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un trabajo como el que hemos acometido; pero esto en rigor, no haria mas que mostrar los defectos en que hemos incurrido, unos por insuficiencia y otros por falta de medios. Lo que sí queremos manifestar, porque ademas de ser hace ya muchos años la expresion en nuestro deseo, es hoy una de nuestras más fondas convicciones, es lo mucho que á una provincia importa tener una Crónica en donde su pasado y su presente, estudiados con severa imparcialidad y recto juicio, puedan dar una clara idea así de la influencia que en la vida general de la patria ha alcanzado, como de la que prometerse puede en un porvenir no lejano. Se estudian hoy parcialmente la filología de una provincia, las condiciones para el cultivo de su suelo, el movimiento económico de su vida, la estadística de sus fuerzas y recursos, el carácter y las tradiciones de sus habitantes, los elementos que para nuevas industrias atesora, todo en fin lo que puede darle prosperidad y renombre: hay ocupados, con este propósito, ingenieros de minas, agrónomos y de montes: diputaciones provinciales, profesores modestos, pero entendidos, de segunda enseñanzaf ingenieros industriales, y no sabemos quiénes más consagrados á estudios buenos y útiles, pero parciales. Todo esto se considera, se recompensa, y es con extraordinario Ínteres acogido; y sin embargo, por un contraste que solamente la preocupación puede explicar, una Crónica que es todas esas enseñanzas reunidas, ordenadas y concertadas; una Crónica que es el reflejo de lo que una provincia ha sido, y de los elementos de que, para su gloria y riqueza, puede disponer; una estériles consuma. para que la mediten y estudien persona entendidas. Corporaciones populares hay que sostienen pensiones en Roma, á fin de que el lustre de las bellas artes no decaiga en nuestra patria; y esto, que es siempre digno de aplauso, lo hacen aquellas mismas que rechazarían con desden, cuando no con indignación, la idea de asignar un solo real al escritor modesto y aplicado que, revolviendo archivos, estudiando mucho, y observando mucho, podria, ademas de comunicar vigor, que harto lo necesita, al movimiento intelectual de nuestra patria, unir la gloria de su nombre á la gloria ó riqueza de una provincia.
Pero vamos observando que nos cansamos en balde, y, lo que es peor, que debemos ya fatigar á nuestros lectores con esta introducción un tanto descompasada y fuera de la regla que por lo común se usan. Como quiera que sea, pueden creernos que ni escribimos todas las amargas reflexiones que el asunto nos sugiere, ni somos tan dichosos que abriguemos grandes esperanzas de remedio. Por desconsolador que sea, esperamos que las cosas continúen por el sendero que llevan, que la ignorancia no cese, las preocupaciones subsistan, los falsos juicios dominen, y que, á consecuencia de tantos males, Crónicas como esta que al público ofrecemos, ocupen el lugar de aquellas que demandan para su prosperidad las provincias, para su esclarecimiento la historia, y para su antiguo lustre las letras españolas.
José Fernando González.
FIN DE LA INTRODUCCION.

