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de la división do Navarra; pero todo el valor y denuedo do aquellos soldados, y toda- la prudencia de su3 aguerridos jefes, nada mas pudieron hacer que ayudar en su retirada al ala izquierda, protegiéndola con el fuego de las baterías, y dejando por consiguiente álas tropas de D. Cárlos libremente posesionadas de todo el campo. Tal fué el resultado de la sangrienta batalla de Barbastro, en la que, según los mejores datos, quedaron hasta mil doscientos hombres entre muertos, heridos y prisioneros, perpetuando esta victoria D. Cárlos con una cruz de distinción que concedió á su ejército.
Las tropas liberales buscaban sin descanso una ocasion en que pudieran encubrir con una victoria gloriosa el desastre de Barbastro. Y en efecto, el dia 5 del citado mes de junio tuvo aviso el general Oráa, que se hallaba en Berbegal, que los carlistas habian pasado el rio Cinca en la noche del dia anterior. Dispuso, pues, que salieran inmediatamente todas las tropas de Barbastro, y combinando sus movimientos las fuerzas de Oráa y las del barón de Meer, se dirigieron á las orillas del Cinca. Buereus, sabedor asimismo de la dirección de los carlistas, se dirigió también hácia la márgen derecha del rio, y allí reunidas las fuerzas de unos y de otros, se preparaban á crueles represalias por la derrota anteriormente sufrida.
Ocupándose Moreno en el paso de sus tropas por el rio Cinca, dióle alcance Buerens al frente de los batallones 1.° y 2.° de Córdoba, 1.° de Almansa, 1.° del Príncipe, de los cazadores y lanceros de la escolta del general en jefe y de una mitad de Isabel II, los cuales, cayendo precipitadamente sobre el grueso del ejército carlista, le pusieron en desordenada fuga. Una gran parte de aquel ejército, que no pudo acogerse á la barca de Estadilla, se arrojó y pereció en las aguas del copioso rio Cinca; y la misma barca, no pudiendo contener un número tan crecido de personas, sumergióse en las aguas de aquel rio, arrastrando á su fondo á una multitud de soldados de D. Cárlos. Las dos victorias de Huesca y Barbastro en favor de los carlistas, influyeron estraordinariamente en el crecimiento y desarrollo de la facción en toda la provincia de Huesca; la lucha fué larga y empeñada, pero al fin, merced á los esfuerzos de aquel noble país tan amante de la libertad y del progreso, y á los sucesos que mas tarde se realizaron en el resto de España, el país quedó limpio de facciones, y las instituciones representativas vencieron contra lo que se prometían los partidarios de D. Cárlos.
Bendigamos aquellos generosos sacrificios, y contribuyamos por nuestra parte á asentar y engrandecer la obra que nuestros padres amasaron con su sangre en tantos dias de prueba y en tantos campos de bar-talla.
XLVIII.
Si importante y variada es la historia de la provincia de Huesca, como ha podido verse por la ligera é incompleta reseña que de la misma acabamos de hacer, no lo es menos seguramente la que se refiere á su parte monumental y artística. Nadio que recorra, si-
quiera sea un corto espacio de su territorio, puede dejar de admirarse ante los magestuosos monasterios que á cada paso se le presentan, y de halagar su fantasía con los históricos recuerdos que á porfía todos le sugieren. Si hasta aquí hemos tenido un profundo sentimiento por no sernos posible, dadas las dimensiones de esta Crónica, tratar con mas estension los asuntos que á esta provincia atañen, al tratar ahora de las antiguas y venerandas bellezas que encierran sus antiguos monumentos, nos embarga un hondo y verdadero pesar, por no poder ni reseñar siquiera algunas de las escenas que entre aquellos reyes y altivos nobles de Aragón tuvieron lugar en los suntuosos cláustros de estos monasterios. Habremos, pues, encerrados en nuestros estrechos límites, de limitarnos á dar cuenta de algunos de los mas notables, empezando por los templos religiosos de la ciudftd de Huesca.
La catedral, que fué eu la invasión sarracena principal mezquita do los moros (mislcida), fué, según Parcerisa, á quien seguimos en estas descripciones, purificada y consagrada en 12 de diciembre de 1096. El obispo D. Gastón de Moneada dice, en un sínodo de Barbastro (1397), que la nueva iglesia diocesana de Jesús Nazareno, que en aquel año se edificaba, se hacia con las cuantiosas limosnas quo daban los fieles os-censes. Las dimensiones y el mérito de este edificio, cuyo plano le formó el vizcano Juan de Olotzaga, hubiera sido en estremo sorprendente, á juzgar por lo que de este famoso arquitecto conserva la citada iglesia, cuya conclusión no tuvo lugar hasta 1515, gracias á la generosidad y desprendimiento de un obispo de la real sangro de Aragón. El portal mayor de la catedral le forman siete arcos ojivos en degradación, con lo cual se disimula en un tanto el gran espesor del muro. Los huecos de estos arcos están poblados de hermosas es-tátuas de bienaventurados, divididos por gerarquías en diferentes grupos, viéndose en el arco mas interior ocho profetas, en el tercero diez ángeles, en el quinto catorce vírgenes, y en el sétimo diez y seis mártires. Preciosas guirnaldas sobre las que destaéton las figuras y ios doseletes, ocupan los arcos intermedios, segundo, cuarto y sesto. Sobre la puerta vése una hermosa pintura de la Yírgen presentando su Hijo á la adoración de los tres Reyes orientales, puestos de relieve á uno de los lados, y al otro á Jesucristo resucitado apareciéndose á la Magdalena. En el dintel hay varios escudos, entre los cuales se notan los blasones del reino y de la ciudad, recordando los escudos la memoria de los que contribuyeron con sus tesoros á la edificación del templo. Correspondientes á los siete arcos y á cada lado del portal, se ven en fila, sobre peanas formadas de tres figuras, siete estátuas que representan once apóstoles y los ilustres mártires de Huesca, San Lorenzo y San Yicente, con lo cual termina en este templo la obra de Juan de Olotzaga.
Encima del cobertizo se eleva el segundo cuerpo de la fachada, de estilo gótico también, pero muy distinta del primero. Flanquean aquel dos grandes y magníficos torreones, y lo dividen otros varios de escasa importancia. Labores de poco gusto cobijan la claraboya central, mientras que otras por el mismo estilo adornan las ventanas laterales, cuyo arco forma
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