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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Huesca &#187; 8.- Reseña artísitica de algunos monumentos de la provincia de Huesca</title>
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	<description>Historia, Geografía, Sociedad. Provincia de Huesca. Siglo XIX.</description>
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		<title>Página 75</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:25:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[razadamente obrar su caballería, que aventajaba en mucho á la délos carlista?.
Un bien sostenido fuego de guerrilla di&#60;5 principio á aquella acción, que á muy poco la convirtió el intrépido León en uno de los combates mas horribles y sangrientos. Impaciente este atrevido y temerario jefe por no poder tornar parte al principiar la acción, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (75).jpg" alt="" width="450" height="600" />razadamente obrar su caballería, que aventajaba en mucho á la délos carlista?.</p>
<p>Un bien sostenido fuego de guerrilla di&lt;5 principio á aquella acción, que á muy poco la convirtió el intrépido León en uno de los combates mas horribles y sangrientos. Impaciente este atrevido y temerario jefe por no poder tornar parte al principiar la acción, dejóse, como acostumbraba siempre, arrastrar mas por su arrojo quo por su prudencia, y á la cabeza de un escuadrón de coraceros de la Guardia se arroja, lanza en ristre, sobre las fuerzas de los enemigos, empeñándose una lucha cuerpo á cuerpo de las mas sangrientas de nuestra guerra civil. León, con el arrojo y denuedo que le distingue su brillante historia, cayó como una furia sobre lo mas grueso del ejército enemigo, dando muerte hasta once de estos, y hubiera seguramente infundido él solo miedo y espanto en las fuerzas de D. Cárlos, si una bala enemiga no hubiera privado do la existencia á aquel valiente y arrojado militar. Los mismos enemigos quisieron en su muerte dar una prueba de distinción y deferencia, disponiendo el coronel carlista D. Tomás Reina que se le diese sepultura con la solemnidad posible en tales circunstancias.</p>
<p>XLVI.</p>
<p>La muerte del intrépido León exacerbó en estremo el belicoso carácter de Iribarren, y se decidió á vengar á todo trance la irreparable pérdida que acababan de sufrir las filas liberales. Las condiciones, sin embargo, no podían ser mas desventajosas para Iribar-ren. La caballería, único cuerpo en que podían los liberales tener alguna esperanza de salir victoriosos en tan reñida acción, so hallaba casi imposibilitada de maniobrar, efecto de los grandes lodazales que en aquel campo habia. Tanto los caballos de los coraceros, dice un escritor moderno, como las acémilas que conducían la artillería, se sumergían hasta los pechos, ocasionando esto el que se apoderaran de aquella un batallón de argelinos.</p>
<p>A pesar de este descalabro y de los graves inconvenientes que por parte délos liberales habia en continuar la acción, Iribarren, llevando como León su valor hasta la temeridad, no ceja en su propósito, y es-poniéndose ó ser todos sepultados en los. pantanos y lodazales que cubrían todo aquel campo,- se pone al frente de un escuadrón, y con un arrojo temerario é imprudente, se lanza en medio de dos batallones y un escuadrón carlistas. El enemigo, al verse tan brusca é inesperadamente acometido por tan escaso número, dudó por un momento la actitud que debería tomar, y últimamente, no desmintiendo que eran defensores de T). Gárlos, se rehacen de la primera sorpresa y se empeña un combate cuerpo á cuerpo, el mas horrible quizá que cuente la historia de nuestra guerra civil. La acción, dice el historiador citado, se generaliza, crece su encarnizamiento, son constantes las repetidas cargas de caballería y á la bayoneta, ahogan los ayes de los heridos el chocar de los hierros y enrojécese el campo con la sangre de tantos valientes.</p>
<p>Todos los liberales que pudieron escapar de aquella</p>
<p>horrible matanza se dirigen frenéticos y desbandados por las calles de la ciudad de Huesca, para matar en su mismo alojamiento á D. Cárlos, siendo to ¡os vícti mas en las calles de la ciudad de su arrojo y heroísmo. Quedó, pues, la victoria en favor de los carlistas, aunque con pérdidas de gran consideración, pues el número entre muertos y heridos le hacen subir hasta 2,000 hombres do uno y otro bando, contándose entre los primeros al esforzado Iribarren, que al dia siguiente de aquella encarnizada lucha murió en Almu-devar á consecuencia do las heridas que recibió durante el combate, con sentimiento general y profundo de los liberales y de la patria entera quo acababa de perder á uno de sus mas valientes y pundonorosos hijos. Los carlistas, si bien no dejaron eu el campo ningún jefe superior, tuvieron, sin embargo, entre los heridos al brigadier T&gt;. Pascual Real y á los coroneles Puértolas y García Segovia, que fallecieron á los pocos dia&#8217;s. Esta importante y para siempre memorable victoria de Huesca, diéroula á conocer los carlistas con una condecoracion á los vencedores en Huesca, y con la sig-uiente envalentonada alocucion del infante don Sebastian Gabriel:</p>
<p>«Soldados: El enemigo, que no se atrevió á impedir vuestra magestuosa marcha, creyéndoos rendidos pollas privaciones y el cansancio, cayó de repente sobre vosotros la tarde del 24. Este cobarde esperaba sin duda la victoria de vuestra fatiga, y las ventajas que le ofrecía el terreno para su numerosa caballería y artillería. Sus granadas, que son para vosotros el toque de generala, os anuncian un nuevo campo de gloria á donde os conduce &#8211; vuestro valor. Visteis al enemigo, y parando con firmeza el ataque, le recha&#8211;zais: un momento despues le arrolláis: hacéis desaparecer su artillería; corréis en pos de sus mejores tropas, que quedan destrozadas, y la noche pone un término á su ignominia y un freno á vuestro denuedo.</p>
<p>»Soldados: El rey nuestro señor, testigo de tan bravo comportamiento en esta batalla, me manda os dé las gracias en su real nombre. Vuestro general cumple este mandato con la satisfacción que inspira el convencimiento de que lo meroceis, y la seguridad de que siempre sereis los mismos en ol campo del honor, mientras llega el venturoso dia, que no puede estar lejano, de colocar en su trono al legítimo monarca de Castilla.—Real de Huesca, 26 de mayo de 1837.— Vuestro capitán general eu jefe, el infante D. Sebastian Gabriel.»</p>
<p>XLVII.</p>
<p>Varias y muy juiciosas observaciones se han he:r. : sobre las disposiciones mas ó menos acertadas de I:; jefes carlistas, así en la batalla de Huesca como en -i de Barbastro, que siguió á aquella. La rivalidad déla envidia mas que de ninguna otra causa, n-r-í siempre en esta clase de empresas, hizo que nar_rtl-mente impugnaran unos lo que otros defendían ce raí lo mejor y mas conveniente, viéndose con ostím—: -en los consejeros de D. Cárlos, mas que am.r y :::: deseo á la utilidad déla causa, decididoapoy: si jtü-rés personal propio ó al de los amigos y</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 76</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:25:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mientras que el general carlista Moreno opinaba que sin descanso y antes que se rehiciesen los liberales de la derrota de Huesca, se dirigieran las tropas hácia Almudevar para caer despues sobre la división del general Oráa, ó que siguieran la fértil márgen del Ebro por donde las tropas encontrarían mayores ventajas, así en las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (76).jpg" alt="" width="450" height="600" />Mientras que el general carlista Moreno opinaba que sin descanso y antes que se rehiciesen los liberales de la derrota de Huesca, se dirigieran las tropas hácia Almudevar para caer despues sobre la división del general Oráa, ó que siguieran la fértil márgen del Ebro por donde las tropas encontrarían mayores ventajas, así en las raciones como en l is marchas, otros, por el contrario, sostenían y triunfaron en su empeño, que debían seguir su rumbo por los estrechos y tortuosos senderos del alto Aragón, con el fin de que estas fuerzas vinieran á reunirse con las restantes de Cataluña, y pudieran dar un golpe mas certero y decisivo á las fuerzas que mandaba Oráa; opinion que, al emitirla sus defensores, se olvidaban, ó querían olvidarse, de que las riberas que conducen á Navarra, libres ya del valeroso Iribarren, derrotado y muerto en la batalla de Huesca, quedaban sin refuerzo alguno, y podian, por lo tanto, ser libremente ocupadas por las tropas de I). Cárlos, y héchose dueñas, por consiguiente, de los muchos é importantísimos puntos estratégicos que se encuentran en aquellas estensas y fértiles comarcas.</p>
<p>Prevaleció, como indicábamos poco liá, la opinion contraria á la del general Moreno, quien, á propósito de estas diferencias de pareceres, decia con el acento y resolución que le eran característicos: «Cualquiera que abra en Europa una carta geográfica y vea la marcha que proyectamos á Barbastro, preguntará asombrado si al frente de los cspedicionarios carlistas hay un general ó un cabo de escuadra.»</p>
<p>Las tropas carlistas, en efecto, emprendieron su marcha por Siétamo y Alcanadre á Barbastro, después de Ratier descansado tranquilamente tres días en Huesca, y hecho alarde de su victoria en esta ciudad.</p>
<p>Sabedor el general Oráa de la dirección de los carlistas hácia Barbastro, quiso impedir la marcha de esta espedicion, cayendo sobre ella con las escasas fuerzas de que disponía. En efecto, con el fin de evitar que se reuniesen las tropas carlistas del Norte y centro, intentaba cerrar el paso á los primeros, ocupando la valla natural del rio Cínca, apoyándose para esto en las importantes plazas de Monzon y Mequinenza.</p>
<p>Pero estos hábiles planes de Oráa vinieron por completo á tierra con la triste y nunca esperada noticia del desastre sufrido por las tropas liberales en la sangrienta batalla de Huesca. La situación, por lo tanto, de este general era en &#8216;estremo apurada. En la necesidad imperiosa de tomar una determinación pronta y enérgica, dispuso que la división de Buerens cargase las fuerzas carlistas antes de que pudieran estas atravesar el rio Cinca. Dispuso asimismo, luego que le fué conferido el mando de las tropas (31 de mayo de 1837) que el segundo batallón franco, dividido en ios partidas, se dirigiese desde Berbegal á Barbastro, con el fin de interceptar las comunicaciones do los carlistas que ya ocupaban esta última ciudad, é impedir, por consiguiente, la introducción de toda clase ie víveres en aquella poblacion. Al mismo tiempo en-al comandante general de Huesca que movili&#8211;í;:- la milicia de la montaña para interceptar los ca-que conducían á Barbastro.</p>
<p>D:-¿pues de otras varias disposiciones, dadas con el objeto por el activo é inteligente Oráa, quiso</p>
<p>huesca.<br />
él, por sí propio, hacsr un detenido y escrupuloso reconocimiento, así dolos caminos que conducen á Barbastro, como de las inmediaciones de esta poblacion, proponiéndose, como principal objeto, hacer que los carlistas saliesen de las calles de Barbastro para librar la batalla.</p>
<p>Bien pocas escitaciones necesitó D. Cárlos para manifestar desde luego que estaba dispuesto á pelear donde y como quisieran las fuerzas isabelinas. Oráa, que ardía en idénticos deseos, todo lo aprestó on el tiempo mas breve posible, y se preparaba á cruzar su espada con la de D. Cárlos.</p>
<p>Tres divisiones, que se componían de unos 12,400 infantes, dirigidas por el general Buerens y los brigadieres Conrad y Villapadicrna, y unos 1,400 caballos, divididos en once escuadrones, al maudo del brigadier D. Diego León, despues conde di: Belascoain, con mas, dos baterías rodadas y una de á lomo, eran las fuerzas que por parte de los liberales se preparaban á combatir á otro número casi igual de tropas carlistas, acaudilladas por D. Cárlos y por Quiloz, que se habia encargado de las fuerzas de caballería.</p>
<p>Puestas en marcha las tropas isabelinas, el 2 de julio debían llegar, á una hora determinada, á la encrucijada que forman los caminos de Berbegal y Tornillos, punto estratégico de gran consideración, que podia contribuir en mucho para el buen éxito en las operaciones de los liberales. Pero habiendoretrasadosu llegada algunas horas la división de vanguardia que mandaba ol brigadier Villapadicrna, á causa do lo escabroso y pobre de los pueblos por que atravesaba, fué necesario diferir para mas tarde la realización del pensamiento hostil contralos carlistas, que ya anteriormente se habían propuesto, no siendo posible entro tanto á las divisiones de Conrad y Buerens, que en la hora marcada habían llegado al sitio prefijado, ocultarse al ojo avizor y esperto de D. Cárlos. Con esto el célebre caudillo pudo disponerlo todo convenientemente, y prepararse de la mejor manera á resistir al enemigo.    *</p>
<p>Cuando la división de Villapadierna se hubo reunido á las de Conrad y Buerens, dispuso Oráa, según refiere un historiador de esta famosa campaña, qua se formasen dos líneas, cada una de á tres columnas. La división de Villapadierna ocupó, según esta órden, la derecha, formando dos columnas; la izquierda se cubrió con la división deConrad, compuesta de seis escuadrones, una batería de campaña y otra de montaña, y el centro lo ocupóla segunda división del Norte coa cinco escuadrones y una batería de campaña.</p>
<p>Así dispuestas las fuerzas, y animadas do un gran espíritu guerrero y de una fé inquebrantable en el buen éxito de la lucha á que se disponían, pusiéronse en movimiento á las doce de la mañana, rompiendo aquel las dos líneas, precedidas de otra de certeros y valientes tiradores, sostenidas todas por las compañías de cazadores. Protegía la izquierda y el centro un escuadrón de ligeros; á la cabeza de las columnas marchaba magestuosa é imponente la artillería; la retaguardia la formaba la caballería, y cerraban la marcha las reservas generales.</p>
<p>De las faldas de una elevada colina, en cuya cúspi-</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 77</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:19:26 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[de se ven aun las ruinas de un histórico edificio llamado la Torre de Gracia, partieron las tropas isabelinas, en el órden que acabamos de indicar. Cuando dieron cima al monte y llegaron á la altura de la torre de que hemos hablado, y dirigieron su vista sobre el vasto y risueño panorama, e:i el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (77).jpg" alt="" width="450" height="600" />de se ven aun las ruinas de un histórico edificio llamado la Torre de Gracia, partieron las tropas isabelinas, en el órden que acabamos de indicar. Cuando dieron cima al monte y llegaron á la altura de la torre de que hemos hablado, y dirigieron su vista sobre el vasto y risueño panorama, e:i el que debian medir sus armas con las que el rey acaudillaba, creció de punto el entusiasmo de los liberales, y parecíanles siglos los momentos que retardaban el combate.</p>
<p>El buen deseo engañó en esta ocasion á los esforzados isabelinos. A un Cuarto de legua próximamente de la Torre de Gracia, donde se hallaban las tropas liberales, vóse una cordillera de no mucha elevación, en la cima de la cual hay una ermita que se llama de la Virgen del Pueyo. Varios olivares pueblan las cercanías de esta ermita. Ocultos entre las ramas, observaban los carlistas la actitud del enemigo, y se preparaban á dar sobreseguro un gol pe fatal á las fuerzas del general Oráa. Empezando estas su movimiento, observó el general en jefe que solo un corto número do car listas se adelantaba al combate, viendo ápoco despues que salían de la ciudad de Barbastro, por el camino de Graus, gran número de tropas y equipajes del enemigo. La columna de la izquierda da entonces una fuerte y rápida acometida hácia la ermita de la Virgen del Pueyo , en vista de la cual los carlistas abandonaron su posicion, que fuá inmediatamente ocupada por el brigadier Conrad. Mandósele á este entonces, por el general en jefe, que adelantase el ala izquierda para ponerse mas cerca de la columna del centro, y unidas se dirigiesen hácia Barbastro por el estribo, resguardadas por la cordillera que desciende á esta ciudad. Los carlistas, entre tanto, apenas daban señales de hostilizar al enemigo.</p>
<p>Un movimiento simultáneo de la izquierda y del centro, ejecutado con órden y rapidez, debiera hacer á Conrad dueño de la posicion que se le habia designado. Pero el enemigo, que todo lo observaba y que sabia muy bien hacer uso de la cstrateg-ia militar, aparece como pof^encauto, multiplicándose por todas partes, y empieza un nutrido y certero fuego sobre los isabelinos, que se vieron obligados, bien á su pesar, á retroceder espantados de aquella inesperaday formidable embestida. Los carlistas, al ver esto, suben con numerosas fuerzas de infantería y caballería sobre el terreno que precipitadamente y con gran desórden abandonaba el centro liberal, y quedaron en breve dueños del campo.</p>
<p>Alentados con aquella victoria, se preparan á dar un golpe vigoroso y decisivo al centro de las tropas liberales; pero estas, un tanto repuestas de la anterior sorpresa, se revuelven contra la facción con un denuedo y decisión imponentes, ordenando al punto el brigadier Villapadierna que los escuadrones del 4.° de ligeros cargasen á los carlistas.</p>
<p>La carga, en efecto, diéronla los escuadrones con un arrojo y valentía sin igual; pero los carlistas, que en esta ocasion comocn tantas otras querían darprue-bas de su valor y su&#8217;desprecio á la muerte por la causa que defendían, no solamente resistieron el ímpetu de aquellos escuadrones, sin retroceder un solo paso, sino que los deshicieron y pusieron en precipitada fuga, te-</p>
<p>niendo que ir á refugiarse al escuadrón 6.° de ligeros que formaba su reserva.</p>
<p>Esta derrota en las tropas de la reina agravó en estremo la situación de los liberales. El general Oráa, avergonzado y temeroso de la victoria de los carlistas, se pone al frente de la segunda línea y de la caballería de la izquierda y del centro, dispuesto á morir entre el fuego de los enemigos, ó á recobrar su honor y gloria tan gravemente comprometidos.</p>
<p>Los nobles deseos do Oráa iban á cumplirse; los escuadrones de lanceros de la Guardia, Húsares y Borbon caen con grande estrépito y saña contra las tropas carlistas, que se defendían de una manera heróica; pero al fin aquellos lanceros redoblan y multiplican sus esfuerzos, y despreciando toda clase de peligros, obligan al enemigo á dejar el campo que acababan de ocupar, y replegarse á sus antiguas posiciones. Desde aquí los carlistas se hicieron fuertes con un nutridísimo fuego; y entonces los batallones del Rey, del Infante y 2.° de fusileros de Aragón se dirigen lentamente contra ellos en gruesos pelotones y haciendo pocos disparos, en tanto que el batallón de la Princesa da una horrible carga á la bayoneta que lo hace dueño del boquete en que apoyaban su posicion las fu erzas de D. Cárlos. Los batallones de Córdoba y Almansa se dirigen á reforzar el centro, auxiliándoles los cazadores y lanceros de la Guardia, y con esto aseguran los movimientos libresy desembarazados del esforzado batallón.</p>
<p>Mientras que el combato se restablccia en la derecha y en el centro, hallábase á punto de ser envuelta&#8217; la izquierda por las fuerzas de D. Cárlos; y ciertamente que así hubiera sucedido sin la previsión y arrojo del valiente brigadier Conrad. Dispuso este, en efecto, que un escuadrón contuviese al enemigo, y ordenó entre tanto que adelantase su primera línea, compuesta del 2.° regimiento de la Guardia Real de infantería y de un batallón de Africa; pero hallándose estas fuerzas en inminente peligro por haber cu su avance apar-tádose demasiado del resto del ejército, dispuso prudentemente Conrad que retrocedieran, para lo cual so habían ya escalonado cuatro compañías de la legión francesa, que protegieron este movimiento. Nunca imaginóse Conrad que, al dar esta disposición, preparaba una derrota completa y su misma muerte. Aquellas cuatro compañías de la legión francesa, en lasque el valiente brigadier depositaba su confianza para llevar felizmente á cabo su movimiento, huyeron cobarda y vergonzosamente al primer empuje délas fuerzas carlistas, sin que el ejemplo heróico de todos sus jefes pudiera atraerlas al cumplimiento de sus deberes y do su honra, indignamente manchados. Conrad, dicho se está, no desmintió en esto, como en ninguna otra ocasion, su valor y pundonor militar: e. desprestigio que á las tropas liberales pudiera oca?:: -nar la cobardía de las compañías francesas, convir::: Le Conrad, con su heróica y para todos sentida mu^r: -en un acto mas de valor y gloria para las tropa? ií Isabel II.</p>
<p>Un último esfuerzo quiso intentar el brig.. • Van-IIalen al frente del segundo batallón de la G.ir-dia Real, secundando sus esfuerzos los demás zarpes</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 78</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:17:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[de la división do Navarra; pero todo el valor y denuedo do aquellos soldados, y toda- la prudencia de su3 aguerridos jefes, nada mas pudieron hacer que ayudar en su retirada al ala izquierda, protegiéndola con el fuego de las baterías, y dejando por consiguiente álas tropas de D. Cárlos libremente posesionadas de todo el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (78).jpg" alt="" width="450" height="600" />de la división do Navarra; pero todo el valor y denuedo do aquellos soldados, y toda- la prudencia de su3 aguerridos jefes, nada mas pudieron hacer que ayudar en su retirada al ala izquierda, protegiéndola con el fuego de las baterías, y dejando por consiguiente álas tropas de D. Cárlos libremente posesionadas de todo el campo. Tal fué el resultado de la sangrienta batalla de Barbastro, en la que, según los mejores datos, quedaron hasta mil doscientos hombres entre muertos, heridos y prisioneros, perpetuando esta victoria D. Cárlos con una cruz de distinción que concedió á su ejército.</p>
<p>Las tropas liberales buscaban sin descanso una ocasion en que pudieran encubrir con una victoria gloriosa el desastre de Barbastro. Y en efecto, el dia 5 del citado mes de junio tuvo aviso el general Oráa, que se hallaba en Berbegal, que los carlistas habian pasado el rio Cinca en la noche del dia anterior. Dispuso, pues, que salieran inmediatamente todas las tropas de Barbastro, y combinando sus movimientos las fuerzas de Oráa y las del barón de Meer, se dirigieron á las orillas del Cinca. Buereus, sabedor asimismo de la dirección de los carlistas, se dirigió también hácia la márgen derecha del rio, y allí reunidas las fuerzas de unos y de otros, se preparaban á crueles represalias por la derrota anteriormente sufrida.</p>
<p>Ocupándose Moreno en el paso de sus tropas por el rio Cinca, dióle alcance Buerens al frente de los batallones 1.° y 2.° de Córdoba, 1.° de Almansa, 1.° del Príncipe, de los cazadores y lanceros de la escolta del general en jefe y de una mitad de Isabel II, los cuales, cayendo precipitadamente sobre el grueso del ejército carlista, le pusieron en desordenada fuga. Una gran parte de aquel ejército, que no pudo acogerse á la barca de Estadilla, se arrojó y pereció en las aguas del copioso rio Cinca; y la misma barca, no pudiendo contener un número tan crecido de personas, sumergióse en las aguas de aquel rio, arrastrando á su fondo á una multitud de soldados de D. Cárlos. Las dos victorias de Huesca y Barbastro en favor de los carlistas, influyeron estraordinariamente en el crecimiento y desarrollo de la facción en toda la provincia de Huesca; la lucha fué larga y empeñada, pero al fin, merced á los esfuerzos de aquel noble país tan amante de la libertad y del progreso, y á los sucesos que mas tarde se realizaron en el resto de España, el país quedó limpio de facciones, y las instituciones representativas vencieron contra lo que se prometían los partidarios de D. Cárlos.</p>
<p>Bendigamos aquellos generosos sacrificios, y contribuyamos por nuestra parte á asentar y engrandecer la obra que nuestros padres amasaron con su sangre en tantos dias de prueba y en tantos campos de bar-talla.</p>
<p>XLVIII.</p>
<p>Si importante y variada es la historia de la provincia de Huesca, como ha podido verse por la ligera é incompleta reseña que de la misma acabamos de hacer, no lo es menos seguramente la que se refiere á su parte monumental y artística. Nadio que recorra, si-</p>
<p>quiera sea un corto espacio de su territorio, puede dejar de admirarse ante los magestuosos monasterios que á cada paso se le presentan, y de halagar su fantasía con los históricos recuerdos que á porfía todos le sugieren. Si hasta aquí hemos tenido un profundo sentimiento por no sernos posible, dadas las dimensiones de esta Crónica, tratar con mas estension los asuntos que á esta provincia atañen, al tratar ahora de las antiguas y venerandas bellezas que encierran sus antiguos monumentos, nos embarga un hondo y verdadero pesar, por no poder ni reseñar siquiera algunas de las escenas que entre aquellos reyes y altivos nobles de Aragón tuvieron lugar en los suntuosos cláustros de estos monasterios. Habremos, pues, encerrados en nuestros estrechos límites, de limitarnos á dar cuenta de algunos de los mas notables, empezando por los templos religiosos de la ciudftd de Huesca.</p>
<p>La catedral, que fué eu la invasión sarracena principal mezquita do los moros (mislcida), fué, según Parcerisa, á quien seguimos en estas descripciones, purificada y consagrada en 12 de diciembre de 1096. El obispo D. Gastón de Moneada dice, en un sínodo de Barbastro (1397), que la nueva iglesia diocesana de Jesús Nazareno, que en aquel año se edificaba, se hacia con las cuantiosas limosnas quo daban los fieles os-censes. Las dimensiones y el mérito de este edificio, cuyo plano le formó el vizcano Juan de Olotzaga, hubiera sido en estremo sorprendente, á juzgar por lo que de este famoso arquitecto conserva la citada iglesia, cuya conclusión no tuvo lugar hasta 1515, gracias á la generosidad y desprendimiento de un obispo de la real sangro de Aragón. El portal mayor de la catedral le forman siete arcos ojivos en degradación, con lo cual se disimula en un tanto el gran espesor del muro. Los huecos de estos arcos están poblados de hermosas es-tátuas de bienaventurados, divididos por gerarquías en diferentes grupos, viéndose en el arco mas interior ocho profetas, en el tercero diez ángeles, en el quinto catorce vírgenes, y en el sétimo diez y seis mártires. Preciosas guirnaldas sobre las que destaéton las figuras y ios doseletes, ocupan los arcos intermedios, segundo, cuarto y sesto. Sobre la puerta vése una hermosa pintura de la Yírgen presentando su Hijo á la adoración de los tres Reyes orientales, puestos de relieve á uno de los lados, y al otro á Jesucristo resucitado apareciéndose á la Magdalena. En el dintel hay varios escudos, entre los cuales se notan los blasones del reino y de la ciudad, recordando los escudos la memoria de los que contribuyeron con sus tesoros á la edificación del templo. Correspondientes á los siete arcos y á cada lado del portal, se ven en fila, sobre peanas formadas de tres figuras, siete estátuas que representan once apóstoles y los ilustres mártires de Huesca, San Lorenzo y San Yicente, con lo cual termina en este templo la obra de Juan de Olotzaga.</p>
<p>Encima del cobertizo se eleva el segundo cuerpo de la fachada, de estilo gótico también, pero muy distinta del primero. Flanquean aquel dos grandes y magníficos torreones, y lo dividen otros varios de escasa importancia. Labores de poco gusto cobijan la claraboya central, mientras que otras por el mismo estilo adornan las ventanas laterales, cuyo arco forma</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 79</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 20:36:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[aragón]]></category>
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		<description><![CDATA[caprichosas é irregulares líneas, síntoma cierto de la agonía de aquella arquitectura. Esta obra pertenece sin duda á los tiempos del obispo D. Juan de Aragón, que cubrió de bóveda el templo, á principios del siglo xvi.
A su derecha descuella con gracia la torre de las campanas, cuadrada en el primer cuerpo, octógona en. el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (79).jpg" alt="" width="450" height="600" />caprichosas é irregulares líneas, síntoma cierto de la agonía de aquella arquitectura. Esta obra pertenece sin duda á los tiempos del obispo D. Juan de Aragón, que cubrió de bóveda el templo, á principios del siglo xvi.</p>
<p>A su derecha descuella con gracia la torre de las campanas, cuadrada en el primer cuerpo, octógona en. el segundo, y rematando en el tercero con un capitel insignificante. Siguiendo el esterior del edificio, se admira su gran muro, y se eleva la vista hasta los bo-tareles piramidales que sirven de estribo á sus 28 naves. En el flanco derecho de la iglesia hay puerta lateral de un gótico puro y sencillo, cuyo arco ocupan, en el fondo, el Crucificado con la Madre y el discípulo, un lado de él Las Tres Marías, y el otro un ángel sentado sobre el sepulcro.</p>
<p>El interior del templo presenta mas unidad. En medio de las dos sombrías naves laterales, se eleva la primera hasta 123 palmos de altura, cortada eu cruz por el ancho crucero quo, igual á ella en dimensiones y formas, ocupa en sus dos brazos toda la anchura de las primeras y la profundidad de las capillas, habiendo en todo esto un gusto, pureza y uniformidad quo encanta. Para estas bóvedas dió el prelado D. Juan de Aragón y Navarra 1,500 florines de oro, y las vió terminadas en 1515.</p>
<p>En el fondo del presbiterio destaca el sorprendente retablo, obra deDamian Forment, en 1500, que le costó trece años de trabajo, y 1.100,000 sueldos al cabildo. El primer cuerpo descansa sobre un basamento plano, y forman el primer órden siete relieves que representan los amargos trances con que inauguró su pasión el Redentor: la Cena, la Oración en el Huerto, el beso de Judas, la flagelación, la coronacion de espinas, el Ecce Homo y la presentación á Herodés. Encima de cada uno de estos pasajes hay dos apóstoles; el Salvador domina el centro, y sobre dos puertas laterales, se ven Lorenzo y Vicente á quienes su patria asocia siempre al apostolado. Remata este pedestal un elegante friso que siíve de base al cuerpo principal, dividido en tres compartimientos, ocupados por tres grandes cuadros de relieve entero, de los cuales el del centro retrata la sangrienta escenadel. Calvario, y los dos laterales á Jesús con la cruz á cuestas y el Descendimiento de la Cruz. Tal es la obra de Forment, que no siempre es modelo de pureza gótica, pues que el gusto plateresco empezaba ya á tener en laPenínsula alguna preponderancia.</p>
<p>En el centro de la nave principal se encuentra el coro, ocupando el ancho de dos arcadas. El trascoro en forma de altar, coronado por la cstátua de la Fé, con un crucifijo en el centro y á los lados San Lorenzo y San Vicente, contrasta desagradablemente por su gusto moderno greco-romano y el colorido de su pintura con el conjunto del templo. No así los lados este-riores del coro que, aunque sin mas adornos que dos arcos ojivos de sus cuatro capillas y el balaustre que las corona, conservan su primitivo carácter de cuando en 1402 trabajaba dentro de su recinto la antigua sillería Mahoma de Borja, uno de los artistas sarracenos que empleaban su génio en honor del cristianismo. Poco digna esta obra de la riqueza del templo, no tar-</p>
<p>dó en ceder el puesto á la actual, empezada por Nicolás de Vcrástegui en 1587 y concluida en 1594 por Juan de Verrueta, costando, según las notas de Gerónimo Pilares, 6,390 libras jaquesas las 85 sillas del coro y donacion a! mismo Verástegui de la sillería vieja. A lo largo de cada nave lateral hay cuatro profundas capillas cuyos altares contienen buenas pintnras. En una de ellas se venera el Santo Cristo de los Milagros, y en otra subterránea las estátuas del canónigo Oren-cio Juan Lostanosa y de su hermano Juan Vicente.</p>
<p>Entre otros varios documentos curiosos y dignos de un detenido estudio, se. con ser van Originales en la sala del cabildo las actas del Concilio de Jaca de 1063.</p>
<p>No podemos, al tratar de las capillas de San Lorenzo y de San Vicente en este edificio, resistir al deseo de copiar aquí los sentidos y delicados versos que á estos dos santos varones dedica el P. Murillo.</p>
<p>En vivas llamas ardiendo, con otras de puro amor, templa Lorenzo el dolor, del fuego en que está muriendo.</p>
<p>Y    como no le cumpliendo, iba por horas creciendo, siempre el ansia le aquejó, hasta que su cuerpo vió</p>
<p>en vivas llamas ardiendo.</p>
<p>Puesto en ellas cuando ardia, lo que mas le atormentaba, era ver que se acababa la pena que padecia, con la muerte que llegaba.</p>
<p>Y    así para que el dolor, con la violencia y vigor, no le hiciese morir luego, templó las llamas del fuego, con otras do puro amor.</p>
<p>. No por aliviar la pena, sino por mas alargalla; que cuando el querer templalla, á tan alto fin se ordena, es medio para aguartalla.</p>
<p>Y    quien entiende el primor, de estas finezas de amor,</p>
<p>y ve en sufrir tal denuedo, no juzgara que por miedo templa Lorenzo el dolor.</p>
<p>Antes verá que hay en él primores de enamorado, pues escoge como fiel, dilatar ver al amado, por padecer mas por él.</p>
<p>Que aunque el tormento es horrendo, como le está padeciendo, por Cristo á quien tanto ama, tiene por gloria la llama del fuego en que está muriendo.</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 80</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 20:34:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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caprichosas é irregulares líneas, síntoma cierto de la agonía de aquella arquitectura. Esta obra pertenece sin duda á los tiempos del obispo D. Juan de Aragón, que cubrió de bóveda el templo, á principios del siglo xvi.
A su derecha descuella con gracia la torre de las campanas, cuadrada en el primer cuerpo, octógona en. el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (80).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<div id="_mcePaste" style="overflow: hidden; position: absolute; left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px;">caprichosas é irregulares líneas, síntoma cierto de la agonía de aquella arquitectura. Esta obra pertenece sin duda á los tiempos del obispo D. Juan de Aragón, que cubrió de bóveda el templo, á principios del siglo xvi.</p>
<p>A su derecha descuella con gracia la torre de las campanas, cuadrada en el primer cuerpo, octógona en. el segundo, y rematando en el tercero con un capitel insignificante. Siguiendo el esterior del edificio, se admira su gran muro, y se eleva la vista hasta los bo-tareles piramidales que sirven de estribo á sus 28 naves. En el flanco derecho de la iglesia hay puerta lateral de un gótico puro y sencillo, cuyo arco ocupan, en el fondo, el Crucificado con la Madre y el discípulo, un lado de él Las Tres Marías, y el otro un ángel sentado sobre el sepulcro.</p>
<p>El interior del templo presenta mas unidad. En medio de las dos sombrías naves laterales, se eleva la primera hasta 123 palmos de altura, cortada eu cruz por el ancho crucero quo, igual á ella en dimensiones y formas, ocupa en sus dos brazos toda la anchura de las primeras y la profundidad de las capillas, habiendo en todo esto un gusto, pureza y uniformidad quo encanta. Para estas bóvedas dió el prelado D. Juan de Aragón y Navarra 1,500 florines de oro, y las vió terminadas en 1515.</p>
<p>En el fondo del presbiterio destaca el sorprendente retablo, obra deDamian Forment, en 1500, que le costó trece años de trabajo, y 1.100,000 sueldos al cabildo. El primer cuerpo descansa sobre un basamento plano, y forman el primer órden siete relieves que representan los amargos trances con que inauguró su pasión el Redentor: la Cena, la Oración en el Huerto, el beso de Judas, la flagelación, la coronacion de espinas, el Ecce Homo y la presentación á Herodés. Encima de cada uno de estos pasajes hay dos apóstoles; el Salvador domina el centro, y sobre dos puertas laterales, se ven Lorenzo y Vicente á quienes su patria asocia siempre al apostolado. Remata este pedestal un elegante friso que siíve de base al cuerpo principal, dividido en tres compartimientos, ocupados por tres grandes cuadros de relieve entero, de los cuales el del centro retrata la sangrienta escenadel. Calvario, y los dos laterales á Jesús con la cruz á cuestas y el Descendimiento de la Cruz. Tal es la obra de Forment, que no siempre es modelo de pureza gótica, pues que el gusto plateresco empezaba ya á tener en laPenínsula alguna preponderancia.</p>
<p>En el centro de la nave principal se encuentra el coro, ocupando el ancho de dos arcadas. El trascoro en forma de altar, coronado por la cstátua de la Fé, con un crucifijo en el centro y á los lados San Lorenzo y San Vicente, contrasta desagradablemente por su gusto moderno greco-romano y el colorido de su pintura con el conjunto del templo. No así los lados este-riores del coro que, aunque sin mas adornos que dos arcos ojivos de sus cuatro capillas y el balaustre que las corona, conservan su primitivo carácter de cuando en 1402 trabajaba dentro de su recinto la antigua sillería Mahoma de Borja, uno de los artistas sarracenos que empleaban su génio en honor del cristianismo. Poco digna esta obra de la riqueza del templo, no tar-</p>
<p>dó en ceder el puesto á la actual, empezada por Nicolás de Vcrástegui en 1587 y concluida en 1594 por Juan de Verrueta, costando, según las notas de Gerónimo Pilares, 6,390 libras jaquesas las 85 sillas del coro y donacion a! mismo Verástegui de la sillería vieja. A lo largo de cada nave lateral hay cuatro profundas capillas cuyos altares contienen buenas pintnras. En una de ellas se venera el Santo Cristo de los Milagros, y en otra subterránea las estátuas del canónigo Oren-cio Juan Lostanosa y de su hermano Juan Vicente.</p>
<p>Entre otros varios documentos curiosos y dignos de un detenido estudio, se. con ser van Originales en la sala del cabildo las actas del Concilio de Jaca de 1063.</p>
<p>No podemos, al tratar de las capillas de San Lorenzo y de San Vicente en este edificio, resistir al deseo de copiar aquí los sentidos y delicados versos que á estos dos santos varones dedica el P. Murillo.</p>
<p>En vivas llamas ardiendo, con otras de puro amor, templa Lorenzo el dolor, del fuego en que está muriendo.</p>
<p>Y    como no le cumpliendo, iba por horas creciendo, siempre el ansia le aquejó, hasta que su cuerpo vió</p>
<p>en vivas llamas ardiendo.</p>
<p>Puesto en ellas cuando ardia, lo que mas le atormentaba, era ver que se acababa la pena que padecia, con la muerte que llegaba.</p>
<p>Y    así para que el dolor, con la violencia y vigor, no le hiciese morir luego, templó las llamas del fuego, con otras do puro amor.</p>
<p>. No por aliviar la pena, sino por mas alargalla; que cuando el querer templalla, á tan alto fin se ordena, es medio para aguartalla.</p>
<p>Y    quien entiende el primor, de estas finezas de amor,</p>
<p>y ve en sufrir tal denuedo, no juzgara que por miedo templa Lorenzo el dolor.</p>
<p>Antes verá que hay en él primores de enamorado, pues escoge como fiel, dilatar ver al amado, por padecer mas por él.</p>
<p>Que aunque el tormento es horrendo, como le está padeciendo, por Cristo á quien tanto ama, tiene por gloria la llama del fuego en que está muriendo.</p></div>
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