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carrera. El menosprecio . de la muerte “y una ciega fidelidad á sus jefes, eran los distintivos peculiares de la raza celtíbera; y á tal punto llegaba su cariño para con sus amigos ó confederados, que si estos fenecían, . dábanse la muerte. Se cita aun, dice Estrabon, como ‘un uso particular de estos pueblos, el de agenciarse un veneno que estraen de una yerba parecida al pe-regil, veneno que mata sin dolor, .y que llevan siempre consigo para beberlo en caso desgraciado. Cítase como una costumbre singularísima de estos pueblos, y de la cual aun se conservan vestigios en algunas localidades de Aragón, la siguiente, cuya noticia nos ha dejado también Estrabon: «Las mujeres son las que laborean la. tierra, y recien paridas hacen acostar al marido en su lugar y le asisten como si estuviera enfermo; y fajan al re cien nacido, sin dejar el trabajo, despues de haberle lavado en la orilla de un riachuelo.» Julio César nos ha conservado el arreo militar que usabaíi los celtíberos. Valíanse del gran broquel galo,’ cuyo uso adopté toda la España oriental, en tiempo de aquel historiador, al paso que la parte occidental conservó la pella ó. adarga. Los celtíberos, que sabian acerar el hierro dejándole enmohecer dentro de tierra, llevaban morrion de bronce con plumero encarnado. Empuñaban picas armadas de botes de hierro que arrojaban á sus enemigos, especie de azagayas que llamaban lancnombre que conservaron ios romanos. Gastaban espada y, puñal ó, daga: la espada, corta, puntiaguda, de dos cortes, á propósito para estoquear y -acuchillar; el puñal,- rayado, y de doble comba, como el cric de los malayos. La táctica militar de los celtíberos se diferenciaba del modo, de guerrear que usaban las demás naciones hispánicas. Mientras estos se atrincheraban en sus montes y dehesas, y reducían sus campañas á meras escursiones, á talas y sorpresas, avanzaban -los celtíberos al descampado, presentaban verdaderas batallas, y mostraban una disciplina militar muy ajena de los demás pueblos de aquellos tiempos, é inferior tan solo ála de las legiones romanas; de tal manera, que su cuna ó esquina en órden de batalla arrolló repetidas veces los ejércitos de Roma. Vestían sagumgalo, de color negro, y otros el sagmn cucullatum, que venia á ser una gran pieza de tela cuadrada, á uno de cuyos ángulos había una capucha que servía para afianzarlo y guarecer la cabeza. En tiempo de los godos sustituyóse la saya negra con una capa menos cumplida, hecha comunmente de tela rayada, v ir gata sagula, muy parecida al $lai& ó capa de los serranos de Escocia (1); y por fin, las bragas estrechas, semejantes á los pantalones de hoy, completaban el traje del celtíbero.
Escasas son las noticias que nos han quedado sobré las creencias religiosas de los celtíberos. Parece no Obstante que su religión fué la de los galos primitivos, alterada quizás con algunas supersticiones que les llegaron del Oriente. Cualesquiera que fuesen estas creencias y las prácticas con que’ las manifestaban, ello es cierto que su religión debió ser mas pura y menos distante de la tradición primitiva que el gró-
(1) Aun se conservan restos de este traja en la manta que usan actualmente los campesinos aragoneses.
sero politeísmo romano. Adoraban á un dios sin nombre, y se congetura que creian en la inmortalidad cjfel’ . alma, y que esperaban despues de la muerte un estado en donde el hombre recibe recompensa por sus buenas acciones, castigo por sus obras inicuas. Y al dios ignoto, objeto de su adoracion, ofrecíanle víctimas y sacrificios, sin templó y sin altar permanente. Ltfs sacrificios de sangre humana, á que tan aficionados fueron los celtas de las Galias, no se practicaron entre los celtíberos. Dábales horror este’ espectáculo, aun despues de sus. relaciones y de su aliauza con fenicios y cartagineses, que tuvieron tan bárbara costumbre. Estrabon menciona algan caso de esta inhumanidad; pero solo entre los lusitanos y entre los cántabros, fuéronlo únicamente los prisioneros de guerra; y aun muchas veces se contentaban con inmolar las manos solas, que cortaban al vencido, dejándole la vida. Por esto Diodoro Sículo dijo que los celtíberos eran crueles con los malhechores y’ enemigos, humanos y benignos con sus huéspedes. Tales son los ras-, gos distintivos del pueblo nris valeroso de la España antigua, que por espacio de doscientos años supo defender su libertad é independencia. Ni el cartaginés con su astucia, ni el romano con su perseverancia, pudieron avasallarlo por completo. Solo el génio de Julio César logró ai fin vencerlos y someterlos. De su carácter independiente* y altivo, de su calma serena en las adversidades, han quedado visibles huellas en los aragoneses, que con razón sobrada pueden tenerlos por ascendientes suyos.
CAPÍTULO IX.
■ geografía comparada.
Indicación de los puntos oscuros que hay en la geografía comparada ‘ dé la provincia.—Escritores que se han ocupadó de esta materia,— Estado actual de la ciencia,— Orandes demar’cacione3 de territorio en tiempo de los romanos.—Montes y rios.—Antiguos habitantes.— Lusones.— Lobetanos.—Turbi taños. ~~ Helicones.—Yarsenses.™ Be-ribracos. — Pueblos y ciudades .—Turba. — Castrum-Album. — Lax-ta.—Osicerda.—Arse.—CartlixgO’Vetut.—Otvos pueblos cuyos nombres nos haii trasmitido los historiadores latinos.— Opinion de Zurita y Antillon sobre el sitio que ocupó la antigua Segóbriga.
Entre las viejas naciones europeas acaso no exista ninguna en que, como en España, haya sido tan difícil la determinación de las poblaciones antiguas y su cabal correspondencia con las modernas. Tan varia y complicada, como ha sido su historia, tan difícil y oscura es también su geografía antigua. La primera y principal dificultad que. se presenta cuando se quiere fijar la situación de tal ó cuál ciudad, se originado los varios nombres que ha recibido en el trascurso de los tiempos. Así, por ejemplo, la antiquísima Montalban fué llamada Libana por los hebreos que la edificaron, Acra-Leuce por los geógrafos griegos, y Gastmm-al-bum jpor los historiadores latinos; así Teruel tuvo los nombres de Thorbat .ó Torbet en lengua fenjcia, Turba en el idioma celtíbero, y Turbo-liúm ó Túrbala en latin; tres calificaciones tan sinónimas como lo son Castrum-album, Acra-leuce y Libana. La analogía de ciertos nombres modernos con otros antiguos, es también otra de las causas de confusion. El de la célebre.
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