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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Teruel &#187; Capítulo 1.- Desde la llegada de los fenicios a España hasta la invasión de los godos</title>
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		<title>Página 61</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:32:05 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Capítulo 1.- Desde la llegada de los fenicios a España hasta la invasión de los godos]]></category>
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tinos reconocer en Aníbal la calidad de árbitro en sus discordias con sus vecinos, y declararon que se remitian al juicio de sus aliados los romanos. Los comisarios saguntinos fueron arrojados con enfado del campo cartaginés y de la presencia de Aníbal, y en la noche inmediata comenzó las hostilidades contra Sagunto, talando sus campos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (60).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>tinos reconocer en Aníbal la calidad de árbitro en sus discordias con sus vecinos, y declararon que se remitian al juicio de sus aliados los romanos. Los comisarios saguntinos fueron arrojados con enfado del campo cartaginés y de la presencia de Aníbal, y en la noche inmediata comenzó las hostilidades contra Sagunto, talando sus campos y aproximando las máquinas de&#8217; guerra para derribar y destruir sus murallas.</p>
<p>Tito Livio dice en el libro xxi de su historia que emprendió el sitio de Sagunto con 150,000 hombres, número que parece muy exagerado para tomar una poblacion cuyo ámbito no debiaser grande. Rastréase, no obstante,, que su territorio debia ser muy estenso, puesto que Apiano da á entender que á poco de haber salido de la tierra de Turba, ya comenzó á talar el campo saguntino; y Tito Livio revela lo mismo cuando pondera lo mucho que habia prosperado Sagunto. El rio Mijares en su parte superior trazaba la línea divisoria entre la jurisdicción de Turba y el territorio saguntino.</p>
<p>• Llegó á Roma la noticia de aquel sitio que conmovió profundamente al Senado; pero en vez de un ejército envió diputados á Sagunto, para retraer á Aníbal&#8217; de su empeño, como si fuera tiempo de negociar estando ya empezada la pelea. Aníbal dió respuestas equívocas á los enviados de Roma, y siguió adelante en las operaciones del sitio. Desalentados, pero no descorazonados, debieron quedar los saguntinos al penetrarse de la tibieza de sus aliados; defendiéronse con indecible valentía, ya cuando rechazaban los asaltos, ya cuando atacaban al cartaginés en su mismo campamento. En uno de los muchos asaltos infructuosos, recibió Aníbal una herida que le obligó á retirarse de la pelea. Nueve meses duró el sitio, sin qae desmayara hasta el postrer instante el ardimiento de los saguntinos. Sí grande fué la entereza de los sitiados, no era menos la perseverancia de los sitiadores/ Toda clase de máquinas guerreras se ensayaron para acabar con el pueblo saguntino. El ariete daba con su ferrada cabeza golpes formidables sobre el muro, cuyos sillares sacaba de quicio, y la catapulta arrojaba por encima de la muralla enormes piedras que caucaban horrendos estragos. Ultimamente se recurrió á una de las máquinas mas poderosas de aquel tiempo. Aníbal hizo levantar una alta torre de madera, cuya elevación sobrepujaba á las murallas de la ciudad, y desde allí abrumaba á los sitiados con cuantos proyectiles se habían ^inventado hasta entonces.</p>
<p>Ya las balistas,- catapultas y arietes iban quebrantando la muralla: varias brechas se abrieron al ñn, y lanzáronse en tropel los sitiadores; pero se estrellaron en un muro mas inexpugnable todavía que los que habian derribado; en los pechos de los saguntinos. Tanto heroísmo debia ser inútil. Con la corazonada de que se acercaba su esfcerminio , dispusieron una hogaera en la cual fueron hacinando todas sus joyas y tesoros, y en la última noche que les quedaba libre, dispusieron una salida desesperada. Toda la noche estuvieron combatiendo, y al rayar el alba, conociendo las mujeres de Sagunto que no habia esperanza de salvación, y viendo á sus maridos muertos ó exánimes, pegaron fuego á la hoguera, apuñalaron á sus peque-</p>
<p>ñuelos, y coronaron los portentos de aquel sitio memorable arrojándose ellas, mismas en medio de las llamas. Poco despues, de la que habia sido una poblacion rica y floreciente, solo quedaban ruinas ennegrecidas y cadáveres calcinados por el fuego.</p>
<p>La toma de Sagunto debia considerarse como una .desgracia, tanto mayor, en cuanto era el primer golpe que habia recibido la veneración con que los aliados de Roma habian mirado siempre su fidelidad y el afan con que acudía á la defensa de sus intereses. Así fué que produjo estremada sensación en Roma, y que luego que el Senado hubo convocado al pueblo, quedó decretada la guerra por unanimidad, sin conceder á los cónsules sino muy pocos dias para salir á campaña. Como la guerra, debia, hacerse simultáneamente en Africa y en España, dos fueron los cónsules elegidos para ponerse al frente de las legiones. A Publio. Escipion cupo la España, á.Sempronio el Africa con la Sicilia. Y hé aquí por segunda vez á los dos pueblos rivales, uno en frente de otro, dispuestos ambos á aniquilar á su adversario.</p>
<p>V.</p>
<p>Romanos y cartagineses tomaron al mismo tiempo la ofensiva, pues era tanto el ódio que se profesaban, que no les daba aguante para esperar la acometida. Cuando Aníbal se adelantaba sobre el Ebro para trasladar la guerra á Italia, ya los romanos tenían un ejército en Sicilia para guerrear en Africa. Para combatir en España, los cartagineses tenían una superioridad incontestable sobre los romanos. Aquellos tenían muchos aliados entre los pueblos indígenas; los romanos solo contaban con la amistad de las colonias griegas, que naturalmente debia entibiarse despues de la catástrofe de Sagunto.. Conocían los cartagineses el país, al paso que para los romanos era casi desconocido por completo. Para el mantenimiento de las tropas, tenían los cartagineses almacenes de víveres en Cartagena; para el caso de un revés, podían recibir prontos socorros de Cartago; para toda clase -de descalabros, contaban con muchas plazas fuertes donde guarecerse. Nada de esto tenían los romanos. Así es que la guerra empezaba en condiciones desfavorables para ellos.</p>
<p>A la primera ojeada comprendió el Senado romano la verdadera situación de las cosas, y nombró embajadores para que pasaran á España con el objeto de hacer alianza con los naturales del país. Poco afortu-tunados fueron en estas tentativas, porque á escepcion de algunos pueblos de Cataluña que moraban junto al Segre, en todas partes fueron recibidos con menosprecio. «¿Cómo, les decían, os atreveís á solicitar nuestra alianza, vosotros que habéis dejado que Sagunto sucumbiera?» En tanto Aníbal, que despues de la toma de Sagunto se&#8217; habia retirado á Cartagena para acelerar los preparativos de marcha, reunió todas sus fuerzas, y en la primavera del año siguiente se puso en movimiento á la cabeza de cien mil infantes, doce mil caballos y cuarenta elefantes, atravesó el Ebro, y.se dirigió á los Pirineos, desde donde atravesando el Mediodía de las Galias, intentaba trasponer los Alpes para caer como una avalancha sobre Roma.</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 62</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:31:58 +0000</pubDate>
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No le seguiremos en su atrevida espedicion, ajena de todo punto á nuestro propósito. Aquella guerra en que estaba tan estrechamente vinculado el destino de ia España entera, fué por estremo varia y complicada, como que se combatía simultáneamente en Roma y en €artago, en España y en Sicilia. Pero sin que desconozcamos su importancia, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (61).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>No le seguiremos en su atrevida espedicion, ajena de todo punto á nuestro propósito. Aquella guerra en que estaba tan estrechamente vinculado el destino de ia España entera, fué por estremo varia y complicada, como que se combatía simultáneamente en Roma y en €artago, en España y en Sicilia. Pero sin que desconozcamos su importancia, nosotros solo fijaremos la atención en las campañas de la Península, señalando rápidamente los sucesos de mas bulto, y descendiendo á .ciertos detalles únicamente en lo que se refiera á los hechos .sucedidos en la provincia.</p>
<p>Dejé Aníbal encomendada la defensa de España á su hermano Asdrúbal dejándole fuerzas suficientes para tener en jaque á las legiones romanas. En Cataluña quedaba además Hannon, y éste fué quien tuvo que arrostrar la primera embestida de Neyo Escipion que acababa de llegar á Emporio (Am-púrias). En el primer •encuentro los cartagineses quedaron completamente derrotados, Hannon fué hecho prisionero, y su ejército enteramente dispersado. El resultado de esta batalla, fué desalojar á los cartagineses de toda Cataluña, y obligarles á pasar al otro lado del Ebro.</p>
<p>Por algún tiempo se reconcentré la lucha háciaaquella parte, sin &lt;que cartagineses ni romanos obtuvieran ningún resultado decisivo, hasta que al fin los yomanos se hicieron dueños de toda la costa á continencia de una gran derrota que sufrió la escuadra Cartaginesa junto á la desembocadura del Ebro. Los romanos apresaron las naves cartaginesas sin echar ninguna á pique, y Asdrúbal tuvo que presenciar este segundo desastre sin acertar á reponerlo. La victoria dé los romanos les valió la amistad de muchos pueblos españoles, y ciento veinte ciudades les entregaron rehenes y aceptaron su alianza. Los celtíberos fueron los primeros en tomar las armas en su favor, entraron &lt;ea las posesiones de los cartagineses , desbarataron á Asdrúbal y franquearon á los romanos el camino para penetrar en el interior de España. Así reparaba Neyo Escipion con una série de victorias los descalabros de Italia.</p>
<p>VI.</p>
<p>El Senado romano comprendió que lo que perdía en</p>
<p>Italia podia ganarlo en España, y que era necesario mandar tropas de refresco con un general invariablemente victorioso. Pronto desembarcaron en Tarragona treinta buques y diez mil hombres de desembarco. Los hermanos reunidos pasaron el Ebro, tomando desde entonces una actitud mas ofensiva que la que habían guardado anteriormente. Uno de sus primeros hechos de armas tuvo lugar en las inmediaciones de IntiU-le&gt; ciudad de Aragón en los confines del reino de Valencia, que Ptolomeo coloca á la parte ulterior del Ebro y á 27 baillas de Tor-tosa (1). Sitiábanla los cartagineses y acudieron eu su auxilio los romanos. Trabóse la batalla, quedando los cartagineses destrozados; y cuentan los historiadores latinos que el feliz éxito de ella se debió principalmente á la pericia militar de Neyo Escipion, que revolvió desde un princi-. pío todas sus fuerzas contra los soldados africanos que eran los mas esforzados del ejército contrario. (Año 214 antes de Jesucristo.) Avanzaba, la estación, y ambos ejércitos se retiraron á sus respectivos cuarteles de invierno, el vencedor á Tarragona, y á . Cartagena el vencido. Menudeaban entre tanto las deserciones de los españoles que abandonando el partido de Cartago se pasaban á los romanos; y para impedir las funestas consecuencias que de esto podían resultar, los dos hermanos Asdrúbal y Magon apresuraron la nueva campaña, y se der-</p>
<p>(1) Masdeu eree que Intibile debió estar situada no muy distante</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 63</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:31:51 +0000</pubDate>
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raraaron como un impetuoso torrente talando las campiñas, y llevándolo todo á sangre y fuego por las comarcas que confinan con la márgen derecha del .Ebro. No pudo detenerlos en su marcha devastadora Publio Oornelio Scipion, que los esperaba acampado debajo de las murallas de Castrwm-aVbwm (Montalban). Creyó estar bien defendido, teniendo aquella plaza á [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (62).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>raraaron como un impetuoso torrente talando las campiñas, y llevándolo todo á sangre y fuego por las comarcas que confinan con la márgen derecha del .Ebro. No pudo detenerlos en su marcha devastadora Publio Oornelio Scipion, que los esperaba acampado debajo de las murallas de Castrwm-aVbwm (Montalban). Creyó estar bien defendido, teniendo aquella plaza á sus espaldas; pero la caballería cartaginesa arrolló sus filas de tal suerte, que se vió obligado á desamparar aquella posicion, no sin haber dejado dos mil hombres en el campo. En tanto que esto pasaba en la región inferior del Ebro, el otro Escipion operaba en la parte superior del valle, allá no muy lejos de su origen, donde le estaba esperando Asdrúbal con otro ejército que habia llevado desde Cartagena.</p>
<p>No tardaron los Escipíones en reponerse de estos primeros descalabros. De victoria en victoria fueron rechazando á los cartagineses hasta los confines de la Bética, y quedaron dueños de una gran parte de la España citerior. Acordáronse entonces de aquella fidelísima ciudad de Sagunto, que desde cinco años atrás estaba bajo el dominio de Cartago. No debió hacer gran resistencia la guarnición cartaginesa, porque los romanos se apoderaron sin gran esfuerzo de la cindadela, donde hallaron los rehenes que habia recogido Aníbal de todos los pueblos de España , en garantía de que no serian hostiles á los cartagineses. Pusieron en libertad á los saguntinos que encontraron en cautiverio, los colmaron de.distinciones y de presentes, les restituyeron sus campos y les devolvieron su ciudad que bajo el amparo y predilección de los Escipion es fué recobrando su primitivo esplendor, llegando á ser mas tarde, cuando la dominación de Roma se arraigó en el país, una de las ciudades mas bellas y esclarecidas de la España romana.</p>
<p>Desde Sagunto se dirigió Neyo Escipion á la capital de los turbitanos&#8217; (Teruel), que como ya hemos dicho anteriormente, habian sido causa ocasional de la ruina de Sagunto. No debió ser grande la resistencia que le opuso Turba, abandonada á sus propios recursos, y no contando con el auxilio de los celtíberos que se habian declarado en favor de Roma, ni con el de los cartagineses cuyo poderío estaba en decadencia. Neyo Escipion la tomó y desmanteló, no dejando piedra sobre piedra; vendió á sus habitantes en pública almoneda á manera de esclavos, y ordenó que sus campos y sus aldeas fuesen en adelante tributarios de los saguntinos. (Año 214 antes de Jesucristo). La ciudad debió sin»exnbargo reponerse de esta ruina y repoblarse por los turbitanos de las aldeas, ayudados . de los cartagineses de quienes fué siempre constante amiga y fiel aliada. Mas adelante veremos que en sus inmediaciones ganó el pretor Minu ció Termo una gran batalla contra los celtíberos orientales.</p>
<p>Aquí presenta la historia una de aquellas mudanzas de la suerte, incomprensibles por lo súbitas é inesperadas. Nos referimos á la derrota y muerte de los dos Escipiones, despues de una série prolongada de magníficos triunfos, y cuando ya podian considerarse dueños de toda la Península. Despues de la toma de Sagunto y de la destrucción de Turba se habia pasado mas de un año sin que se oyera en ningún punto</p>
<p>de España el estruendo de las armas, ya fuese porque los beligerantes tuvieran necesidad de reposo despues de tan rudas campañas, jya porque quisieran aprovechar este tiempo para proporcionarse nuevos aliados y-adquirirse otros elementos mas poderosos de . fuerza. Parece que durante este período de inacción, los Escipiones solicitaron y obtuvieron la alianza de Sifaz, uno de los reyes de la Numidia, comarca del Africa, septentrional que tan célebre se hizo por la lijereza y arrojo de su caballería. No se descuidaba tampoco-. Asdrúbal por su parte. Pronto apareció en campaña, reforzado por nuevas tropas, y sobre todo con la llegada de Masinisa, otro príncipe númida, que se habia. alistado en sus banderas, tal vez solo porque su enemigo Sifaz se habia aliado con los romanos.</p>
<p>Asdrúbal Barca dividió sus fuerzas en cuatro cuerpos de ejército; tres al mando de Gisgon, Magon, y otro general llamado también Asdrúbal, que debia operar en la Bética y centro de España; y él, como general mas antiguo de España y mas conocedor del terreno, se adelantó con el cuarto cuerpo de ejército hácia el Ebro para hacer frente á los dos Escipiones que estaban en Tarragona. Ya habia tomado posicion Asdrúbal en AnUJiorgis (Alcañiz), y ya estaban en Castuto (Segura de la Sierra, en la provincia de Jaén) los. otros tres cuerpos de ejército cartagineses, cuando los Escipiones salieron de Tarragona al frente de sus. legiones, reforzadas con 30,000 celtíberos. Reunieron á la orilla del Ebro todas sus fuerzas, y despues de haber celebrado un|, especie de consejo de guerra* al que acudieron los representantes de todas las ciudades aliadas, se resolvió marchar contra el enemigo, llevando á vanguardia los celtíberos. Los dos hermanos-caminaron juntos hasta Anitorgis, y asentaron su campo frente al de Asdrúbal, separándolos solamente el rio Guadalope.</p>
<p>La escesiva prudencia suele oscurecer á veces las. dotes mas sobresalientes. Si desde el primer momento hubiesen atacado á Asdrúbal, fácil les hubiera sido aniquilarlo, que fuerzas les sobraban para ello; pero, impulsados acaso por la idea de acabar mas rápidamen -te la&#8217; campaña, complicaron su plan estratégico, y concibieron el propósito de atacar simultáneamente á, todas las fuerzas cartaginesas. Dividieron las suyas, marchando Publio al encuentro de los que estaban en Cástulo, y quedándose Neyo en Anitorgis con los 30,000 celtíberos. Poco despues de&#8221; la partida de Publio, abandonaron los celtíberos á Neyo, que reconociéndose inferior á Asdrúbal, resolvió retirarse del Guadalope, y se encaminó hácia el Mijares por More-11a é Intibile, y tomó la ventajosa posicion de Orsona (Artana), situada en la falda oriental del Idubeda ó sierra de Espadan. Asdrúbal le siguió muy de cerca, y se puso en observación, no atreviéndose á atacarle por entonces. En tanto que esto pasaba en Aragón, Publio atravesaba la Celtiberia y llegaba al frente de • Cástulo. Supo que Indibil se aproximaba con&#8217;7,000 sueselanos (1) en auxilio de los cartagineses, y queriendo estorbar esta reunión, dejó á Fonteyo en el.</p>
<p>(1) Los de las montañas de ¿raides.—Según Flor jan de Ocampo^ los suesetanos eran el pueblo de Suesa ó Sangüesa en Navarra, situa</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 64</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:31:43 +0000</pubDate>
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DON F. TADEO DE CALOMARE
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<p>DON F. TADEO DE CALOMARE</p>
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		<title>Página 65</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:31:35 +0000</pubDate>
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campamento, y marchó con una división al encuentro de Indihil. Trabó con él un combate e.n el Salto tugicnse (Puerto de Toya), pero cayó muerto del caballo de un bote de lanza. Consternados sus soldados no supieron defenderse y fueron hechos pedazos, salvándose solo los que pudieron acojerse al campo de Fonteyo.
Muerto Pubiío y derrotadas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (64).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>campamento, y marchó con una división al encuentro de Indihil. Trabó con él un combate e.n el Salto tugicnse (Puerto de Toya), pero cayó muerto del caballo de un bote de lanza. Consternados sus soldados no supieron defenderse y fueron hechos pedazos, salvándose solo los que pudieron acojerse al campo de Fonteyo.</p>
<p>Muerto Pubiío y derrotadas sus tropas, los tres generales cartagineses que estaban en Cástulo se dirigieron contra Neyo. Mortal presentimiento contristó •él ánimo de Neyo cuando vió llegar á los de Cástulo. Dió por muerto á su hermano, y dióse por perdido él mismo. Completamente descorazonado solo pensó en refugiarse en Tarragona, y se fué retirando cuanto pudo hácia el Ebro; pero alcanzado por los cartagineses, se vió obligado á tomar posicion en un altozano pelado, donde aquellos le acometieron, causando una horrible mortandad en sus escasas fuerzas, y muriendo él también en la refriega (1). Tal fué el trágico fin de los Escipiones, álos seis años de gloriosas lides en España. (Año 212 antes de Jesucristo).</p>
<p>VII.</p>
<p>Pero la estirpe nobilísima de los Escipiones, que estaba predestinada para acabar con el poderío cartaginés en España, no terminóscon la muerte de los dos hermanos. Quedaba para vengarla y para levantar muy alto el nombre romano en la Península, el jóven Publio Cornelio Escipion, que mereció el sobrenombre de Africano por los triunfos que obtuvo frente ála misma Cartago. Veinticuatro aíj&amp;s tenia cuando se presentó á solicitar de la confianza del pueblo romano el consulado de España, que le fué concedido por aclamación. Su presencia hizo cambiar la suerte de las armas. Con un golpe de audacia increíble se apoderó de Cartagena, arrolló los ejércitos cartagineses que se le presentaron delante, y estableció la dominación romana en la Bética, coronando la no interrumpida sé-. rie de sus victorias con la toma de Cádiz, último baluarte que á sus enemigos les quedaba. (Año 205 antes de Jesucristo).</p>
<p>Parecia natural que despues de la toma de Cádiz, y de la completa espulsion de los cartagineses, quedara asegurado el dominio de Roma en la Península. Su misión no estaba terminada todavía. Pronto comprendieron que no .habian conquistado mas que la Bética y las ciudades marítimas que. se estendian desde Cádiz hasta Tarragona, y entonces eínpezaron aquedo á carillas del rio Aragón. Según Mariana, debieron ser los del Campo ¿le Romanos {provincia de Zaragoza), y se denominaban así de su capital llamada Sus en latin Lechon, por la escelencia de la carne do cerdo que se criaba en aquella comarca.</p>
<p>(1) Masdeu no está, acorde con Mariana ni con Perreras, que suponen que estas batallas se dieron en países mucho mas meridionales, esto es, en Andalucía y Murcia, ó en Castilla la Nueva. Con respecto á la refriega en que murió Neyo, cree Masdeu que debió suceder en «1 reino de Valencia, cerca de los confines de Aragón, en lugar donde una parte de los fugitivos pudiese retirarse á alguna de las torres ó atalayas puestas sobre las orillas del mar, y la otra tomar el camino de Teruel, en cuyos contornos acampaba Fonteyo. Las distancias que nota Tito Livio, la simacion de tos países de Indibil y de los sue-setaaos. y la série histórica de los suce3ós. en la cual ae ven los ro-síduos de los ejércitos romanos recogidos en las inmediaciones del Ebrí), dan mucha verosimilitud á las congetura3 de Masdeu, que «oucuérdan también con la versión de Cort és.<br />
lias guerras prolongadas que solo debían terminar en tiempo de Augusto. Dos fueron los centros principales de resistencia, primero la Celtiberia, despues la Lu-sitania. Concretándonos á la parte oriental de España, que se relaciona con nuestro objeto, haremos notar que durante ciento cincuenta años, los ejércitos romanos solo fueron dueños del terreno que pisaban. Sorprende y admira aquella sublevación incesante de la Celtiberia, semillero inagotable de soldados, á la cual solo faltó para constituir una nacionalidad indepen-te, que el númen político de Sertorio no se hubiera estinguido á mano airada. Brotaban los celtíberos por do quiera, formidables despues de una victoria, temibles aun despues de una derrota. Si caian Indibil y Mandonio, se levantaban Búdar • y &#8216;Besasider. Las guerras celtibérico-romanas fueron una epopeya grandiosa, mas digna tal vez de ser cantada por un Homero que la guerra y destrucción de Troya.</p>
<p>Urbiaca, Turba, Portus Manlianus, Bélgida y Calenda recuerdan los sangrientos episodios de aquella lucha de gigantes, que aun nos pareciera mas colosal si los vencidos hubiesen tenido historiadores como los vencedores. Las narraciones de Tito Livio y de Vale-&#8217; río Máximo que se ocuparon por estenso de aquellas guerras, adolecen de aquel espíritu mezquino y de aquella parcialidad calculada con que entonces se escribía la historia; callan lo que puede menoscabar el&#8217; renombre romano, y pasan en silencio ó refieren con tibieza lo que pudiera glorificar la fama de los celtíberos.</p>
<p>Cinco años habian trascurrido désde la conclusipn de la segunda guerra púnica, cuando los españoles ó celtíberos se sublevaron contra los romanos. Tito Livio no disimula la sorpresa que causó en Roma esta guerra que se presentaba con un carácter desusado; era la primera vez que los españoles obraban por cuenta propia, que tomaban las armas sin instigación de-influencias estrañas, y desafiaban el poder de los romanos sin ser mandados por ningún general, sin contar tampoco con el auxilio de los ejércitos de Cartago. Pronto llegó á Roma la noticia&#8217;de que Neyo Sempro-nío Tuditano, pretor déla citerior, habia sido vencido en campo de batalla, que sus legiones habían sido derrotadas y dispersas, y que el mismo Tuditano había muerto á consecuencia de una grave herida que recibió en la batalla.</p>
<p>Comprendió el Senado que era preciso obrar c.on presteza, antes que la insurrección tomara vuelo; y así, en marzo del año siguiente partieron para España dos nuevos pretores, Q, Fábio jButeon á la ulterior y Q. Minucio Termo á la citerior con dos legiones, y 4,000 infantes y 300 caballos de tropas provinciales. Minucio Termo fué al encuentro de los celtíberos, los halló en las inmediaciones de Turba, y los derrotó, dejando en el campo 12,000 españoles muertos y haciendo prisionero á su caudillo .Búdar, Los restos del ejército que pudo recoger el otro caudillo Besasides, fueron dispersados y perseguidos. Tuvo lugar esta batalla el año 196 antes de Jesucristo (l).</p>
<p>(1) Aquí ocurre la duda de si existia ó no aquella Turba que los Escipiones convirtieron eu ruinas. Masdeu juzga qne, aun destruida,</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 66</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:31:29 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Capítulo 1.- Desde la llegada de los fenicios a España hasta la invasión de los godos]]></category>
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La viril energía de los celtíberos no se acobardaba por-los reveses. A un ejército destruido y disperso, oponían otro mas numeroso, y cuando se apagaba el fuego de la insurreccionen una comarca, volvía á encenderse con nuevo vigor en otra comarca distante. Así se ve á los habitantes de Urbiaca resistir al pretor Q. Fulvio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (65).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>La viril energía de los celtíberos no se acobardaba por-los reveses. A un ejército destruido y disperso, oponían otro mas numeroso, y cuando se apagaba el fuego de la insurreccionen una comarca, volvía á encenderse con nuevo vigor en otra comarca distante. Así se ve á los habitantes de Urbiaca resistir al pretor Q. Fulvio Flacco, que solo pudo tomarla despues de un sitio prolongado (año 182 antes de Jesucristo); así también los celtíberos lusones de Portws Manliams (Puerto Mingalbo) le sorprenden dos años despues cuando regresaba vencedorá Tarragona, debiendo solo susal-vacíon á su estremada pericia y al valor desesperado con que lacharon sus soldados; así finalmente se inmortalizan Bélgida yOoblenda, que solo se doblegaron al yugo estranjero despues de ver destruidos sus edificios y degollados é reducidos á la esclavitud sus habitantes. (Año 98 antes de Jesucristo).</p>
<p>VIII,</p>
<p>Con las guerras de Sertorio que duraron desde el año 80 al 72 antes de Jesucristo, termina la resistencia de los celtíberos y sé cierra el período histérico de aquel pueblo valerosoj cuya estraordinaria pujanza no han podido negar los mismos historiadores latinos. No conocemos sino de un modo imperfecto su organización social, su religión, leyes y costumbres; pero colf-gese por ciertos indicios, que debié alcanzar una civilización bastante adelantada. Las medallas celtíberas denotan claramente que conocieron y perfeccionaron-las artes plásticas. Las narraciones de los romanos revelan que el pueblo celtíbero debió tener una poblacion muy densa, y que durante muchos siglos tuvo bajo su dominio toda la España oriental. Los celtíberos sirvieron de núcleo principal y centro de resistencia á todas las demás naciones indígenas; y solo cuando ellos cayeron quedé asegurada la dominación romana en la Península. Despues de la destrucción de. Cala-gurris quedaron tan quebrantados los pueblos españoles, aun los mas distantes, que ninguno se atrevió ya á oponer la mas leve resistencia.</p>
<p>Despues de las guerras de Sertorio la historia de España se confunde con la de Roma. Los vencedores completaron la conquista material con el avasallamiento del espíritu. Durante el largo período del imperio, los españoles fueron tan romanos como los mismos ciudadanos de Roma; vestían la toga y hablaban el latin; sus ciudades eran colonias ó municipios, y sus magistrados se llamaban senadores, decenviros, decuriones, ediles y cuestores. César fué el primero que planteó municipios en España, y Augusto el que estableció colonias; pero las diferencias que existían entre estas ciudades privilegiadas y los pueblos aliados y tributarios fueron desapareciendo con el tiempo, y á medida que la España adoptaba los usós y costumbres pudo muy bien el pretor bacer espresiva mención en las cartas escritas al Senado, para que los padres conscriptos, oido el nombre de una ciudad tan famosa en las guerras pasadas, comprendiesen fácilmente el lugar de la batalla. Cortés conjetura que ios turbitanos de las aldeas, ayudados de los cartagineses, volvieron á repoblarla, y de aquí&#8217;el mencionarla Tito Livio ai referir la victoria que en sus llanos alcanzó Minucio contralós celtíberos.<br />
de sus vencedores. En tiempo del emperador Otón cóncedió á muchos españoles los mismos fueros que gozaban los ciudadanos de la metrópoli, Vespasiano-estendió el derecho latino átodas las provincias, y Antonino, en&#8217;fin, declaró ciudadanos romanos á todos los súbditos del imperio, é igualmente admisibles á todos, los cargos públicos. Tal era la situación de España cuando sobrevino la invasión de vándalos, suevos y godos en el año 425 de la Era cristiana.</p>
<p>CAPÍTULO II.</p>
<p>Desde la invasión de los godos (425) en España basta la conquista de Alcañiz (1119) por D. Alonso el Batallador.</p>
<p>I.</p>
<p>La verdadera dominación de los godos en España no empezó hasta el reinado de Eurico, el cual se apoderó de la provincia tarraconense hácia el año En la época que señalamos, el mundo se estaba renovando sobre las ruinas de la sociedad antigua. Caía el colosal imperio de Roma, y con sus despojos empezaban á construir los bárbaros del Norte las nacionalidades modernas. P&#8217;or demás confusa y complicada aparece la historia de la Península en estos primeros-albores dé la Edad media. Vérnosla España, á mediados del siglo v, ocupada por los romanos y los cuatro, pueblos advenedizos, de godos, vándalos, suecos y alanos. Los godos que .se habian apoderado de casi todo» el Mediodía de Francia, penetraban ya por las vertientes de los Pirineas, amenazando á Cataluña y el alto Aragón; los vándalos se habian enseñoreado de Andalucía; dominaban los suevos y alanos la región occidental, especialmente en las comarcas que se extienden entre el Duero y el Miño; y finalmente, los romanos ocupaban aun la provincia cartaginense, y casi todas las demás partes de España. Los godos no llegaron á afirmar su completa dominación &#8216;hasta el reinado de Leovigíldo, que absorbió en 585 el reino que los suevos habian fundado en Galicia.</p>
<p>En los primeros tiempos de la invasión, la Celtiberia resistió con brio al denuedo de los Alanos, y solo mas tarde, casi al mismo tiempo que Roma sucumbía bajo la espada de Odoacre, Zaragoza, y con.&#8217; ella toda la provincia tarraconense, cayeron bajo el dominio de Kuríco, pasando á formar parte del nuevo reino godo. En el largo transcurso de tiempo que se-estiende desde- Eurico hasta la invasión de los árabes, estoes, por&#8217; espacio de dos siglos y medio, las-crónicas antiguas no registran acontecimientos notables ocurridos en Aragón. Sin que sea dado atinar la. causa de tal oscurecimiento, parece indudable que lo» &#8220;pueblos aragoneses no fueron objeto particular de la predilección y munificencia de los monarcas godos. Solamente Zaragoza conservó su anterior importancia. Por lo demás, la historia de aquella época en todo lo que se refiere al territorio aragonés, salvo la mención de algún concilio celebrado en Zaragoza, es tan estéril y desconocida como desnudo está su suelo de monumentos correspondientes á la dominación goda.</p>
<p>Con respecto á la provincia de Teruel, no asoma-</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 67</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:30:51 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.aragonsigloxix.es/teruelarchivos/teruel (66).jpg" alt="" width="450" height="600" /></p>
<p>rastro alguno de que existieran entonces poblaciones importantes. Solo se menciona, el nombre de alguno que otro pueblo de escasa valía en el Códice de Ita-cio, tales como Alpuente (1), Brecam (2), Olba y1 Mora, al reseñar la división ó demarcación de obispados atribuida al rey &#8220;Wamba. De aquella demarcación se deduce que los territorios de los actuales partidos de Albarracin, Teruel y Mora estaban incluidos en las jurisdicciones de los obispados de Segóbrica y Arcá-bríca, sin que por lo demás se especifique -el número de pueblos contenidos en cada demarcación. El resto de la provincia debió corresponder á los obispados de Dertosa (Tortosa) y Cesar augusta (Zaragoza)&#8221;, ambos incluidos en la provincia tarraconense} y cuya iglesia metropolitana estuvo en Tarragona hasta que la tomaron y destruyeron los árabes.</p>
<p>II.</p>
<p>Careciendo, pues, de materiales para llenar este vacío de la dominación goda,, forzoso nos es reanudar la narración histórica desde la invasión musulmana (711). Ya los árabes se habian hecho dueños de toda Andalucía y de la parte central de España, cuando Muza y Tarec se reunieron en Toledo, y acordaron proseguir la conquista de lo que les faltaba. Muza se reservó la conquista de Extremadura y Galicia, encomendando á Tarec el avasallamiento de Aragón y Cataluña. Haciendo caso omiso de la expedición de Muza estraña á nuestro objeto, veamos lo que dicen las crónicas arábigas con respecto á Tarec. Dirigióse este caudillo á Levante, hácia las fuentes del Tajo, atravesando las ásperas sierras de Cuenca, Albarracin, Molina y Si-güenza, y bajando luego, tal vez siguiendo el curso del Jalón, á las llanuras que baña el Ebro. Puede conjeturarse de-este itinerario que las falanjes musulmanas debieron atravesar sesgadamente la parte occidental de la provincia, penetrando por Cañete, siguiendo despues hasta Teruel por el Turia, y desde aquí por Monreal y Pozuel á internarse en tierra de Molina. No fué su marcha en línea recta, como puede comprenderse consultando un mapa, sino muy irregular y tortuosa. Los historiadores árabes nombran país de Tzogur el que Tarec estuvo encargado de sojuzgar á las armas musulmanas; y hay quien opina que Tzogur es una corrupción del latin TuguHay_significación de un país de aduares. Sea cualquiera eí origen de su nombre, el país de Tzogur abarcaba según las crónicas musulmanas desde el confín de Talavera, casi todo el territorio al Sur y al Oeste de Toledo, la Mancha, Alcarria, Cuenca y Aragón hasta Tortosa.</p>
<p>Mientras Tarec se dirigia á Zaragoza, Muza se apoderaba de Séntica y Salmantica (Salamanca) que se le rindieron sin resistencia; sojuzgó el país hasta As-tórica; se revolvió despues, Duero arriba, hácia el Oriente, y por el Ebro abajo vino á incorporarse con Tarec ante Medina Saracusta, que así llamaron los árabes á Zaragoza, estrechada ya por el ejército de Tarec. Allí fué donde por primera vez encontraba Tarec porfiada resistencia; pero cón la llegada de Muza desmayaron los cristianos de todo punto, y pidieron capitulación con las condiciones usuales. No eran ciertamente duras &#8220;las que solían imponer á las ciudades que sé doblegaban, y por eso fué la conquista, cual ninguna, rápida y definitiva. Por donde quiera que pasaban, iban imponiendo un tributo anual de guerra, que consistía en el quinto y á veces el décimo de las rentas de fincas. Recogían en todas partes las armas y caballos de los vencidos; á los que se quedaban en las ciudades tomadas, se les permitía vivir en paz y dueños de sus bienes; ,á los fugitivos, les.confiscaban sus muebles y sus tierras. Concedían también la libertad religiosa y el&#8217;ejercicio de su culto á los cristianos, bajo las dos condiciones de no practicarlo mas que en el interior de las iglesias, y de no estorbar que se hicieran musulmanes cuantos lo apetecieran.</p>
<p>La política generosa de aquellos caudillos les hizo muy pronto dueños de toda la Península. Hubo ciertamente, como sucede en todas partes en las guerras de conquista, y sobre todo por parte de Muza, matanzas, esterminio de poblaciones, y guarniciones pasadas á. degüello; pero en ninguna parte de España intentaron los árabes plantear la servidumbre. Bastaba que un puebl^ se aviniera á pagar el tributo para conservar su libertad, sus bienes, su religión, sus costumbres, y su régimen local. En menos de tres años todo habia concluido: los árabes ocupaban la España entera, á escepcíon de un pequeño rincón de tierra, situado allá en Asturias, entre los rios&#8217; Eo y Deva. ¿Por qué descuidaron establecerse en aquel cantón enriscado, donde se encendió la llama que debia devorarlos? Parece verosímil que dieran poca importancia á aquelterrito-rio salvaje, cubierto de nieves la mitad del año, de difícil acceso en todo tiempo por las ásperas rocas que le sirven de muralla. Allí, sin embargo, fué donde debia surgir la nacionalidad española; allí, en el centro de aquellas quebradas montañosas, vinieron al mundo los fundadores de lo que despues llegó á ser la potente monarquía de las Españas y de las Indias.</p>
<p>Abdelaziz, hijo de Muza, reemplazó á su padre en el gobierno de la España, y completó la ocupacion de la Península, Sus miras fueron grandes y justas, su política hábil y conciliadora. Comprendió que.seria estéril la conquista si no llegaba la sumisión á los corazones, y encaminó todos sus esfuerzos á provocar una fusión entre todos los pueblos que le obedecían; pero la ambición le llevó mas allá de estos límites. Supo el califa de Damas&#8217;eo que meditaba hacerse independiente, y le hizo asesinar el año 715. Con este príncipe desapareció el sistema que hubiera podido hacer musulmana la España entera, Y entonces ¿qué hubiera sido de los pueblos europeos? Sin&#8217;la muerte de Abdelaziz, sin la existencia de Cárlos Martel, ¿quién podrá calcular en qué límite se hubiera detenido la inunda-<br />
(1)    Dice así el Códice de Itacio : .</p>
<p>Secobrica lime íerieaf. de Tarabella usque Murvetmn: de toga,us~ que Brecqm,</p>
<p>Árcábrica hao tencat: de Alpont mque Olbiam: de Mora tasque Bas-tram.</p>
<p>El padre Florez dice en su España sagrada, que la escritura en que se conserva la división de obispados atribuida al rey Wamba, ni es Original ni del tiempo de los godos.<br />
(2)    Brecám parece corresponder al actual pueblo de Griegos, cuyo nombre debió derivarse de Greca 6 Grecam, y este á su vez de Brecam.</p>
<p>E</p>
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