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año siguiente con doña Inés, ó doña Matilde, según al- f gunos. hermana del duque de Guyana y cotode de Poi-tiers, ie cuyo matrimonio nació doña Petronila, casada despues con el famoso conde de Barcelona. Entre tanto agitábase el proyecto de D. Alfonso, rey de Castilla, de apropiarse la corona de Aragón, y los primeros actos del nuevo rey T). Ramiro el Monje, fueron naturalmente encaminados á evitar que se realizase el pensamiento del rey de Castilla. Pero I). Ramiro, que entre otras rarezas y excentricidades de la comunion religiosa á que por espacio de cuarenta años habia pertenecido, conservaba ese carácter nada espansivo y menos franco y resuelto que imprime la clausura do los monasterios, determinó, cuando se hubo apercibido de las fuerzas que su adversario el rey de Castilla enviaba contra, el reino de Aragón, retirarse de la ciudad de Huesca con los prelados al monasterio de San Juan de la Peña, con lo cual le fué bien fácil al rey D. Alfonso apoderarse de los pueblos de Daroca, Calatayud, Zaragoza y otros, imponiendo con estas conquistas un miedo tal al rey Monge, que resolvió, 110 creyéndose seguro en San Juan de la Peña, retirarse á las montañas de Sobrarbe, y ponerse á salvo en el castillo de Mon-clús. El estado de miseria y abatimiento á que por entonces quedó reducida la provincia que habia elegido por su rey á D. Ramiro, fué en cstremo lamentable, llegando hasta el punto de tenor que suplicar al rey de Castilla que dejase como en feudo, en poder de don Ramiro, las villas que habia conquistado del reino de Aragón, quedando en cambio este rey por su obligado y vasallo.
No aceptando 1). Ramiro semejantes proposiciones y herido en su amor propio, resolvió obrar de aquí en adelante de muy distinta manera, y quizá temiendo aun oponerse á D. Alonso se retiró con sus prelados y ricos hombres al pueblo de Pradilla, en el cual manifestó su resolución inquebrantable de arrancar de las sienes de I). García, Ramírez el reino de Navarra, toda vez que este, en el reinado anterior de Alfonso I, era una parte del reino de Aragón. Sabedor García Gutierrez do los proyectos do Ramiro el Monge, hizo alianza con el rey de Castilla, y se aprestó con las armas á defender sus derechos á la corona de Navarra. Emprendióse, pues, una guerra sangrienta entre navarros y aragoneses, en la cual dieron pruebas uno y otro pueblo, durante dos años que duró esta lucha, del gran valor con que la historia de nuestra patria les ha distinguido siempre. El resultado de estas horribles contiendas, en- las que ordinariamente no llevabau los navarros la mejor parte, fué el nombra miento de tres ricos hombres por cada reíuo para tratar de la mejor manera de terminar la encarnizada lucha, y reunidos al efecto en Vadolesengo los comisionados de Aragón T). Cajal, D. Ferriz y D. Pedro de Alarés, y los de Navarra D. Ladrón, D. Guillen y don Simón, acordaron que el revD. Ramiro fuese estimado y tenido como padre, y el rey D. García Ramírez como hijo, y que cada uno gobernase su respectivo reino; que D. Ramiro fuese sobre todo el pueblo, y D. García sobre todoslos caballeros,y que unánimemente combatiesen contra los enemigos de la fé, que habian, en cierto modo, aprovechádose de aquellas disensiones
para bien de sus proyectos. Fácil es comprender que al aprobar D. Ramiro semejantes condiciones, debió apoderarse de la nobleza de Aragón una ira y sentimiento profundo. Lo que hasta entonces habia sido acatamiento y consideración al ilustre descendiente de D. Sancho, de 1). Pedro y T). Alfonso, se convirtió ahora en ódio y desprecio al monge I). Ramiro, desprecio que subió de punto, cuando intentando el rey de Navarra apoderarse traidóramente do D. Ramiro en Pamplona, no exigió este ni aun satisfacción verbal á I). García, á protesto de-consagrar toda su atención á la lucha con los moros.
X.
Tales actos de Ramiro, en tan abierta oposicion con el carácter de los aragoneses, dio ocasion á varios insultos de parte de estos al rey, como el llamarle entre otras cosas el rey Carnicol, el rey Cugulla, y otros nombres alusivos á su vida de monge, y á su notoria y ridicula cobardía. No pucliendo el carácter pacífico de 1). Ramiro sufrir ya tantos y tan ridículos insultos de la nobleza, apeló, según algunos dicen, al medio natural en esta clase de reyes, de consultar su antiguo confesor fray Frotardo, sobre lo que debiera hacer con la nobleza que así le trataba. Cuéntase quo la contestación, natural también de un monge como Frotardo, fué llevar al mensajero del rey á uno de los jardines de su convento, y á presencia del infanzón, fué cortando con un cuchillo .la cabeza de las coles mas frondosas y lozanas que en el huerto había , respuesta elocuente y bárbara que el infanzón comprendió perfectamente y que puso en conocimiento de D. Ramiro. El consejo de un confesor, para reyes como el monge 1). Ramiro, era un precepto religioso, y como tal infalible. Solo así puede esplicarse que un carácter débil y pusilánime como el de este rey, se propusiera y llevara á cabo los deseos de fray Frotardo. Descifrando, pues, D. Ramiro la respuesta de su confesor, leyó que su reino era el huerto, que las coles eran los graudes, y que aquellas necesitaban carne para ser buenas; y resuelto á cumplir este mandato , convocó Córtes á la ciudad de Huesca, á donde hizo venir á los grandes y regidores del reino, para proponerles la construcción de la famosa y tradicional campana de la ciudad de Huesca. La hilaridad quo causó á los grandes la rara proposición deD. Ramiro, se convirtió despues en verdad triste y amarga. Hasta el número de quince de aquellos grandes fueron degollados por disposición del rey, formando con los cadáveres un semicírculo que imitaba el borde de una campana, en el centro del cual so colocó también la cabeza del caballero Ordas, para que sirviese de lengua de la campana. Aun hoy los descendientes de Ordas llevan en Huesca por armas una campana con lengua y una col con una cruz.
Cualquiera que sea el valor de esta tradición, es lo cierto que D. Ramiro el Monge no pudo por mas tiempo sobrellevarlos azares y vicisitudes que lo ofrecía su reinado, y determinó abrazar otra vez la vida monástica, para lo cual era mas apto seguramente que para ser rey, y menos de un pueblo de carácter enérgico y
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