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raraaron como un impetuoso torrente talando las campiñas, y llevándolo todo á sangre y fuego por las comarcas que confinan con la márgen derecha del .Ebro. No pudo detenerlos en su marcha devastadora Publio Oornelio Scipion, que los esperaba acampado debajo de las murallas de Castrwm-aVbwm (Montalban). Creyó estar bien defendido, teniendo aquella plaza á sus espaldas; pero la caballería cartaginesa arrolló sus filas de tal suerte, que se vió obligado á desamparar aquella posicion, no sin haber dejado dos mil hombres en el campo. En tanto que esto pasaba en la región inferior del Ebro, el otro Escipion operaba en la parte superior del valle, allá no muy lejos de su origen, donde le estaba esperando Asdrúbal con otro ejército que habia llevado desde Cartagena.
No tardaron los Escipíones en reponerse de estos primeros descalabros. De victoria en victoria fueron rechazando á los cartagineses hasta los confines de la Bética, y quedaron dueños de una gran parte de la España citerior. Acordáronse entonces de aquella fidelísima ciudad de Sagunto, que desde cinco años atrás estaba bajo el dominio de Cartago. No debió hacer gran resistencia la guarnición cartaginesa, porque los romanos se apoderaron sin gran esfuerzo de la cindadela, donde hallaron los rehenes que habia recogido Aníbal de todos los pueblos de España , en garantía de que no serian hostiles á los cartagineses. Pusieron en libertad á los saguntinos que encontraron en cautiverio, los colmaron de.distinciones y de presentes, les restituyeron sus campos y les devolvieron su ciudad que bajo el amparo y predilección de los Escipion es fué recobrando su primitivo esplendor, llegando á ser mas tarde, cuando la dominación de Roma se arraigó en el país, una de las ciudades mas bellas y esclarecidas de la España romana.
Desde Sagunto se dirigió Neyo Escipion á la capital de los turbitanos’ (Teruel), que como ya hemos dicho anteriormente, habian sido causa ocasional de la ruina de Sagunto. No debió ser grande la resistencia que le opuso Turba, abandonada á sus propios recursos, y no contando con el auxilio de los celtíberos que se habian declarado en favor de Roma, ni con el de los cartagineses cuyo poderío estaba en decadencia. Neyo Escipion la tomó y desmanteló, no dejando piedra sobre piedra; vendió á sus habitantes en pública almoneda á manera de esclavos, y ordenó que sus campos y sus aldeas fuesen en adelante tributarios de los saguntinos. (Año 214 antes de Jesucristo). La ciudad debió sin»exnbargo reponerse de esta ruina y repoblarse por los turbitanos de las aldeas, ayudados . de los cartagineses de quienes fué siempre constante amiga y fiel aliada. Mas adelante veremos que en sus inmediaciones ganó el pretor Minu ció Termo una gran batalla contra los celtíberos orientales.
Aquí presenta la historia una de aquellas mudanzas de la suerte, incomprensibles por lo súbitas é inesperadas. Nos referimos á la derrota y muerte de los dos Escipiones, despues de una série prolongada de magníficos triunfos, y cuando ya podian considerarse dueños de toda la Península. Despues de la toma de Sagunto y de la destrucción de Turba se habia pasado mas de un año sin que se oyera en ningún punto
de España el estruendo de las armas, ya fuese porque los beligerantes tuvieran necesidad de reposo despues de tan rudas campañas, jya porque quisieran aprovechar este tiempo para proporcionarse nuevos aliados y-adquirirse otros elementos mas poderosos de . fuerza. Parece que durante este período de inacción, los Escipiones solicitaron y obtuvieron la alianza de Sifaz, uno de los reyes de la Numidia, comarca del Africa, septentrional que tan célebre se hizo por la lijereza y arrojo de su caballería. No se descuidaba tampoco-. Asdrúbal por su parte. Pronto apareció en campaña, reforzado por nuevas tropas, y sobre todo con la llegada de Masinisa, otro príncipe númida, que se habia. alistado en sus banderas, tal vez solo porque su enemigo Sifaz se habia aliado con los romanos.
Asdrúbal Barca dividió sus fuerzas en cuatro cuerpos de ejército; tres al mando de Gisgon, Magon, y otro general llamado también Asdrúbal, que debia operar en la Bética y centro de España; y él, como general mas antiguo de España y mas conocedor del terreno, se adelantó con el cuarto cuerpo de ejército hácia el Ebro para hacer frente á los dos Escipiones que estaban en Tarragona. Ya habia tomado posicion Asdrúbal en AnUJiorgis (Alcañiz), y ya estaban en Castuto (Segura de la Sierra, en la provincia de Jaén) los. otros tres cuerpos de ejército cartagineses, cuando los Escipiones salieron de Tarragona al frente de sus. legiones, reforzadas con 30,000 celtíberos. Reunieron á la orilla del Ebro todas sus fuerzas, y despues de haber celebrado un|, especie de consejo de guerra* al que acudieron los representantes de todas las ciudades aliadas, se resolvió marchar contra el enemigo, llevando á vanguardia los celtíberos. Los dos hermanos-caminaron juntos hasta Anitorgis, y asentaron su campo frente al de Asdrúbal, separándolos solamente el rio Guadalope.
La escesiva prudencia suele oscurecer á veces las. dotes mas sobresalientes. Si desde el primer momento hubiesen atacado á Asdrúbal, fácil les hubiera sido aniquilarlo, que fuerzas les sobraban para ello; pero, impulsados acaso por la idea de acabar mas rápidamen -te la’ campaña, complicaron su plan estratégico, y concibieron el propósito de atacar simultáneamente á, todas las fuerzas cartaginesas. Dividieron las suyas, marchando Publio al encuentro de los que estaban en Cástulo, y quedándose Neyo en Anitorgis con los 30,000 celtíberos. Poco despues de” la partida de Publio, abandonaron los celtíberos á Neyo, que reconociéndose inferior á Asdrúbal, resolvió retirarse del Guadalope, y se encaminó hácia el Mijares por More-11a é Intibile, y tomó la ventajosa posicion de Orsona (Artana), situada en la falda oriental del Idubeda ó sierra de Espadan. Asdrúbal le siguió muy de cerca, y se puso en observación, no atreviéndose á atacarle por entonces. En tanto que esto pasaba en Aragón, Publio atravesaba la Celtiberia y llegaba al frente de • Cástulo. Supo que Indibil se aproximaba con’7,000 sueselanos (1) en auxilio de los cartagineses, y queriendo estorbar esta reunión, dejó á Fonteyo en el.
(1) Los de las montañas de ¿raides.—Según Flor jan de Ocampo^ los suesetanos eran el pueblo de Suesa ó Sangüesa en Navarra, situa
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