Ballabriga, etc.; Patio, faro, faaal (griego); Singa einea); Ausetania, de tañía (región), etc.; pero todo esto, repetimos, no serian mas que apreciaciones individuales, hechas ante la necesidad de darse una e.s-plicacion cualquiera de aquellos hechos, que siendo de gran consideración, se hallan envueltos en las tinieblas de la antigüedad.
III.
Apoyándose en la etimología de las palabras, quié-reseasimismo dar razón de la venida mas tarde de los griegos, desde Sicilia y Mediodía de la Italia, para ocupar la España, fundando pueblos y dando nombre á los montes y á los rios; no dejando de notar, los que tratan de defender esta Opinión, que en I03 llanos y en las faldas de los Pirineos, en donde mas abundan los nombres griegos, todos son del dialecto dórico, precisamente el dialecto que hablaban los sicilianos y sus vecinos del continente inmediato.
Para admitir como cierta esta opinion, deberia notarse antes que sus mas ardientes sostenedores suponen la venida de los celtas á España unos 1,800 años antes de Jesucristo, y la de esas otras colonias griegas unos 900 años antes de Jesucristo, debiendo, por lo tanto, conservarse esas palabras sin alteración, ni en sus letras ni en su significado, unos 3,700 años, y á través de dominaciones tan completas y prolongadas como la de los romanos y sarracenos, y tantas otras, que aunque no tan violentas y totales, han, sin embargo, cambiado en gran parto la manera de ser de de nuestro codiciado suelo.
No se crea por esto que nosotros tenemos como cosa de todo punto imposible, el que pueda conservarse el nombre dado á una cosa sin alteración en sus letras y en su significado por espacio de ‘treinta y seis siglos y á través de tan largas y completas dominaciones; pero auto la dificultad que esto ofrece en el | caso á que nos referimos, y la posibilidad de haberse ! dado á las cosas esos nombres, que parecen celtas, en épocas posteriores á la supuesta existencia en nuestra Península de aquellos pueblos, débese, al menos, poner en duda semejantes afirmaciones.
Ni basta para probar lo contrario lo que dicen, entre otros, un historiador moderno d;l reinó de Aragón, de que las palabras columpiarse, patear, pandero y otras, siendo griegas en su origen, las empleamos nosotros sin que hayan sido conocidas, ni por lo mismo alteradas, entre los latinos ni otros pueblos que han también ocupado largos siglos nuestro territorio; queriendo hacer ver con esto, que por cima de esas dominaciones han pasado, siu alterarse, por tanto, hasta nosotros, aquellas palabras; pues á ello opondríamos, ademas de lo que acabamos de manifestar, el uso frecuente de palabras nuevas, tomadas por lo general de las lenguas primitivas, para darlo á modernas ciencias, á nuevos inventos, y á todo género de cosas desconocidas en anteriores tiempos.
Lo mismo exactamente podíamos decir acerca de las varias opiniones emitidas sobre el Origen de la palabra Huesca. Y es de notar, por lo estraño, que no hayamos encontrado en ninguno de losautoros. que para ¡
nuestro pobretrabajo hemos consultado, uno siquiera que haya tratado de buscar analogías entre la palabra Huesca y el nombre de Tubal ó de algún otro de sus contemporáneos.
Pretenden algunos, contra la opinion del canónigo Tarassa, quo el nombre de Osea dado en lo antiguo á la ciudad de Huesca, com > puede verse por sus medallas y por sus armas, trae su origen de Oseo Betulo-nease, dueño y 3eñ>r de inmensos territorios en España, y que tuvo largo tiempo su residencia en la ciudad de Huesca, por los tiempos de Romo, 22.° rey de España, allá en los años, según Garibay, de 1400 antes de Jesucristo. Quieren otros hacerlo deribar de Li-ciuio Caco, 25.° rey de España, hombre nada probo y de preversás costumbres, arrojado do España por Pa-latico, eu los años 1300 antes de Jesucristo, según Ensebio y Juan Gerundense en su Paral i pomo non de Ur-bikus Hispanice ante Herculis advenía, sin que se dé olra razón del cambio do letras y de sonido de aquella palabra, que Osea quiere decir Os caci; opinion que combatiendo Floriaa do Ocampo, dice que la ciudad era ya conocida con el nombre de Osea mucho antes de que existiera Licinio Caco. De la palabra hebrea IIosc, que significa eludid sombría, pretenden otros, menos dados á buscar el origen de esos nombres en el de algún importante personaje, hallar la etimología de aquella palabra; y otros, en fia, sostienen, corno el célebre cronista D. Diego Ainsaé Iriarte, no fijándose en el nombre Osea con que en lo anticuo se conoció esta ciudad, y aten liendo solo al de Huesca con que hoy so le conoce, que esta palabra Huesca viene d • su omónima muesca, por hallarse á tres leguas de esta ciudad una gran peña con una hendidura ó muesca, por la que pasa el rio Flumen.
Guan lo en tan gratuitas suposiciones vemos apoyarse todos estos cronistas para esplicar los orígenes del nombre y de la ciudad de Huesca, nosotros, no alcanzando lar izoa de aquellas afirmaciones, preferimos confesar nuestra ignorancia, á lanzar conjeturas y asentar peregrinas aserciones, que no otra cosa debieron in ludablemente hacer los pocos escritores que, ocupándose de este asunto, hemos tenido ocasion de consultar. Sentimos, y el lector lo comprenderá fácilmente, hacer tan ingénua., aunque triste confesión, y tener que resignarnos á la duda y á la impotencia; poro no otra’cosa nos es hoy posible, ante la oscura y nebulosa noche de los primitivos tiempos f y ante la imposibilidad material de que hagamos, para esta publicación, un minucioso registro y detenido estudio de todos los manuscritos y documentos que se conserven sobro este punto, en los archivos y bibliotecas.
1Y.
Viniendo, pues, á los últimos tiempos délos fenicios en España, encontramos, naturalmente, mayor número de datos acerca de la ciudad de Huesca , si bien no tantos y tan auténticos, que podamos dar por cierto la existencia en aquel tiempo de esta ciudad.
En la historia que del monasterio de San Juan de la Peña escribió el abad D. Juan Briz Martínez, dícese que
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