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Mientras que el general carlista Moreno opinaba que sin descanso y antes que se rehiciesen los liberales de la derrota de Huesca, se dirigieran las tropas hácia Almudevar para caer despues sobre la división del general Oráa, ó que siguieran la fértil márgen del Ebro por donde las tropas encontrarían mayores ventajas, así en las raciones como en l is marchas, otros, por el contrario, sostenían y triunfaron en su empeño, que debían seguir su rumbo por los estrechos y tortuosos senderos del alto Aragón, con el fin de que estas fuerzas vinieran á reunirse con las restantes de Cataluña, y pudieran dar un golpe mas certero y decisivo á las fuerzas que mandaba Oráa; opinion que, al emitirla sus defensores, se olvidaban, ó querían olvidarse, de que las riberas que conducen á Navarra, libres ya del valeroso Iribarren, derrotado y muerto en la batalla de Huesca, quedaban sin refuerzo alguno, y podian, por lo tanto, ser libremente ocupadas por las tropas de I). Cárlos, y héchose dueñas, por consiguiente, de los muchos é importantísimos puntos estratégicos que se encuentran en aquellas estensas y fértiles comarcas.

Prevaleció, como indicábamos poco liá, la opinion contraria á la del general Moreno, quien, á propósito de estas diferencias de pareceres, decia con el acento y resolución que le eran característicos: «Cualquiera que abra en Europa una carta geográfica y vea la marcha que proyectamos á Barbastro, preguntará asombrado si al frente de los cspedicionarios carlistas hay un general ó un cabo de escuadra.»

Las tropas carlistas, en efecto, emprendieron su marcha por Siétamo y Alcanadre á Barbastro, después de Ratier descansado tranquilamente tres días en Huesca, y hecho alarde de su victoria en esta ciudad.

Sabedor el general Oráa de la dirección de los carlistas hácia Barbastro, quiso impedir la marcha de esta espedicion, cayendo sobre ella con las escasas fuerzas de que disponía. En efecto, con el fin de evitar que se reuniesen las tropas carlistas del Norte y centro, intentaba cerrar el paso á los primeros, ocupando la valla natural del rio Cínca, apoyándose para esto en las importantes plazas de Monzon y Mequinenza.

Pero estos hábiles planes de Oráa vinieron por completo á tierra con la triste y nunca esperada noticia del desastre sufrido por las tropas liberales en la sangrienta batalla de Huesca. La situación, por lo tanto, de este general era en ‘estremo apurada. En la necesidad imperiosa de tomar una determinación pronta y enérgica, dispuso que la división de Buerens cargase las fuerzas carlistas antes de que pudieran estas atravesar el rio Cinca. Dispuso asimismo, luego que le fué conferido el mando de las tropas (31 de mayo de 1837) que el segundo batallón franco, dividido en ios partidas, se dirigiese desde Berbegal á Barbastro, con el fin de interceptar las comunicaciones do los carlistas que ya ocupaban esta última ciudad, é impedir, por consiguiente, la introducción de toda clase ie víveres en aquella poblacion. Al mismo tiempo en-al comandante general de Huesca que movili–í;:- la milicia de la montaña para interceptar los ca-que conducían á Barbastro.

D:-¿pues de otras varias disposiciones, dadas con el objeto por el activo é inteligente Oráa, quiso

huesca.
él, por sí propio, hacsr un detenido y escrupuloso reconocimiento, así dolos caminos que conducen á Barbastro, como de las inmediaciones de esta poblacion, proponiéndose, como principal objeto, hacer que los carlistas saliesen de las calles de Barbastro para librar la batalla.

Bien pocas escitaciones necesitó D. Cárlos para manifestar desde luego que estaba dispuesto á pelear donde y como quisieran las fuerzas isabelinas. Oráa, que ardía en idénticos deseos, todo lo aprestó on el tiempo mas breve posible, y se preparaba á cruzar su espada con la de D. Cárlos.

Tres divisiones, que se componían de unos 12,400 infantes, dirigidas por el general Buerens y los brigadieres Conrad y Villapadicrna, y unos 1,400 caballos, divididos en once escuadrones, al maudo del brigadier D. Diego León, despues conde di: Belascoain, con mas, dos baterías rodadas y una de á lomo, eran las fuerzas que por parte de los liberales se preparaban á combatir á otro número casi igual de tropas carlistas, acaudilladas por D. Cárlos y por Quiloz, que se habia encargado de las fuerzas de caballería.

Puestas en marcha las tropas isabelinas, el 2 de julio debían llegar, á una hora determinada, á la encrucijada que forman los caminos de Berbegal y Tornillos, punto estratégico de gran consideración, que podia contribuir en mucho para el buen éxito en las operaciones de los liberales. Pero habiendoretrasadosu llegada algunas horas la división de vanguardia que mandaba ol brigadier Villapadicrna, á causa do lo escabroso y pobre de los pueblos por que atravesaba, fué necesario diferir para mas tarde la realización del pensamiento hostil contralos carlistas, que ya anteriormente se habían propuesto, no siendo posible entro tanto á las divisiones de Conrad y Buerens, que en la hora marcada habían llegado al sitio prefijado, ocultarse al ojo avizor y esperto de D. Cárlos. Con esto el célebre caudillo pudo disponerlo todo convenientemente, y prepararse de la mejor manera á resistir al enemigo.    *

Cuando la división de Villapadierna se hubo reunido á las de Conrad y Buerens, dispuso Oráa, según refiere un historiador de esta famosa campaña, qua se formasen dos líneas, cada una de á tres columnas. La división de Villapadierna ocupó, según esta órden, la derecha, formando dos columnas; la izquierda se cubrió con la división deConrad, compuesta de seis escuadrones, una batería de campaña y otra de montaña, y el centro lo ocupóla segunda división del Norte coa cinco escuadrones y una batería de campaña.

Así dispuestas las fuerzas, y animadas do un gran espíritu guerrero y de una fé inquebrantable en el buen éxito de la lucha á que se disponían, pusiéronse en movimiento á las doce de la mañana, rompiendo aquel las dos líneas, precedidas de otra de certeros y valientes tiradores, sostenidas todas por las compañías de cazadores. Protegía la izquierda y el centro un escuadrón de ligeros; á la cabeza de las columnas marchaba magestuosa é imponente la artillería; la retaguardia la formaba la caballería, y cerraban la marcha las reservas generales.

De las faldas de una elevada colina, en cuya cúspi-

E

Capítulo 8.- Reseña artísitica de algunos monumentos de la provincia de Huesca | publicado por admin el Sunday 25 October 2009 a las 1:25 PM
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