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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Huesca &#187; 4.- Reseña histórica desde D. Alfonso II, rey de Aragón, hasta la unión de Aragón a Castilla</title>
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	<description>Historia, Geografía, Sociedad. Provincia de Huesca. Siglo XIX.</description>
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		<title>Página 36</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:52:54 +0000</pubDate>
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<p>año siguiente con doña Inés, ó doña Matilde, según al- f gunos. hermana del duque de Guyana y cotode de Poi-tiers, ie cuyo matrimonio nació doña Petronila, casada despues con el famoso conde de Barcelona. Entre tanto agitábase el proyecto de D. Alfonso, rey de Castilla, de apropiarse la corona de Aragón, y los primeros actos del nuevo rey T). Ramiro el Monje, fueron naturalmente encaminados á evitar que se realizase el pensamiento del rey de Castilla. Pero I). Ramiro, que entre otras rarezas y excentricidades de la comunion religiosa á que por espacio de cuarenta años habia pertenecido, conservaba ese carácter nada espansivo y menos franco y resuelto que imprime la clausura do los monasterios, determinó, cuando se hubo apercibido de las fuerzas que su adversario el rey de Castilla enviaba contra, el reino de Aragón, retirarse de la ciudad de Huesca con los prelados al monasterio de San Juan de la Peña, con lo cual le fué bien fácil al rey D. Alfonso apoderarse de los pueblos de Daroca, Calatayud, Zaragoza y otros, imponiendo con estas conquistas un miedo tal al rey Monge, que resolvió, 110 creyéndose seguro en San Juan de la Peña, retirarse á las montañas de Sobrarbe, y ponerse á salvo en el castillo de Mon-clús. El estado de miseria y abatimiento á que por entonces quedó reducida la provincia que habia elegido por su rey á D. Ramiro, fué en cstremo lamentable, llegando hasta el punto de tenor que suplicar al rey de Castilla que dejase como en feudo, en poder de don Ramiro, las villas que habia conquistado del reino de Aragón, quedando en cambio este rey por su obligado y vasallo.</p>
<p>No aceptando 1). Ramiro semejantes proposiciones y herido en su amor propio, resolvió obrar de aquí en adelante de muy distinta manera, y quizá temiendo aun oponerse á D. Alonso se retiró con sus prelados y ricos hombres al pueblo de Pradilla, en el cual manifestó su resolución inquebrantable de arrancar de las sienes de I). García, Ramírez el reino de Navarra, toda vez que este, en el reinado anterior de Alfonso I, era una parte del reino de Aragón. Sabedor García Gutierrez do los proyectos do Ramiro el Monge, hizo alianza con el rey de Castilla, y se aprestó con las armas á defender sus derechos á la corona de Navarra. Emprendióse, pues, una guerra sangrienta entre navarros y aragoneses, en la cual dieron pruebas uno y otro pueblo, durante dos años que duró esta lucha, del gran valor con que la historia de nuestra patria les ha distinguido siempre. El resultado de estas horribles contiendas, en- las que ordinariamente no llevabau los navarros la mejor parte, fué el nombra miento de tres ricos hombres por cada reíuo para tratar de la mejor manera de terminar la encarnizada lucha, y reunidos al efecto en Vadolesengo los comisionados de Aragón T). Cajal, D. Ferriz y D. Pedro de Alarés, y los de Navarra D. Ladrón, D. Guillen y don Simón, acordaron que el revD. Ramiro fuese estimado y tenido como padre, y el rey D. García Ramírez como hijo, y que cada uno gobernase su respectivo reino; que D. Ramiro fuese sobre todo el pueblo, y D. García sobre todoslos caballeros,y que unánimemente combatiesen contra los enemigos de la fé, que habian, en cierto modo, aprovechádose de aquellas disensiones</p>
<p>para bien de sus proyectos. Fácil es comprender que al aprobar D. Ramiro semejantes condiciones, debió apoderarse de la nobleza de Aragón una ira y sentimiento profundo. Lo que hasta entonces habia sido acatamiento y consideración al ilustre descendiente de D. Sancho, de 1). Pedro y T). Alfonso, se convirtió ahora en ódio y desprecio al monge I). Ramiro, desprecio que subió de punto, cuando intentando el rey de Navarra apoderarse traidóramente do D. Ramiro en Pamplona, no exigió este ni aun satisfacción verbal á I). García, á protesto de-consagrar toda su atención á la lucha con los moros.</p>
<p>X.</p>
<p>Tales actos de Ramiro, en tan abierta oposicion con el carácter de los aragoneses, dio ocasion á varios insultos de parte de estos al rey, como el llamarle entre otras cosas el rey Carnicol, el rey Cugulla, y otros nombres alusivos á su vida de monge, y á su notoria y ridicula cobardía. No pucliendo el carácter pacífico de 1). Ramiro sufrir ya tantos y tan ridículos insultos de la nobleza, apeló, según algunos dicen, al medio natural en esta clase de reyes, de consultar su antiguo confesor fray Frotardo, sobre lo que debiera hacer con la nobleza que así le trataba. Cuéntase quo la contestación, natural también de un monge como Frotardo, fué llevar al mensajero del rey á uno de los jardines de su convento, y á presencia del infanzón, fué cortando con un cuchillo .la cabeza de las coles mas frondosas y lozanas que en el huerto había , respuesta elocuente y bárbara que el infanzón comprendió perfectamente y que puso en conocimiento de D. Ramiro. El consejo de un confesor, para reyes como el monge 1). Ramiro, era un precepto religioso, y como tal infalible. Solo así puede esplicarse que un carácter débil y pusilánime como el de este rey, se propusiera y llevara á cabo los deseos de fray Frotardo. Descifrando, pues, D. Ramiro la respuesta de su confesor, leyó que su reino era el huerto, que las coles eran los graudes, y que aquellas necesitaban carne para ser buenas; y resuelto á cumplir este mandato , convocó Córtes á la ciudad de Huesca, á donde hizo venir á los grandes y regidores del reino, para proponerles la construcción de la famosa y tradicional campana de la ciudad de Huesca. La hilaridad quo causó á los grandes la rara proposición deD. Ramiro, se convirtió despues en verdad triste y amarga. Hasta el número de quince de aquellos grandes fueron degollados por disposición del rey, formando con los cadáveres un semicírculo que imitaba el borde de una campana, en el centro del cual so colocó también la cabeza del caballero Ordas, para que sirviese de lengua de la campana. Aun hoy los descendientes de Ordas llevan en Huesca por armas una campana con lengua y una col con una cruz.</p>
<p>Cualquiera que sea el valor de esta tradición, es lo cierto que D. Ramiro el Monge no pudo por mas tiempo sobrellevarlos azares y vicisitudes que lo ofrecía su reinado, y determinó abrazar otra vez la vida monástica, para lo cual era mas apto seguramente que para ser rey, y menos de un pueblo de carácter enérgico y</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 37</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:52:48 +0000</pubDate>
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<p>fa rro como e! de Aragón. Pero habia de ser en este, como en todos sus actos anteriores, fatal para el reino, y así dispuso, sin consultar á la nobleza ni al pueblo, hacer entrega de su única hija doña Petronila y de todo su reino á T). Alonso rey de Castilla, enviando al efecto á D. Cajal, su favorito, para que suplicase á este rey que admitiese la donación. Aceptada esta, y sabedores los aragoneses do la traición de I). Ramiro, arrancaron á doña Petronila de las manos de D. Alonso, en cuyo poder ya se hallaba, y concertaron el casamiento de esta con D. Ramón Berenguer, conde de Barcelona, obligando á T). Ramiro á que lo otorgase en Barbastro á 11. de agosto de 1137, y á que hiciese por lo tanto donacion áD. Ramón, su yerno, de la corona que tan cobarde y desastrosamente habia ceñido por espacio de tres años. Así las cosas, retiróse D. Ramiro al monasterio de San Pedro el &#8220;Viejo de la ciudad de Huesca, á disfrutar de la calma y tranquilidad del monasterio, para el cual habia nacido.</p>
<p>XI.</p>
<p>Sucedió á D. Ramiro su hija doña Petronila, ó mejor dicho, su yerno T). Ramón Berenguer, conde de Barcelona. Las circunstancias en que recibió el reino este valeroso príncipe, no podían ser mas tristes ni desgraciadas. Debilitada la monarquía aragonesa; perdida una no pequeña parte de sus dominios: enardecido con sus triunfos D. García Ramírez, rey de Navarra, /acechando el de Castilla el momento de arrojarse sobre Aragón, el príncipe D. Ramón Berenguer necesitaba de no poco talento y de no monos ánimo para conjurar todos estos peligros, y para acallar las exigencias de la aristocracia aragonesa, que ya se mostraba un tanto inquieta y levantisca. A todo correspondió el de Cataluña, y á todo apeló, así á la paz como á la guerra, para engrandecer el territorio que habia heredado, y para consolidar mas tarde la unión definitiva de Cataluña, y Aragón.</p>
<p>Aliado primero con el rejrde Castilla y despues con el de Navaíra, procuró y consiguió por este medio destruir las buenas relaciones de ambos, y convertir el poder del uno contra el otro. No salió sin embargo airoso en todas ocasiones de esta manera de obrar; pero las pérdidas que por este lado pudo sufrir, quedaron compensadas con la cesión espontánea que los ca-&#8221; ballerosde la órden del Temple hicieron de sus dominios en Aragón, á favor del nuevo y hábil monarca. Mas adelante estableció este mismo príncipe esta órden de caballería en su reino, concediéndole, con otras rentas y derechos, los castillos de Monzon , Moncayo, Chalamera, Barbera, Remolins y Corbins. Esta institución fué aprobada en la Asamblea ó Concilio de Gerona, y desde entonces quedó instalada en Aragón la famosa milicia que tan poderosa habia deshacerse con el tiempo.</p>
<p>D. Ramón Berenguer tomó una parte, y muy principal, en todos los sucesos que de alguna importancia acaecieron entonces en la Península: asistió, como general en jefe de la armada, á la toma do Almería, ciudad entonces la mas opulenta que poseían los musulmanes en la costa del Mediterráneo, y creó una ma-</p>
<p>rina fuerte y propia que lió gran impelí &#8221; á su rancio y le sirvió para estrechar su alianza con los ser:.reveses. Con tan buenas circunstancias, volvió sus armas, primero contra Tortosa, y despues contra Lérida y Fraga, plazas todas que fueron tomadas, recobrando de esta suerte su independencia todo el territorio cata-lan. Acompañaban en estas emp&#8217;esas al príncipe los condes de Urgel, de Pallás, de Ampurias. de Vearne, de Cardona, el intrépido D. Ramón de Moneada, y los templarios.</p>
<p>Celebrado por fin el matrimonio entre el conde de Barcelona D. Ramón Berenguer IV con doña Petronila de Aragón, sintióse al año siguiente la jóveu reina próxima á ser madre. Ya en los dolores del parto, hizo aquella señora un testamento, si notable por las circunstancias, mas notable aun por su objeto. Daba en él al infante que naciera, caso de ser varón, todo el reino do Aragón, tal como lo habia poseído el rey don Alfonso I, pero dejando el usufructo y administración de él al conde su marido mientras viviese. Si el padre sobrevivía al hijo, quedaba aquel dueño libre y absoluto del reino en toda su integridad; mas si lo que naciera fuera hija, solo recomendaba al padre que procurara casarla y dotarla honorífica y con :enientemen-te: disposición estraña en que se ve la esclusionque hacia de las hembras para la sucesión de los reinos la misma que siendo hembra los habia heredado (1).</p>
<p>Doña Petronila dio despues de esto á luz un hijo, que como su padre se llamó también Ramón todo el tiempo que aquel vivió, y que mas adelante , trocado el nombre con el de Alfonso, habia de heredar ambas coronas. Desde este suceso hasta el de la muerte del conde de Barcelona D. Ramón Berenguer (7 de agosto de 1161), nada aconteció de notable en tierra de Huesca, como no sea la parte activa que tomó en las interminables guerras con el rey de Navarra. Muerto don Ramón, dejaba en su testamento á su primogénito los dominios íntegros de Aragón y Barcelona ; y todos los demás, á escepcion de los condados y señoríos de Cerdeña, Carcasona y Narbona, á su segundo hijo Pedro, con obligación de reconocer por ellos home-nage á su hermano, y con la cláusula de que el mayor los poseyese hasta que Pedro llegase á edad de armarse caballero.</p>
<p>XII.</p>
<p>Poco tiempo despues, la reina viuda doña Petronila convocó á Córtes generales en Huesca á todos los prelados, ricos hombres, caballeros y procuradores de las ciudades y villas ; y dado en ellos conocimiento de la última voluntad del difunto D. Ramón Berenguer, su esposo, aprobó yconfirmó su disposición testamentaria-Tomó mano en el gobierno del reino, encomendó el de Cataluña al^ondeD. Ramón Berenguer de Proven&#8217;za, durante la menor edad de su hijo, y quiso que este, de allí adelante, fuese llamado Alfonso. Fué este acontecimiento uno de los de mas trascendencia para el porvedir de Aragón. La unión de las dos coronas era ya un hecho. Aquellos dos pueblos , que separados</p>
<p>(1) Lafuénte, Historia de España.</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 38</title>
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fci&#8217;ian realizólo zot s; &#62;:&#8217;:s tantas y tan grandes co-s.i?. eran ya, no solamente hermanos, sino que estaban identificados en nna misma suerte, y obedecían á un mismo impulso y á un idéntico espíritu de nací i^aliíad. Xo se comprende bien cómo este hecho, s. t luces tan importante, no desperté, ya desde el ptiaripi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (38).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>fci&#8217;ian realizólo zot s; &gt;:&#8217;:s tantas y tan grandes co-s.i?. eran ya, no solamente hermanos, sino que estaban identificados en nna misma suerte, y obedecían á un mismo impulso y á un idéntico espíritu de nací i^aliíad. Xo se comprende bien cómo este hecho, s. t luces tan importante, no desperté, ya desde el ptiaripi :&gt;, temores y disensiones en los demás reinos n jue entonces estaba dividida 1a. Península. Por maestra parte creemos, y esta es una opinion que aventáramos con desconfianza, por sor propia, q uc si li Constitución aragonesa, y en este punto también li ir Cataluña, no hubiera limitado por tantas partes -i antori laJ.de los monarcas, los reyes de Aragón, á partir ie esto suceso, hubieran sido los destinados á absorber la monarquía de Castilla, y con ella la de k&lt;s i-más dominios de España; tal y tan grande era 7&gt;:r entonces el poder que con la unión de ambos reinos alcanzaba el heredero del conde de Barcelona don Ramón Berenguer IV.</p>
<p>Reconocido Alfonso II por rey de Aragón y Cataluña, pasó á Zaragoza, donde en Cortes celebradas con asistencia de todos los que á ellas debian concurrir y de los procuradores de Huesca, Jaca, Tarazo-na, Calatavud y Daroca, juró que de allí adelante, hasta el dia en que fuese armado caballero, echaría del reino á cualesquiera que no diesen y entregasen las tenencias y castillos de la corona; lo cual juraron á su vez todos los ricos hombres y procuradores hacer guardar y cumplir. Afortunado en sus guerras Alfonso II, y alcanzando mayores triunfos siempre con los moros de Valencia y Murcia, consiguió libertar definitivamente á su reino del feudo que sus predecesores reconocían á la monarquía castellana. Murió el rey D. Alfonso en Perpiñan (abril 1196), v sus restos mortales fueron conducidos al monastcrioPoblet, desde cuya época fué dedicado á sepulturas de los reyes de Aragón, como lo habia sido hasta entonces el monasterio de San Juan de la Peña.</p>
<p>Al mes siguiente, el infante I). Pedro, que en la disposición testamentaria habia sido nombrado heredero universal de Aragón, Cataluña, Rosellon, Pallas y demás Estados, desde Bitierres hasta el puerto de Aspe, confirmó en Zaragoza los fueros, costumbres, usos y privilegios del reino de Aragón, hecho lo cual, ordenó sus gentes de armas para socorrer al rey de Castilla, cuyos Estados andaban acometidos por el de León y por el emperador Aben-Yussuf.</p>
<p>Despues de haber arreglado D. Pedro II las disensiones que mediaban entre él y su madre doña Sancha, caliendo álas ideas teocráticas que entonces impera-tan. concibió el pensamiento de ser coronado por maso del Sumo Pontífice, como de quieu representaba ambas soberanías en la tierra. Determinó, pues, hacer so viaje á Roma, y llegado allí, recibió con gran — r-a y solemnidad la corona de manos del Papa, t &#8211; insignias reales y la espada con que fué armado caballero. Agradecido el monarca, juró ser siempre Sd y obediente al Soberano Pontífice y á sus católicos ■asesores, ofreció su reino á la Iglesia romana, hacién-&amp; í perpetuamente censatario de ella, y obligándose ¿ t-i-rir.r doscientos cincuenta maravedises de oro de írl: -to :¿ia un año. El Papa otorgóle, en cambio, el</p>
<p>que i js reyes de Aragón pudiesen&#8221; en adelante coronarse en Zaragoza por manos del metropolitano de Tarragona; cedióle además el derecho de patronato que tenia en todas las iglesias del reino; nombróle alférez mayor de la Iglesia, y ordenó, que en honra de la casa real de Aragón, los colores del estandarte de la Iglesia fuesen en adelante los de las armas reales, que eran el amarillo y encarnado. El historiador Blancas refiere, á proposito de esta coronacion, un hecho que merece ser trasladado, como prueba del espíritu general de aquellos tiempos. Los Papas ponion la corona en las sienes de los príncipes, no con las manos sino con los piés, como señal de la servidumbre de los príncipes al poder espiritual de la Iglesia. Sabíalo esto el rey D. Pedro, y valióse de un ingenioso ardid para que el Papa lé pusiese la corona de una manera menos depresiva para la dignidad real. Mandó D. Pedro hacer una corona de pan cenceño que adornó con muchas y ricas piedras preciosas, y de esta suerte, por respeto á la materia de que la corona era hecha, consiguió que el Pontífice se la pusiera con las manos.</p>
<p>Sea de esto lo que quiera, es lo cierto que tan pronto como regresó el rey á Aragón, impuso á todo el reino, sin esceptuar á los infanzones , para indemnizarse de los gastos de su viaje á Roma, el tributo llamado monedage, que consistía en un tanto por cada moneda. Este nuevo impuesto, y la cesión hecha por D. Pedro al Soberano Pontífice, fué de las mas graves consecuencias para su propia suerte y para el porvenir de su reino.</p>
<p>Negáronse los aragoneses á satisfacer tan injusta gabela, y mucho mas aun á sancionar la servidumbre en que habia colocado al reino respecto al jefe de la Iglesia. Toda la independencia del carácter aragonés, toda la fiera altivez de aquella aristocracia tan amante de sus derechos, y todas las fuerzas de aquella constitución tan por todo extremo hecha para contener y refrenar las arbitrariedades de los reyes, estallaron, por decirlo así, en aquella ocasion, contra los actos impremeditados e imprudentes del rey D. Pedro. Negábanle, y con razón, que estuviera facultado para disponer de la suerte de su reino; echábanle en rostro que habia malogrado los esfuerzos de tantas generaciones para conseguir su independencia, y acusábanle de haber destruido las libertades y derechos del pueblo.</p>
<p>A todos estos cargos escusábase el rey con que no habia sido su intención renunciar los derechos del reino, sino solamente el suyo propio y personal, distinción pueril é inmotivada, que dió luga¡r mas adelante, como veremos, á que uu Pontífice fuera osado á privar de su reino á otro rey de Aragón, como subdito y vasallo que lo consideraba de la Iglesia. Turbáronse á consecuencia do todo esto los ánimos, y fué entonces cuando sonó la primera vez la palabra unión, que tan terrible é importante papel representa despues en la historia del reino. Tardó no poco tiempo encalmarse el justo temor de los aragoneses, que al fin negaron el pago del tributo á la Iglesia; pero quedó desde entonces introducido el derecho que llamaron de coronacion, que lo pagaban ciertas universidades y comunes en unión con los villanos.</p>
<p>E</p>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:52:33 +0000</pubDate>
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Casóse D. Pedro II con doña María de Montpellcr, hija única del conde Guillermo, y nieta del emperador Manuel de Constantinopla, y fué este matrimonio no menos señalado en la historia eclesiástica del reino por los desvíos de D. Pedro, que en la política por el fruto que naciéde este matrimonio. Cuentan los historiadores, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (39).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>Casóse D. Pedro II con doña María de Montpellcr, hija única del conde Guillermo, y nieta del emperador Manuel de Constantinopla, y fué este matrimonio no menos señalado en la historia eclesiástica del reino por los desvíos de D. Pedro, que en la política por el fruto que naciéde este matrimonio. Cuentan los historiadores, y en este punto todos están conformes, que á pesar de ser doña María una de las princesas mas distinguidas de su tiempo, separóse al instante el rey de ella, movido por otros amores y devaneos que allí mismo, en Montpellcr, tenia, con desvío manifiesto de su legítima esposa.</p>
<p>Los cónsules y prohombres, que veian con disgusto esta conducta del monarca, y con sentimiento la falta de sucesión de la reina , idearon, de acuerdo con un rico hombre de Aragón llamado don Guillen de Alcalá, una ingeniosa estratagema para que se realizase la unión, siquiera fuese momentánea, de los dos separados esposos. Hé aquí cómo refiere Montaner, que alcanzó y conoció á 1). Jaime el Conquistador, lo ocurrido en aquella famosa noche. Con arreglo al plan combinado, cuaudo todo el mundo dormía en palacio, veinticuatro prohombres, abades, priores, el oficial del obispo y varios religiosos, doce damas y otras tantas doncellas con cirios en la mano, fueron al palacio real con dos notarios, y llegaron hasta la puerta de la cámara del rey. Entró la reina: los demás se quedaron fuera arrodillados y en oracion toda la noche. El rey creía tener á su lado la dama de quien era servidor: las iglesias do Montpeller estuvieron abiertas, y todo el pueblo se hallaba en ellas reunido y orando, según lo acordado. Al-amanecer, los notables, los religiosos y todas las damas, cada uno con una antorcha en la mano, entraron en la real cámara. El rey saltó de la cama asustado, y echó mano á la espada: entonces se arrodillaron todos, y enternecidos- csclamaron: «Por Dios, señor, mirad con quien estáis acostado.» Reconoció el rey á la reina, y le es-plicaron el plan y objeto de aquel suceso. «Pues que así es, esclamó el rey, quiera el cielo cumplir vuestros votos.» En aquel mismo dia montó el rey á caballo, y salió de Montpeller.</p>
<p>Merced á este dichoso engaño, fué, como dice Gerónimo do Zúrita, concebido aquella noche un varón, que por disposición divina lo fué para propagar la república y religión cristiana, como prueban las proezas que despues hizo. Llegado el tiempo de venir al mundo el fruto de aquella noche histórica, cuenta la crónica, que queriendo la reina poner al infante el nombre de uno de los doce apóstoles, mandó encender doce velas iguales con los nombres de ellos, resuelta á ponerle el de la vela que mas durase; y habiendo sido esta la del Apóstol Santiago, le puso el de Jaime, que era y es sinónimo de Santiago en aquel reino.</p>
<p>Por nada de todo esto desistió el rey D. Pedro de sus instancias para que se declarase nulo y se disolviese el matrimonio, cosa que habia entablado ya hacia algún tiempo; pero fué vano su empeño, porque el Papa persistió siempre en la sentencia favorable que habia concedido á la reina desde un principio.<br />
Por este tiempo hacia grandes progresos en Francia la heregía de los albigenses, que como todas las heregías, tomó tanto mayor incremento cuanto mayor era el empeño que mostraba la Iglesia por estin-guirla. Estendidos por el Languedre y el condado de Tolosa, los albigenses penetraron poco despues en Cataluña y Aragón, en tan gran número, que el rey D. Pedro, después de haber llamado á los prelados y ricos hombres del reino á Córtes en Lérida en 1210, promulgó un edicto contra los que dentro de un año no entrasen en el gremio de la Iglesia católica.</p>
<p>No fué este edicto parte para que la heregía acabara; pero las medidas de rigor contra los albigenses fueron talos, y tan grande la crueldad q uc con ellos emplearon en varios puntos, que hubieron de replegarse la mayor parte hácia el Mediodía de Francia, en donde hacian una resistencia desesperada. Fué esta heregía fatal para el rey I). Pedro, porque habiendo pasado á Francia para socorrer á sus deudos los condes de Tolosa y de Vearne y de Fois, perdió allí miserablemente la vida, con muchos de los valientes que le habían acompañado en la gloriosa jornada de las Navas de Tolosa. Así pereció el valeroso rey D. Pedro IIde Aragón, y su cadáver fué enterrado al lado del de su madre doña Sancha, en el monasterio de Sigena.</p>
<p>XIV.</p>
<p>D. Jaime I de Aragón fué jurado rey por aragoneses y catalanes en las Córtes de Lérida en 1214. Ningún monarca so encontró en peores circunstancias que el jó ven príncipe al ceñir la corona de aquellos ricos paises. Encerrado en el castillo do Monzon bajo el poder del maestre del Temple; combatido por sus dos tíos D. Sancho y D. Fernando que aspiraban á sustituirle en el reino; dividido este en bandos y parcialidades; agotadas las fuerzas de ambos paises. y careciendo el jóven monarca, dicen algunos historiadores, hasta de lo necesario para sustentarse y subsistir, encontróse D. Jaime en una situación, que por lo triste y penosa, tiene bien pocos ejemplos en la historia. De todo, sin embargo, salió vencedor aquel rey, destinado á ser | una do las figuras mas grandes é imponentes de su si-í glo, y uno de los monarcas cuya memoria vivirá eternamente en 1a, memoria do los pueblos.</p>
<p>Poco mas de nueve años tenia D. Jaime, cuando salió un dia al amanecer de Monzon, y lo primero que le noticiaron los ricos hombres que en el puente lo aguardaban, fué que su tio el conde D. Sancho, que habia sido nombrado procurador general del reino, se hallaba con toda su gente en Selgua, dispuesto á darles batalla. Mostró el rey entonces que, aunque niño, no temia los combates, y vestido de una ligera cota, prosiguió animoso su camino, llegando sin contratiempo á Huesca, y poco después á Zaragoza, en donde fué recibido con gran regocijo y solemnidad.</p>
<p>Otorgáronle de buen grado el clero y los varones el subsidio del iotaffc, servicio que en reconocimiento de señorío á los reyes pagaban al principio de su reinado el clero y las ciudades de Cataluña. Celebró Córtes de catalanes en Tarragona, y dos meses despues las celebró generales de catalanes y aragoneses</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 40</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:37:24 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[4.- Reseña histórica desde D. Alfonso II, rey de Aragón, hasta la unión de Aragón a Castilla]]></category>
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en Lérida, siendo esta la primera Asamblea de los dos reinos unidos de que se tiene noticia.
Entre las disposiciones importantes que en estas Córtes se tomaron, merecen recordarse el juramento que hizo que no daria lugar á que se labrase otra moneda que la jaquesa, ni á que bajase ni subiese de ley ni do [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (40).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>en Lérida, siendo esta la primera Asamblea de los dos reinos unidos de que se tiene noticia.</p>
<p>Entre las disposiciones importantes que en estas Córtes se tomaron, merecen recordarse el juramento que hizo que no daria lugar á que se labrase otra moneda que la jaquesa, ni á que bajase ni subiese de ley ni do peso, y la reconciliación quo algunos prelados y ricos hombres le procuraron con su tio el conde don Sancho, el cual prometió que serviría fiel y legalmente al rey, y quo renunciaría á sus pretensiones y demandas, recibiendo en cambio de esta sumisión las villas de Alfamen, Almudovar, Almuniente, Pertusa y Lagunarota , hasta la renta de 15,000 sueldos, con mas otros 1.0,000 sobre las rentas de Barcelona y Yi-llafranca.</p>
<p>Concertado despues su matrimonio con la princesa doña Leonor de Castilla, hermana de la reina doña Be-renguela, salió 1). Jaime con grande acompañamiento de prelados y ricos hombres, á recibir á la que iba á ser reina do Aragón; y en la villa de Agreda se celebraron las bodas, dando el rey en arras á su esposa, con otras villas de importancia, la ciudad de Barbas-tro, Tamarite, Montalban, Cervera y las montañas de Siurana y Prados.</p>
<p>Sucedía esto cuando el rey no contaba mas do trece años de edad, y ya en este tiempo habia dadoD. Jaime claras muestras de lo que era, y de lo que seria andando los tiempos y sucesos. En pocas ocasiones se habia mostrado la aristocracia aragonesa mas turbulenta y arrogante que en aquellos tiempos. Aprovechándose de 1a. poca edad del monarca, de la multitud de privilegios con que habían sido enriquecidos por los reyes antecesores y de la gran fuerza de que por la Constitución áragonesa estaban revestidos, aquellos nobles no cesaron un momento de mantener al reino en un continuo estado de perturbación, inquietándose los unos á los otros, y tomando por la fuerza lo que no podian alcanzar con mejores artes. Mezclábase, como ora natural en estas contiendas, el alto clero, que en Aragón, como en todas partes, figuraba siempre á la cabeza de los nobles mas orgullosos y descontentos.</p>
<p>Asilas cosas, D. Jaime comprendió que era necesario dominar por la fuerza y colocarse resueltamente al lado de los unos y do*los otros para irlos venciendo paulatina pero seguramente. Difícil era desempeñar bien este propósito, muy superior por cierto á lo que la edad de aquel príncipe prometía, pero la discreción de D. Jaime y su ánimo esforzado fueron bastantes para contrarestar y superar estas, y aun mayores dificultades.</p>
<p>XV.</p>
<p>• Seria tarea bien larga reseñar las muchas guerras que tuvo que sostener, los sinsabores que sufrir y los peligros que correr en aquella larga serie de disturbios, provocada por la ambición de los nobles aragoneses, capitaneados por el infante D. Fernando, que no cesaba de aspirar á usurparle la corona. La osadía de aquellos ricos hombres llegó á tal punto, que cuéntase que una vez que el soberano se atrevió á reconvenir al poderoso D. Pedro Ahoncs por no haber</p>
<p>concurrido á Teruel para el cerco de Peñíseola, según en su convocatoria habia ordenado, cruzáronse entre uno y otro palabras agrias como de igual á igual, y como el rey intimase á su subdito que se diese á prisión, llevó su audacia el rico hombre hasta empuñar la espada contra D. Jaime, y empeñóse entre ellos una lucha cuerpo á cuerpo, de que felizmente el monarca, robusto y fuerte como era, aunque jóven, pues no contaba sino diez y siete años, salió vencedor. Con tan poco respeto trataban al rey los mismos suyos, que habiendo algunos de ellos sido testigos oculares de aquella lucha, estuvieron mirándola con fría calma, sin que uno solo se moviera á desembarazar á su soberano de aquel insolento competidor.</p>
<p>Hé aquí cómo cuenta este incidente el mismo rey D. Jaime en la crónica ó comentario de sus hechos: «Acabadas tales razones, dice, él (T). Pedro Aliones) so puso en pié, y aquellos que estaban con Nos nos desampararon á ambos. D.Pedro, que tenia famade gran caballero y de muy diestro en las. armas, apenas se vió solo con Nos, puso mano á la espada, mas con nuestra mano se la sujetamos de tal modo, que no pudo desenvainarla. Lo s caballeros de L). Pedro Aliones no habian descabalgado aun, y estaban afuera : mas al oir el ruido que se movi a en la casa , apeáronse como unos treinta ó cuarenta á la vez: mientras venían^ I). Pedro quiso poner mano á la daga, pero se lo impedimos asimismo, y.ni siquiera pudo moverla. A tal razón entraron los suyos, mi entras que los nuestros estaban en sus casas, y nos sacaron á D. Pedro de entre manos, de las que él no habia podido desasirse, sin embargo de su vigor. Así escapó de Nos sin que los nuestros que estaban en casa nos ayudaran, antes al contrario, miraban con calma la lucha que con él teníamos.» Perseguido en su salida D. Pedro Aliones por algunos caballeros de la mesnada del rey, pereció alanceado por Sancho Martínez de Luna.</p>
<p>En otra ocasion, hallándose en Huesca, donde habia sido recibido con grandes fiestas, faltóle poco para ser al dia siguiente víctima de un alboroto popular. Cerrando estaban las calles y salida de la ciudad con cadenas para impedir que pudiera evadirse, y solo á un ingenioso ardid y á una serenidad y arrojo que apenas se conciben en tan pocos años, debió D. Jaime su salvación, logrando salir de la ciudad y ponerse en camino del Isuela con cinco de sus leales caballeros.</p>
<p>Estos hechos prueban bien hasta qué punto estaba menoscabada la autoridad del rey, y cuán grande era la arrogancia de aquellos nobles, que todo lo fiaban á su brazo y á su espada. Apoyábanse el infante D. Fernando, y los que con él limitaban contra D. Jaime, en las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca. Peto como la turbación era tan estremáda, y con ella los daños, robos y homicidios aumentaban diariamente, estas tres ciudades hicieron entre sí una especie de confederación, que sus procuradores ratificaron después en Jaca, en el mes de noviembre de 1226. Determinaron allí unirse y valerse con todo su poder, contra cualesquiera personas, salvando en todo el derecho de fidelidad que debian al rey y á su reino, obligan-</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 41</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:37:15 +0000</pubDate>
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dose con juramentos y homenajes, que no se pudiesen apartar de esta amistad, ni absolverse de aquella jura por ninguna cai^a, antes se conservase entre ellos siempre esta concordia y unión entre sus sucesores; y juraron de cumplir todos los vecinos desde siete años arriba, so pena de perjuros y traidores al fuero de Aragón, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (41).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>dose con juramentos y homenajes, que no se pudiesen apartar de esta amistad, ni absolverse de aquella jura por ninguna cai^a, antes se conservase entre ellos siempre esta concordia y unión entre sus sucesores; y juraron de cumplir todos los vecinos desde siete años arriba, so pena de perjuros y traidores al fuero de Aragón, declarando que no pudiesen salvar su fé en córte ni fuera de ella.</p>
<p>Todo este orgullo, todo este alarde de fuerza de los infantes disidentes, de los prelados, de los ricos hombres y caballeros, fueron sin embargo completamente humillados por el jó ven monarca, que les obligó además á bajar su frente y á rendir homenage al rey. Los medios que para conseguir tales resultados debió emplear 1). .Jaime, tuvieron que ser de fuerza y energía unas veces, de sagacidad y de talento otras. No de otro modo pudo terminar las disensiones de algunos magnates descontentadizosy ambiciosos para atraerlos á su causa.</p>
<p>La entereza -y serenidad imperturbable del rey en los mayores peligros; su bizarría y su gran inteligencia en las luchas civiles para rescatar con las armas las ciudades de su señorío, y ganar las fortalezas ele los barones que ya se hallaban en número considerable en poder de los descontentos; el aplomo y la completa seguridad que en el triunfo que en todos los actos de guerrá mostró D. Jaime, todo esto convenció plenamente á aquella nobleza altanera y orgullosa de que no podía por ningún concepto competir con el intrépido rey, y al fin y al cabo, bien á su pesar, rindié-ronsele una gran parte de los ricos hombres y magnates, y ofreciéronse á contribuir con todo su valor á apaciguar las turbulencias del reino, con lo cual no tuvieron otro medio el mismo Guillen de Moneada y Pero Cornel, como igualmenie el infante D. Fernando, ambicioso y pertinaz mas que ningunode todos ellos, que rendir homenaje y jurar que en ningún tiempo ni con ocasion alguna moverían guerra ni harían agravio á él ni á sus amigos, y que Huesca, Zaragoza y Jaca y sus consejos, juraran también fidelidad al rey. De esta suerte llegó á apaciguar el reino y á recobrar la autoridad, que ya por debilidad de sus antecesores, vá por el poderío creciente de la nobleza , hubiérase debilitado hasta el extremo que hemos visto en los últimos tiempos.</p>
<p>No hace á nuestro propósito historiar la conquista de Mallorca ni la de Valencia, llevadas acabo por don Jaime, empresas ambas que le han valido el renombre de Conquistador, con que le distingue la historia. Vuelto en 1241 á Aragón, asentado ya su poder sobre Valencia y Mallorca, y apaciguados los ánimos en el interior de su reino, manifestó entonces en las Córtes de Daroca el funesto pensamiento, que ya de antiguo abrigaba, de dividir el reino entre sus hijos. Hizo jurar en aquellas Córtes por sucesor y heredero en el reino-de Aragón á su hijo primogénito D. Alfonso, habido do su primera esposa doña Leonor de Castilla: pero reservando lo de Cataluña á D. Pedro, el mayor de los hijos de doña Violante de Hungría. Demarcó para esto los límites de Cataluña y Aragón, comprendiendo en la primera todo el territorio desdo Salsas hasta el Cinca, y en el segundo hasta Ariza.<br />
Agraviáronse con esto los aragoneses, y á la cabeza de ellos el infante D. Alfonso, que en la repartición quedaba tan claramente perjudicado. A todo acudió el rey, no dándose punto de reposo hasta que consiguió disipar los elementos de perturbación, que con este y otros motivos se levantaban de continuo en Aragón y Cataluña.</p>
<p>XVI.</p>
<p>•</p>
<p>Si fué afortunado en las armas el rey D. Jaime, no lo fué tanto, ni con mucho, en la vida íntima de la familia. El malhadado pensamiento que habia abrigado siempre, y que al fin puso en práctica, de dividir el reino entre sus hijos, trajo como natural consecuencia el descontento de estos, y sobretodo, el del primogénito D. Alfonso. Grandes debieron ser los defectos de este último, pues no de otra suerte se comprende que quien como D. Jaime resplandecía con todo linaje dé virtudes, llegara en su desamor á éste príncipe hasta el estremo de desheredarle de Cataluña, Mallorca y Valencia, y de otros Estados no menos principales é importantes. Los disturbios entre padre é hijo, y acaso también la sinrazón con que el primero habia procedido para aquella fatal división, fueron causa de que los ricos hombres, caballeros y universidades de Aragón se mostraran tan descontentos, que el rey, para aquietarlos, se vi ó en la necesidad de cederle el reino de Valencia, uniéndole al de Aragón. De mal grado hizo D. Jaime esta alteración, y es posible que la hubiera rehusado, á no haber ocurrido la muerte del príncipe D. Alfonso, y con ella el motivo principal para que por lo pronto los ánimos se apaciguaran.</p>
<p>No fue así, sin embargo; por un conjunto fatal de circunstancias, de que solamente estudiando con atención la historia de aquel tiempo puédese dar cuenta, Aragón y Cataluña estaban como despedazadas por un gran número de bandos y parcialidades que mantenían en perpétua intranquilidad aquellas tierras. La prepotencia de la.nobleza, el empeño de D. Jaime por refrenarla, el poco escrúpulo que este habia mostrado en todo aquello que se oponía á lo que él creia que tocaba de derecho á su corona, las largas guerras que habia sostenido, el descontento de sus tios primero, y de sus hijos despues, y el espíritu un tanto levantisco de que dió mas de una prueba el pueblo aragonés en aquella época, todas estas fueron otras tantas causas para que los enconos, los insultos y los crímenes pusieran en grave perturbación al Estado, y para que aquel poder, tan sábiamente organizado en la sociedad aragonesa, hubiera perdido su prestigio y fuerza.</p>
<p>Entonces fué cuando las villas y ciudades, viendo el país lleno de ladrones y malhechores, confederáronse entre sí y constituyeron una hermandad con reglamentos y ordenanzas rigwosas, ya para atender á la propia defensa como para el castigo de los criminales. No contribuyó poco esta milicia, á cuyo sostenimiento contribuían todas las ciudades asociadas, para devolver la seguridad al reino, y ayudar á la autoridad del monarca en el restablecimiento del órden. Por su parte D. Jaime, muerto ya su hijo Alfonso, hizo una nueva partición, en la cual señaló Aragón, Cata-</p>
<p>E</p>
<div id="_mcePaste" style="overflow: hidden; position: absolute; left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px;">en Lérida, siendo esta la primera Asamblea de los dos reinos unidos de que se tiene noticia.</p>
<p>Entre las disposiciones importantes que en estas Córtes se tomaron, merecen recordarse el juramento que hizo que no daria lugar á que se labrase otra moneda que la jaquesa, ni á que bajase ni subiese de ley ni do peso, y la reconciliación quo algunos prelados y ricos hombres le procuraron con su tio el conde don Sancho, el cual prometió que serviría fiel y legalmente al rey, y quo renunciaría á sus pretensiones y demandas, recibiendo en cambio de esta sumisión las villas de Alfamen, Almudovar, Almuniente, Pertusa y Lagunarota , hasta la renta de 15,000 sueldos, con mas otros 1.0,000 sobre las rentas de Barcelona y Yi-llafranca.</p>
<p>Concertado despues su matrimonio con la princesa doña Leonor de Castilla, hermana de la reina doña Be-renguela, salió 1). Jaime con grande acompañamiento de prelados y ricos hombres, á recibir á la que iba á ser reina do Aragón; y en la villa de Agreda se celebraron las bodas, dando el rey en arras á su esposa, con otras villas de importancia, la ciudad de Barbas-tro, Tamarite, Montalban, Cervera y las montañas de Siurana y Prados.</p>
<p>Sucedía esto cuando el rey no contaba mas do trece años de edad, y ya en este tiempo habia dadoD. Jaime claras muestras de lo que era, y de lo que seria andando los tiempos y sucesos. En pocas ocasiones se habia mostrado la aristocracia aragonesa mas turbulenta y arrogante que en aquellos tiempos. Aprovechándose de 1a. poca edad del monarca, de la multitud de privilegios con que habían sido enriquecidos por los reyes antecesores y de la gran fuerza de que por la Constitución áragonesa estaban revestidos, aquellos nobles no cesaron un momento de mantener al reino en un continuo estado de perturbación, inquietándose los unos á los otros, y tomando por la fuerza lo que no podian alcanzar con mejores artes. Mezclábase, como ora natural en estas contiendas, el alto clero, que en Aragón, como en todas partes, figuraba siempre á la cabeza de los nobles mas orgullosos y descontentos.</p>
<p>Asilas cosas, D. Jaime comprendió que era necesario dominar por la fuerza y colocarse resueltamente al lado de los unos y do*los otros para irlos venciendo paulatina pero seguramente. Difícil era desempeñar bien este propósito, muy superior por cierto á lo que la edad de aquel príncipe prometía, pero la discreción de D. Jaime y su ánimo esforzado fueron bastantes para contrarestar y superar estas, y aun mayores dificultades.</p>
<p>XV.</p>
<p>• Seria tarea bien larga reseñar las muchas guerras que tuvo que sostener, los sinsabores que sufrir y los peligros que correr en aquella larga serie de disturbios, provocada por la ambición de los nobles aragoneses, capitaneados por el infante D. Fernando, que no cesaba de aspirar á usurparle la corona. La osadía de aquellos ricos hombres llegó á tal punto, que cuéntase que una vez que el soberano se atrevió á reconvenir al poderoso D. Pedro Ahoncs por no haber</p>
<p>concurrido á Teruel para el cerco de Peñíseola, según en su convocatoria habia ordenado, cruzáronse entre uno y otro palabras agrias como de igual á igual, y como el rey intimase á su subdito que se diese á prisión, llevó su audacia el rico hombre hasta empuñar la espada contra D. Jaime, y empeñóse entre ellos una lucha cuerpo á cuerpo, de que felizmente el monarca, robusto y fuerte como era, aunque jóven, pues no contaba sino diez y siete años, salió vencedor. Con tan poco respeto trataban al rey los mismos suyos, que habiendo algunos de ellos sido testigos oculares de aquella lucha, estuvieron mirándola con fría calma, sin que uno solo se moviera á desembarazar á su soberano de aquel insolento competidor.</p>
<p>Hé aquí cómo cuenta este incidente el mismo rey D. Jaime en la crónica ó comentario de sus hechos: «Acabadas tales razones, dice, él (T). Pedro Aliones) so puso en pié, y aquellos que estaban con Nos nos desampararon á ambos. D.Pedro, que tenia famade gran caballero y de muy diestro en las. armas, apenas se vió solo con Nos, puso mano á la espada, mas con nuestra mano se la sujetamos de tal modo, que no pudo desenvainarla. Lo s caballeros de L). Pedro Aliones no habian descabalgado aun, y estaban afuera : mas al oir el ruido que se movi a en la casa , apeáronse como unos treinta ó cuarenta á la vez: mientras venían^ I). Pedro quiso poner mano á la daga, pero se lo impedimos asimismo, y.ni siquiera pudo moverla. A tal razón entraron los suyos, mi entras que los nuestros estaban en sus casas, y nos sacaron á D. Pedro de entre manos, de las que él no habia podido desasirse, sin embargo de su vigor. Así escapó de Nos sin que los nuestros que estaban en casa nos ayudaran, antes al contrario, miraban con calma la lucha que con él teníamos.» Perseguido en su salida D. Pedro Aliones por algunos caballeros de la mesnada del rey, pereció alanceado por Sancho Martínez de Luna.</p>
<p>En otra ocasion, hallándose en Huesca, donde habia sido recibido con grandes fiestas, faltóle poco para ser al dia siguiente víctima de un alboroto popular. Cerrando estaban las calles y salida de la ciudad con cadenas para impedir que pudiera evadirse, y solo á un ingenioso ardid y á una serenidad y arrojo que apenas se conciben en tan pocos años, debió D. Jaime su salvación, logrando salir de la ciudad y ponerse en camino del Isuela con cinco de sus leales caballeros.</p>
<p>Estos hechos prueban bien hasta qué punto estaba menoscabada la autoridad del rey, y cuán grande era la arrogancia de aquellos nobles, que todo lo fiaban á su brazo y á su espada. Apoyábanse el infante D. Fernando, y los que con él limitaban contra D. Jaime, en las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca. Peto como la turbación era tan estremáda, y con ella los daños, robos y homicidios aumentaban diariamente, estas tres ciudades hicieron entre sí una especie de confederación, que sus procuradores ratificaron después en Jaca, en el mes de noviembre de 1226. Determinaron allí unirse y valerse con todo su poder, contra cualesquiera personas, salvando en todo el derecho de fidelidad que debian al rey y á su reino, oblig-án-</p></div>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:37:07 +0000</pubDate>
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luña y Valencia al infante D. Pedro, y á D. Jaime otro reino independiente compuesto de las Baleares, del Rosellon, la Cerdaña y Montpeller. No era esto todo lo que podia apetecerse, pero era sí una repartición mejor que la anterior, puesto que al fin quedaban bajo un mismo poder los tres ricos reinos, que [...]]]></description>
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<p>luña y Valencia al infante D. Pedro, y á D. Jaime otro reino independiente compuesto de las Baleares, del Rosellon, la Cerdaña y Montpeller. No era esto todo lo que podia apetecerse, pero era sí una repartición mejor que la anterior, puesto que al fin quedaban bajo un mismo poder los tres ricos reinos, que mas tarde se llamaron la Coronilla de Aragón.</p>
<p>Un hecho muy importante, de que no es posible dejar de dar noticia, aconteció en 1264, cuando D.Jai-</p>
<p>me de Aragón, en Córtes de Aragón hechas en Zaragoza, pidió subsidios para ayudar al rey de Castilla en su guerra contra los moros. Como mas adelante veremos, pues que nos prometemos hacer un ligero análisis de la Constitución aragonesa, las Córtes do aquel reino tenían el derecho de votar los subsidios á la corona, y además de hacer á esta presente las quejas ó agravios que el reino ó los particulares hubiesen recibido en el tiempo en que las Córtes estaban cerradas.<br />
Baños de Panticosa.<br />
Con arreglo á estos derechos, los ricos hombres de Aragón espusieron á D. Jaime, en las celebradas en Zaragoza, multitud de quejas, con un rigor y una entereza que no siempre fueron del agrado del monarca. Esto produjo réplicas y contestaciones desagradables hasta el estremo de que, no viendo el monarca manera de atraerlos ánimos para laempresaque habia acometido, hubo de hacer un llamamiento á sus huestes y emplearlas contra los ricos hombres. Estas diferencias, sometidas despues álos obispos y ricos hombres de Huesca, acabaron satisfactoriamente,- pei-o de ellas salió mas vigoroso que nunca el amor de los aragoneses hácia lo que ellos consideraban que les correspondía, á virtud de sus derechos y franquicias.</p>
<p>HUESCA.<br />
Amargos, sobre todo estremo, fueron para el rey D. Jaime los últimos años do su reinado. Después de unasérie brillante de conquistas que engrandecieron su reino y que le constituyen en uno de los monarcas poderosos de su tiempo; despues de haber contribuido poderosamente con sus fuerzas y su persona en todas las empresas que los otros monarcas llevaron á cabo contra los moros; despues, en fin, de haber procurado por todos los medios, reunir en un cuerpo de ley toda la monarquía aragonesa, el rey D. Jaime no encontró, por premio de estos servicios, sino la ingratitud de sus hijos y el continuo descontento de los ricos hombres catalanes y aragoneses.</p>
<p>Habia tenido D. Jaime de una señora de la familia</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 43</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:36:57 +0000</pubDate>
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<p>do Antillon, un liijo ilegítimo, nombrado D. Fernán Sánchez, el cual en su juventud profesaba un ódio irreconciliable al infante 1). Pedro, que por su parte no abrigaba-mejores sentimientos. Varias veces intentaron ambos apelar al asesinato, y en todas ocasiones se acusaban recíprocamente de los cargos mas terribles. Esta animosidad entre los dos hermanos fué causa de que se levantaran dos bandos en Aragón y Cataluña, el uno que seguía la voz del infante heredero, y el otro, muy numeroso también, y compuesto de aquellos nobles mas mal hallados con el rey D. Jaime, y que se habían colocado resueltamente de parte de D. Fernán Sánchez. En vano 1). Jaime agotaba todos los medios de conciliación que su edad y su prudencia le aconsejaban; en vano asimismo los obispos habían procurado aplacarlos ánimos inquietos; los nobles de A ragon y Cataluña, creyéndose, con razón ó sin ella, lastimados en sus derechos y en sus privilegios, despedíanse resueltamente del servicio del rey, y el país, bien hallado por lo visto con este género de discordias, sc colocaba decididamente en el número de los turbulentos.</p>
<p>XVII.</p>
<p>Para poner fin á esto estado de cosas, celebráronse Cortes en Lérida (1274), á las que asistieron aragoneses y catalanes, sometiendo estas diferencias al fallo de cuatro prelados y cuatro barones; pero en esta ocasion, como ya en tantas otras, salieron completamente frustradas las esperanzas de paz y de concordia entre los dos príncipes. Los partidarios de Fernán Sánchez exigían al rey la restitución de las villas y lugares que le habia tomado el infante D. Pedro, á lo cual naturalmente se opuso el monarca, confirmando su deseo el fallo de los ocho jueces nombrados al efecto. Los ricos hombres negáronse por consiguiente á obedecer el fallo, y retirándose de las Corte,s, declaróse la guerra entre ambos partidos (1275).</p>
<p>Encargó el rey al infante D. Pedro que persiguiese sin tregua y sin compasion alguna al bastardo don Fernán Sánchez, mientras que el monarca se dirigía en persona contra el conde de Ampurias; y á fé que I). Pedro en esta ocasion cumplió con demasiada saña el cruel mandato del viejo monarca. Alcanzado Fernán* Sánchez por su hermano el infante 1). Pedro, y cercado en el castillo de Pomar, sobre la ribera del Cinca, quiso aquel huir disfrazado de pastor; pero descubierto en el campo por la gente del infante, fué don Fernán ahogado sin compasion en el rio Cinca por órden do su hermano. Con la muerte de D. Fernán Sánchez rindiéronse las villas que habían tomado parte en favor suyo.</p>
<p>Muchos y graves fueron aun los sucesos en que tomó parte el rey D. Jaime, hasta que á consecuencia de un desgraciado encuentro que sus tropas tuvieron con los moros en el reino de Valencia, recibió una impresión tan dolorosa, que trasladado á Játiva primero, y poco despues á Valencia, terminó allí su gloriosa carrera, después de un largo reinado de sesenta y tres años. La muerte de este gran hombre, si fué universal-mente sentida, lo fué mucho mas en todos los domi-</p>
<p>nios de su reino. Según dice Montaner, citado por el señor Lafuente, apenas se supo la muerte de D. Jaime en Valencia, resonaban por toda la ciudad lamentos de gemidos y de dolor: no habia, dice, ricohombre, ni escudero, ni ciudadano, ni matrona, ni doncella que no siguiese en el cortejo fúnebre su bandera y escudo, que acompañaban diez caballos, y todo el mundo iba llorando y gritando. Este duelo duró cuatro dias en la ciudad. Con iguales demostraciones de dolor fué su cuerpo trasladado al monasterio de Poblct. Halláronse allí arzobispos, obispos, abades, priores, abadesas, religiosos, condes, varones, escuderos, ciudadanos, caballeros, gentes de todas clases y condiciones del reino, en tal manera, que á la distancia de seis leguas las aldeas y los caminos rebosaban de gente.</p>
<p>No tenemos que hacer el elogio de I). .Taime I, porque no es á nosotros á quien corresponde esta tarea: gran capitán, guerrero aguerrido y valeroso, caballero cumplido, v legislador inteligente, unia á estas prendas un natural clemente, y una admirable generosidad con sus émulos y ven cidos. Digno rival de San Fernando y de San Luis, hubiera acaso como estos merecido que la Iglesia lo colocara en el número de sus santos, si no hubiera sido, dice algún historiador, porque no siempre dió muestras de cierta severidad en sus relaciones amorosas.</p>
<p>Di cese, en efecto, que las tuvo con doña Teresa Gil de Vidaure, á quien parece habia dado antes palabra de casamiento, que luego se negó á cumplir: legitimó en cambio á los hijos que hubo de esta señora, que fueron IV Jaime, señor de Exerica, y don Pedro, señor de Ayerbe. De una señora de la casa de Antillon tuvo, como hemos dicho, á D. Fernán Sánchez, á quien dió la baronía de Castro, y de donde tuvo origen la ilustre casa de este apellido. De otra señora aragonesa, llamada doña Berenguela, tuvo otro hijo natural, que fué I). Pedro Fernandez, á quien dió la baronía de Híjar, y de él proceden los del linaje de la casa de Híjar. Y tuvo además á doña Guillerma de Cabrera, de quien no se sabe dejase hijos.</p>
<p>Sus hijos legítimos fueron: de doña Leonor de Castilla, D. Alfonso, que murió en 1260; de doña Violante de Hungría, don Pedro, que le sucedió en la Península; I). Jaime, rey de Mallorca; D. Fernando, que murió niño; D. SaDcho, arzobispode Toledo; doña Violante, reina de Castilla, mujer de D. Alfonso el Sábio; doña Constanza, esposa del infante D.Manuel; doña Sancha, que abrazó la vida religiosa y murió en Jerusalen asistiendo á las enfermas de los hospitales; doña María, religiosa también, y doña Isabel, reina de Francia, esposado D. Felipe el Atrevido.</p>
<p>XVIII.</p>
<p>Si importante fué el reinado de D. Jaime I no lo fué menos para Aragón y para el resto de la Península el de su sucesor D. Pedro III. Coronóse este rey en la iglesia de la Seo de Zaragoza, para donde convocó Córtes al efecto. Aconteció con este motivo una circunstancia, que todos los historiadores de Aragón mencionan, y que nosotros no queremos tampoco pasar en silencio. Recordarán nuestros le ctores que dijimos</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 44</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:36:49 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/huescaarchivos/huesca (44).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>hablando de D. Pedro II, que el Papa Inocencio III concedió á este rey el que sus sucesores fueran coronados por el arzobispo de Tarragona. Con arreglo á esto, dispúsose todo para la ceremonia; pero era I). Pedro III algo mas celoso que su abuelo de las regalías de su corona, y tuvo cuidado de protestar antes, á presencia de algunas personas principales, «que so entendiese no recibía la corona de manos del arzobispo en nombre de la Iglesia romana, ni por ella ni contra ella.» Declaró asimismo, en su nombre y en el de sus sucesores, que aquel acto 110 parara perjuicio á los monarcas que le sucediesen, sino que pudieran ser coronados en cualquier ciudad ó villa que eligiesen, y ungidos por mano de cualquier obispo de Aragón.</p>
<p>Este hecho, que rebela desde luego el carácter independiente y libre del rc.y D. Pedro, y que le valió mas tarde la escomunion del Papa, fué el precursor de las muchas y apenas creíbles hazañas de este gran monarca. Su cspedicion victoriosa á Ñapóles, y sus largas contiendas con el famoso Cárlos de Anjou, elevaron al rey D. Pedro ITl á la consideración del primer rey de su tiempo.</p>
<p>iS&#8217;o es del caso , y sin embargo habremos de apuntarlo ligeramente, &#8216;para dar á conocer el temple de alma del rey D. Pedro, el famoso desafío de este monarca con el ernel Üárlos de Anjou. La aclamación en Palermo de D. Pedro III como rey de Sicilia por el voto unánime de todo el pueblo; el socorro que prestó á los habitantes de Mesína, asediados por Cárlos de Anjou: los mensajeros enviados á este por el rey D. Pedro para que se alejara de aquel reino, que ya no le pertenecía; la huida vergonzosa de Anjou á Calabria, despues de haber sido vencedor de Manfrcdo y Conradino y logrado el pensamiento de arrancar á Miguel Paleólogo el imperio de Oriente; la derrota completa y apresamiento de la armada en Ñapóles y Sorrcnto por el valeroso catalan Pedro de Queralt, destrozando las veintidós galeras de D. Pedro á las ochenta de D. Cárlos, todo esto exacerbó el carácter irascible del de Anjou, el cual envió un mensajero al ya titulado rey de Aragón y de Sicilia, diciéndole que estaba dispuesta á sostener sus derechos en un combate singular. «Decid á vuestro señor, contestó D. Pedro, que hoy mismo irán mis mensajeros á responder en sus barbas á la acusación que os habéis atrevido á pronunciar en las nuestras: retiraos.»</p>
<p>Don Pedro cumplió su palabra: aquel mismo día salieron sus ■ enviados, los cuales dijeron á D. Cárlos las siguientes palabras: «Rey Cárlos, nuestro señor el rey de Aragón nos envía á preguntaros si es cierto ene habéis dado órden á vuestros mensajeros para proferir las palabras que hoy han pronunciado delante de él.—No solo es verdad, respondió Cárlos, sino que quiero que de mi propia boca sepa el rey de Aragón, sepáis vosotros y el mundo entero, que yo les he orde-naeo las palabras que habian de decir, y que ahora las repito á vuestra presencia.—Pues nosotros os decimos ee parte de nuestro señor el rey de Aragón, que menee- :■: ~ j un vellaco, que él en nada ha faltado á la 1 e alea 1: es decimos en su nombre que quien ha faltado Libéis sido vos, cuando vinisteis á atacar al rey Mantee 1: y asesinásteis al rey Conradino; y si lo negáis,</p>
<p>os lo hará confesar cuerpo á cuerpo. Y aunque reconoce vuestro valor y sabe que sois un brioso y esforzado caballero, os da á elegir las armas, puesto que sois mas auciano que él. Y si esto no os conviene, os combatirá diez contra diez, cincuenta contra cincuenta, ó ciento contra ciento.»</p>
<p>Todo quedó arreglado , poro este duelo singular no se llevó por fiu á cabo, tanto porque el rey de Inglaterra, que habia sido elegido juez, no admitió este cargo, como porque el de Aragón tuvo poderosos motivos para sospechar de la deslealtad con que procedía Cárlos de Anjou.</p>
<p>El acto mas brillante de D. Pedro estuvo en la heróica defensa que hizo en su territorio de Aragón contra Felipe el Atrevido, rey de Francia, que á instigación del Papa Martin IV, habia invadido sus dominios. En esta, mas que en ninguna otra empresa, ganó D. Pedro el título de Grande. Había venido el rey de Francia con el propósito de conquistar en bien poco tiempo el reino de Aragón, y despues de una séric de desastres que seria largo enumerar, hubo de marcharse vencido, enfermo, humillado, debiendo su vida á la clemencia de D. Pedro, y arrepentido de haberse dejado arrastrar por las imprudentes exigencias de la corte romana.</p>
<p>Cuando proyectaba apoderarse de las islas Baleares y castigar con esto á su hermano don Jaime de Mallorca, causa principal de la entrada de los enemigos, cayó enfermo y murió á poco, la víspera de San Martin, 10 de noviembre de 1285. Gran capitan, dice un historiador, profundo y reservado político, audaz en sus empresas, infatigable en la ejecución de sus planes, fecundo en recursos, atento á las grandes y á las pequeñas cosas, valeroso en las armas y sagaz en el consejo, robusto de cuerpo, garboso y de noble continente, D. Pedro III de Aragón fué el mas cumplido caballero, el guerrero y el monarca mas temible de su tiempo. Fué enterrado en el monasterio de Santa Creus, conforme á su última voluntad.</p>
<p>XIX.</p>
<p>El historiador á quien seguimos en la rápida reseña que vamos trazando de la historia de Aragón, se lamenta, y con justicia, al escribir los principios del reinado de Alfonso III, de que los que se han ocupado de las cosas de este reino en el sigio xín, hayan tratado con tanta ligereza una época que es acaso la mas importante de la monarquía aragonesa. En efecto, en estos tiempos se manifestó con toda la altivez de su carácter la aristocracia, siempre poderosa y temida de Aragón; la monarquía, antes debilitada también por multitud de forzosas concesiones, cayó como vencida á los pies de la Union, y esta, concentrando en sí todo el espíritu de independencia tradicional en las instituciones de aquel país, conquistó garantías no conocidas en ningún otro de Europa, y llegó á ser el primer elemento y el poder mas fuerte y vigoroso de la Constitución aragonesa. Tan grandes cosas, tan profundas alteraciones, merecían y merecen un estudio detenido y profundo, que ni se ha hecho, como antes hemos manifestado, ni por nuestra parte, aunque tuviéramos fuer-</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 45</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:36:41 +0000</pubDate>
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traba; de tan modestas condiciones como el presente.
Anunció su entrada en el mando el rey D. Pedro III ::n la conquista de Mallorca, empresa que le habia sido encargada por su padre en los últimos dias de su T:ia. Esta conquista, que fué fácil, porque los de Mallorca opusieron bien pocos obstáculos, fué sin om-&#8221;:s.rgo [...]]]></description>
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<p>traba; de tan modestas condiciones como el presente.</p>
<p>Anunció su entrada en el mando el rey D. Pedro III ::n la conquista de Mallorca, empresa que le habia sido encargada por su padre en los últimos dias de su T:ia. Esta conquista, que fué fácil, porque los de Mallorca opusieron bien pocos obstáculos, fué sin om-&#8221;:s.rgo importantísima por los sucesos á que mas tarde dio lugar y motivo. No sabemos si envanecido el rey r :&gt;r esta empresa gloriosa, ó si halagado por los nobles catalaues que le titulaban rey de Aragón y de Mallorca, es lo cierto que el príncipe Alfonso usó de este título algún tiempo antes de que le fuera concedido en C&lt;5rtes, como rezaban los fueros de Aragón.</p>
<p>Ofendiéronse por esto los nobles aragoneses, y agraviáronse aun mas de que usando de sus atribuciones de rey hiciera concesiones y donaciones, para los cuales ellos creian que no estaba facultado; y ambas cosas fueron lo bastante para que la Union, que ya en tiempos anteriores habia contrariado mas de una vez el poder y la voluntad de los reyes en tiempo de D. Alfonso III, se presentara claramente en tren de guerra, y enviase el rey un mensaje, mas arrogante que humilde, requiriéndole que viniese luego á Zaragoza, á otorgar y jurar los fueros, usos y costumbres de Aragón, y á recibir la corona y espada de caballero. La entereza de la Union llegó á tal punto, que indicaban al rey que mientras no cumpliese con estos sagrados deberes, se abstuviera de titularse rey de Aragón y de obrar como si lo fuera.</p>
<p>Preciso es confesar que, con ser en todas partes la aristocracia un valladar contra las ambiciones de los monarcas, hay bien pocos ejemplos en la historia de entereza y virilidad tan estrcinada como las de que entonces dió muestras la nobleza aragonesa. Recibió humildemente el rey á los mensajeros de la Union, oyó sus quejas, disculpóse como mejor pudo de su conducta., y prometió que tan pronto como hiciese las exequias de su padre en el monasterio de Santa Creus, iria á Zaragoza y cumpliría lo que la unión deseaba: hízolo así, y recibió allí de mano del obispo de Huesca la corona de rey, protestando antes como su padre «que no era su intención recibirla en nombre de la Iglesia, ni por ella ni contra ella; y que se entendiese&#8217; asimismo que no reconocía el censo y tributo que su visabuelo el rey I). Pedro TI habia concedido al Papa;» declaración importante siempre, dice el Sr. Lafuente, pero mucho mas en aquellas circunstancias, on que pesaban todavía sobre el reino las terribles censuras de Roma. Juró en seguida ante las Córtes guardar y mantener los fueros, usos, costumbres, privilegios y libertades de Aragón en todas sus partes y en todos tiempos.</p>
<p>XX.</p>
<p>Es mal camino el de las concesiones á la fuerza para los reyes, y esto realizóse bien pronto en la época de que nos estamos ocupando. Mas orgullosa la nobleza á medida que se mostraba mas débil el rey don Pedro, exigiéronle muy pronto que su casa y consejo se reformara y ordenara á gusto de las Córtes y con</p>
<p>te el rey á semejante concesion. pero vióse luego en tal aprieto que hubo de salir de Zaragoza, pretestando que graves atenciones le llevaban á Cataluña. Los ricos hombres y mesnaderos, en ausencia del rey, procedieron á nombrar por sí y ante sí los que habían de componer el consejo del rey, que fueron cuatro ricos hombres, cuatro mesnaderos, cuatro caballeros y dos representantes de cada una de las ciudades. Renovaron la jura de la Union, y enviaron á decir al rey que si no cumplia todas sus demandas , no solamente se apartarían de su servicio, sino que le embargarían las rentas y derechos que tenia en el reino.</p>
<p>Ante tales sucesos, convocó Alfonso 111 Córtes de aragoneses en Huesca, y allí, con una firmeza que 110 esperaban los de la Union, negóse terminantemente á otorgar las concesiones que le pedian. Muchos nobles desistieron con esto do su intento, pero otros muchos, y con ellos las ciudades de Zaragoza, Huesca, Tara-zona y Jaca, tomaron con mayor empeño la causa de la Union.</p>
<p>En junio de 1287, despues do no pocos incidentes y contratiempos, convocó el rey Cortes en Alagon para ver de terminar aquel! os negocios que traían al reino tan dividido. Confederáronse con esto los de la Union, y entre otras cosas de importancia, pidieron al rey que todos los negocios de la guerra se proveyesen con consejo del reino, como determinaba el privilegio&#8217; general otorgado por el rey D. Pedro su padre, y reconocido por él. Otra vez negóse el rey, y determinó proseguir por á.Taca Oloron á avistarse con Eduardo, rey de Inglaterr a , resolución que hizo insistir mas y mas en su propósito á los de la Union , decidiéndose resueltamente á embargar las rentas y derechos del rey, pues como dice un célebre historiador aragonés, «estaban tan ciegos con la pasión de lo que decían ser libertad, cuyo nombre, aunque es muy apacible, siendo desordenada fué causa de perder grandes repúblicas, que con recelo que el rey procediese contra ellos, deliberaron de procurar favor con que se pudiesen defender del rey y de quien les quisiere hacer daño contra el privilegio y juramento de la^Jnion, y enviaron sus embajadores á Roma y á los reyes de Francia y de Castilla, y á los moros que tenían frontera en el reino de Valencia para procurar con ellos tregua.»</p>
<p>Irritó tanto á D. Alfonso esta determinación de los nobles, que viniendo á Tarazona, hizo prender y matar á doce de aquellos, originándose de esto una lucha tan encarnizada entre los partidarios del rey y los de la Union, que &#8220;D. Alfonso se vió obligado á proponer algunos medios un tanto humillantes de paz y de concordia, lo cual envalentonó á los nobles, que exigieron y alcanzaron del monarca, como condicion indispensable para terminar la lucha, estas dos importantísimas concesiones: primera, que ofreciera en las Córtes de Zaragoza (diciembre de 1288) no proceder contra los ricos hombres, caballeros ni otras personas de la Union sin prévia sentencia del Justicia y sin consejo y consentimiento délas Córtes; para seguridad de la cual habia de entregar diez y seis castillos por sí y sus sucesores, con facultad de disponer de ellos como por bien tuviesen, y consín-</p>
<p>E</p>
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