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Casóse D. Pedro II con doña María de Montpellcr, hija única del conde Guillermo, y nieta del emperador Manuel de Constantinopla, y fué este matrimonio no menos señalado en la historia eclesiástica del reino por los desvíos de D. Pedro, que en la política por el fruto que naciéde este matrimonio. Cuentan los historiadores, y en este punto todos están conformes, que á pesar de ser doña María una de las princesas mas distinguidas de su tiempo, separóse al instante el rey de ella, movido por otros amores y devaneos que allí mismo, en Montpellcr, tenia, con desvío manifiesto de su legítima esposa.

Los cónsules y prohombres, que veian con disgusto esta conducta del monarca, y con sentimiento la falta de sucesión de la reina , idearon, de acuerdo con un rico hombre de Aragón llamado don Guillen de Alcalá, una ingeniosa estratagema para que se realizase la unión, siquiera fuese momentánea, de los dos separados esposos. Hé aquí cómo refiere Montaner, que alcanzó y conoció á 1). Jaime el Conquistador, lo ocurrido en aquella famosa noche. Con arreglo al plan combinado, cuaudo todo el mundo dormía en palacio, veinticuatro prohombres, abades, priores, el oficial del obispo y varios religiosos, doce damas y otras tantas doncellas con cirios en la mano, fueron al palacio real con dos notarios, y llegaron hasta la puerta de la cámara del rey. Entró la reina: los demás se quedaron fuera arrodillados y en oracion toda la noche. El rey creía tener á su lado la dama de quien era servidor: las iglesias do Montpeller estuvieron abiertas, y todo el pueblo se hallaba en ellas reunido y orando, según lo acordado. Al-amanecer, los notables, los religiosos y todas las damas, cada uno con una antorcha en la mano, entraron en la real cámara. El rey saltó de la cama asustado, y echó mano á la espada: entonces se arrodillaron todos, y enternecidos- csclamaron: «Por Dios, señor, mirad con quien estáis acostado.» Reconoció el rey á la reina, y le es-plicaron el plan y objeto de aquel suceso. «Pues que así es, esclamó el rey, quiera el cielo cumplir vuestros votos.» En aquel mismo dia montó el rey á caballo, y salió de Montpeller.

Merced á este dichoso engaño, fué, como dice Gerónimo do Zúrita, concebido aquella noche un varón, que por disposición divina lo fué para propagar la república y religión cristiana, como prueban las proezas que despues hizo. Llegado el tiempo de venir al mundo el fruto de aquella noche histórica, cuenta la crónica, que queriendo la reina poner al infante el nombre de uno de los doce apóstoles, mandó encender doce velas iguales con los nombres de ellos, resuelta á ponerle el de la vela que mas durase; y habiendo sido esta la del Apóstol Santiago, le puso el de Jaime, que era y es sinónimo de Santiago en aquel reino.

Por nada de todo esto desistió el rey D. Pedro de sus instancias para que se declarase nulo y se disolviese el matrimonio, cosa que habia entablado ya hacia algún tiempo; pero fué vano su empeño, porque el Papa persistió siempre en la sentencia favorable que habia concedido á la reina desde un principio.
Por este tiempo hacia grandes progresos en Francia la heregía de los albigenses, que como todas las heregías, tomó tanto mayor incremento cuanto mayor era el empeño que mostraba la Iglesia por estin-guirla. Estendidos por el Languedre y el condado de Tolosa, los albigenses penetraron poco despues en Cataluña y Aragón, en tan gran número, que el rey D. Pedro, después de haber llamado á los prelados y ricos hombres del reino á Córtes en Lérida en 1210, promulgó un edicto contra los que dentro de un año no entrasen en el gremio de la Iglesia católica.

No fué este edicto parte para que la heregía acabara; pero las medidas de rigor contra los albigenses fueron talos, y tan grande la crueldad q uc con ellos emplearon en varios puntos, que hubieron de replegarse la mayor parte hácia el Mediodía de Francia, en donde hacian una resistencia desesperada. Fué esta heregía fatal para el rey I). Pedro, porque habiendo pasado á Francia para socorrer á sus deudos los condes de Tolosa y de Vearne y de Fois, perdió allí miserablemente la vida, con muchos de los valientes que le habían acompañado en la gloriosa jornada de las Navas de Tolosa. Así pereció el valeroso rey D. Pedro IIde Aragón, y su cadáver fué enterrado al lado del de su madre doña Sancha, en el monasterio de Sigena.

XIV.

D. Jaime I de Aragón fué jurado rey por aragoneses y catalanes en las Córtes de Lérida en 1214. Ningún monarca so encontró en peores circunstancias que el jó ven príncipe al ceñir la corona de aquellos ricos paises. Encerrado en el castillo do Monzon bajo el poder del maestre del Temple; combatido por sus dos tíos D. Sancho y D. Fernando que aspiraban á sustituirle en el reino; dividido este en bandos y parcialidades; agotadas las fuerzas de ambos paises. y careciendo el jóven monarca, dicen algunos historiadores, hasta de lo necesario para sustentarse y subsistir, encontróse D. Jaime en una situación, que por lo triste y penosa, tiene bien pocos ejemplos en la historia. De todo, sin embargo, salió vencedor aquel rey, destinado á ser | una do las figuras mas grandes é imponentes de su si-í glo, y uno de los monarcas cuya memoria vivirá eternamente en 1a, memoria do los pueblos.

Poco mas de nueve años tenia D. Jaime, cuando salió un dia al amanecer de Monzon, y lo primero que le noticiaron los ricos hombres que en el puente lo aguardaban, fué que su tio el conde D. Sancho, que habia sido nombrado procurador general del reino, se hallaba con toda su gente en Selgua, dispuesto á darles batalla. Mostró el rey entonces que, aunque niño, no temia los combates, y vestido de una ligera cota, prosiguió animoso su camino, llegando sin contratiempo á Huesca, y poco después á Zaragoza, en donde fué recibido con gran regocijo y solemnidad.

Otorgáronle de buen grado el clero y los varones el subsidio del iotaffc, servicio que en reconocimiento de señorío á los reyes pagaban al principio de su reinado el clero y las ciudades de Cataluña. Celebró Córtes de catalanes en Tarragona, y dos meses despues las celebró generales de catalanes y aragoneses

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Capítulo 4.- Reseña histórica desde D. Alfonso II, rey de Aragón, hasta la unión de Aragón a Castilla | publicado por admin el Sunday 25 October 2009 a las 4:52 PM
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