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cioa agarena. En los vastos planes de su padre Muza, entraban la conquista de las Gallas, de la Alemania y del imperio de Oriente; y aunque pareció revivir esta concepción grandiosa en la mente de Abd-del-Raman, el vencido en la batalla de Poitiers, tal vez. solo pudieron realizarla los dos héroes de la conquista. La emulación de Tarek y Muza que fué causa de los progresos de sus armas, fué precisamente la que detuvo el ímpetu de la invasión árabe en el momento en que iban á atravesar los Pirineos.

III.

Juzgamos inoportuno ampliar estos preliminares sobre los primeros pasos de los árabes en el territorio español, preliminares que hemos creido indispensables para la cabal inteligencia de los hechos posteriores. Poco ó casi nada sabemos de lo qué pasé en el territorio de la provincia de Teruel durante siglo y medio despues de la invasión agarena. Lo único que cabe asegurar con certeza es, que la poblacion romano-goda se avino fácilmente á la dominación árabe, á escep-cion de algunos que por tener un carácter mas independiente ó creencias mas fervorosas, se acogerían al sagrado del naciente reino de Astúrias. En los últimos años del siglo ix aparecen por primera vez en la historia los nombres de dos ciudades árabes, AlhmUh y Aben Racin; la primera para presenciar una sangrienta asechanza en 866, y la segunda para servir de •origen al célebre señorío de Albarracin, dependiente de los emires de Valencia hasta 1165, en que súbitamente se presenta bajo el dominio de los belicosos Azagras.

El érden cronélogico exige que empecemos por Alcañiz, y sigamos narrando los sucesos acaecidos hasta su conquista y, la de Teruel, dejando .para el capítulo siguiente la historia, en estremo variada é interesante, del señorío de Albarracin. Corría el año 864, cuando el célebre rebelde Aben-Hafsun, que se habia confederado con los cristianos de Ainsa, Benasque y Be-nabarre, llegé con sus algaradas ó correrías hasta la comarca de Alcañiz, impetuoso como los ríos que bajan de aquellos montes, asolando los pueblos de la tierra’ baja que no quisieron rendirle vasallage. Antes que la rebelión tomara mayor incremento, decidid Muhamad, califa de Córdoba, atajarla y escarmentar á los sublevados, reuniendo un poderoso ejército en Toledo, y mandando que acudiese al Ebro toda la gente de armas de Murcia y Valencia, acaudillada por su nieto Zeid-Ben-Casim, cuyos movimientos debía pro-tejer el mismo Muhamad con el ejército de Toledo.

Reconoció Hafsun su impotencia para vencer con la fuerza, y apeló á la astucia, en vez de aprestarse para la defensa ó de resignarse á la sumisión. Escribió rendidamente al califa, tomando cielo y tierra por testigos de que cuanto hábiahecho era solo un ardid para desconcertar á los enemigos del Alcorán, y poder arrollarlos fácilm’ente: protestó que si el califa le aprontaba el- auxilio de las gentes de Valencia y Murcia, que marchaban contra él, podría sorprender á ios cristianos que moraban al Oriente del Segre, y avasallarlos al primer avance. Tantas fueron sus promesas, y tales sus visos de sinceridad, que el califa se dejó engañar ofreció á Hafsun el gobierno de Huesca si cumplía lo ofrecido, y encargando á Zeid-Ben-Casim que se pusiese de acuerdo con Hafsun, tomó de regreso el camino de Córdoba.- Llegó el momento de la catástrofe tan mañosamente preparada. Las tropas del nieto de Muhamad se encontraron con las de Hafsun en los campos de Alcañiz, confundiéndose unidas en un mismo campamento. Nada recelaba el desventurado Ben-Casim que dormía tranquilo en su tienda, cuando á deshora de la noche se arrojaron los de Hafsun sobre las desprevenidas huestes, y los degollaron bárbaramente, así como á su jefe qne murió, defendiéndose con bizarría, á leí temprana edad de diez y ocho años.

Vino en seguida con numerosas huestes desde Córdoba el príncipe Alraoudhir, hijo de Muhamad, y derrotó completatúente á los rebeldes de Aben-Hafsun, pereciendo en la refriega uno de sus mas valientes partidarios Abddelmclik, alcaide de Lérida. Despues de estos reveses, volvió á rehacerse el intrépido cuanto . infatigable Hafsun, que por espacio de cincuenta años estuvo desafiando el formidable poder del califato de Córdoba hasta el año 918 que murió en tierra de’Hues-ca. De aquella prolongada guerra civil, aun quedaban huellas cuando en 917 llegó á Alcañiz el famoso Ad~ derraman III. Y cuentan las crónicas árabes que estuvo en aquella ciudad algunos dias, recibiendo la obediencia y sumisión de muchos pueblos comarcanos, despues de haber recorrido triunfante las tierras de Murcia, Valencia, Murviedro, Nules y Tortosa.

Compréndese que el poderío de los árabe* se ostentaba pujante en Aragón, allá en los principios del siglo x. Pronto le veremos, sin embargo, quebrantado por- el génio batallador de D. Alonso I, que dos siglos despues bajó desde Huesca, arrollándolos con ímpetúWesistibie, no parando en su carrera triunfadora hasta Alcañiz y Monreal del Campo. Pero antes débanos consignar un episodio histórico que se refiere al famoso Rodrigo Díaz de Vivar, apellidado el Cid, que recorrió parte de nuestra provincia hácia el año 1092. El insigne cronista Zurita, cuya autoridad en las cosas de Aragón es de mucho peso, dado que escribió sus anales refiriéndose á documentos auténticos, nos ha trasmitido la noticia _ de aquella espedicion. Bajó el Cid de Castilla á tierra de Toledo, y de allí fué por la ribera del Henares arriba por tierra de moros, hasta llegar entre Ariza y Cetina, pasó por Alha-ma de Jalón, atravesó la sierra que los ántignos llamaron el Idubeda, y por la ribera del Jalón pasó á Bubierca y Ateca. No lejos de allí tenían los moros un castillo muy fuerte y enriscado; ganólo, y desde él hizo muchas correrías y presas. Cuéntase que allí le salieron dos capitanes moros que contra él envió el rey moro de Valencia, con la gente que se juntó de aque -lias comarcas, que le tuvieron cercado algunos dias, y saliendo contra ellos fueron desbaratados y vencidos. Desde allí fué el Cid ganando los lugares de la. ribera del rio Martin, hasta que aumentadas sus fuerzas, pudo entrar conquistando muchos lugares del reino de Valencia, y poner sitio á aquella ciudad. Ei tránsito del Cid por la provincia lo recuerdan las tradiciones populares, perpetuándose además su nombre en el pueblo llamado Iglesuela del Cid, que corresponde al

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