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INTRODUCCION.
Escribir la Crónica de una provincia, de la manera que hoy una Crónica debe escribirse, es empresa que, sobre difícil en sí misma, exige grandes y universales conocimientos, pacientes investigaciones, severa y acertada crítica, riqueza de documentos y noticias, sacrificios sin cuento de tiempo y de recursos, y ánimo tranquilo y á esta sola tarea consagrado. Cuando la provincia ni es moderna ni de escaso valer, sino que ántes bien, como la de Huesca, merece ser contada entre las primeras por su venerable antigüedad y gloriosa vida, sube la dificultad hasta el extremo deque bien pronto el más osado, ó el de mejor deseo, se persuade de que es. muy superior á las fuerzas de cualquiera esto de reflejar con toda pureza la vida de una comarca tal como es al presente, y tal como en los pasados tiempos ha sido.
Decimos esto, porque de ninguna suerte querríamos que nuestros lectores dieran á la Crónica que hoy publicamos otra significación que la de un bien ligero trabajo hecho por quien ha creído siempre que debe, como hijo, asociar su nombre y su suerte, á la suerte y al nombre de aquel noble país. Si hay en esto alguna culpa para el que escribe, que no ha hecho lo que debiera, acéptala resignado; pero, en escusa suya, séale en cambio permitido decir algo en lo que á la provincia se refiere, que algo, y aún mucho pudiera manifestar para hacer ver el poco interés que corporaciones y particulares dan á esta clase de empresas y trabajos.
¿Por qué no decirlo? Personas, competentes algunas, amantes de las glorias del país todas, hay en la provincia de Huesca, á quienes, en nombre de la amistad y de un noble deseo que debía sernos común, hemos escrito á fin de que con sus noticias y observaciones ilustraran, no la Crónica que hoy ofrecemos, sino los hechos y la vida de aquella comarca. De todos ellos, uno sólo, el Sr. D. Vicente Ventura, y lo nombramos porque de esta suerte le pagamos como podemos nuestro sincero agradecimiento, contestó á la carta dirigida; los demás, por motivos que sin duda serán respetables, creyeron más acertado guardar silencio que asociarse á una empresa que, por modesta que sea, y por más humilde el que debía llevarla á cabo, redundaba en bien del nombre de aquella tierra.
No es nuestro ánimo censurar con esto á nadie: nos quejamos de un mal y lo señalamos. Acaso, bien mirado todo, no tienen la culpa los que, á primera vista, en esta enfermedad, nada hacen para ponerla remedio, ya que no para curarla. En las provincias la vida obedece á ciertas condiciones y tendencias que casi desconocemos los que aquí vivimos y en cierto género de tareas nos ocupamos. Aisladas las unas en triste y precaria suerte, faltas de un buen comercio y de una poderosa industria, y conociendo que en la fertilidad de su suelo, en la dulzura de su clima y en el curso y abundancia de sus aguas tienen gérmenes de una riqueza extraordinaria, han creído y creen que para el logro de sus deseos, importa bien poco el cultivo y progreso de los intereses intelectuales y morales. Un buen ferrocarril, una carretera, ú otra mejora, por el estilo, son garantía más segura para entusiasmar el ánimo de todos y conseguir el universal sufragio, que la publicación de un buen libro, ó el planteamiento de un plan general de enseñanza. Error es este, contra el cual todos hemos clamado; pero su imperio es tan poderoso y tan anchas y profundas sus raices, que la esperanza de su desaparición debemos encomendarla al tiempo, gran consejero y maestro de los individuos y de los pueblos.
Pudiéramos aquí decir algo de las dificultades de

