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partido de Segura, y en la Peña del Cid, que es un picacho berroqueño entre. Víllarroya y Montalban, sobre elctíal estaba el castillo de Pinacastel. Desde allí so-lia el Cid acudir con su tizona á los emires sos vecinos, y con especialidad á los de Zaragoza y Albarracin,- con quienes estuvo muy hermanado.

Llegamos por fin á los siglos xr y xn que fueron la’edadheróica del reino de Aragón. Aquellos terribles almogábares de Sobrarbe que habian fundado un pequeño reino en las quebradas de los Pirineos, venían arrollando á la morisma desde el año 1089. Fuertes y duros como las rocas de su patria, ágiles y ligeros como buenos montañeses, irresistibles en el avance, avezados á’toda suerte de incomodidades y á todo linaje de peligros, sirvieron maravillosamente á la pasmosa obra de la reconquista que habian iniciado Pela-yo en Asturias, Sancho Abarca en Navarra, Iñigo Arista en Aragón. Impetuosés como los rios que se despeñan de sus montes, los vemos salir de sus primitivas asperezas, estenderse con bélico aparato por los valles del Isuela, del Alcanadre y del Cinca, y apoderarse de Monzon en 1089, de Huesca en 1096, de Sari-ñana y de Barbastro en 1101, casi al mismo tiempo que los castellanos se hacían dueños de Toledo. Pero tales conquistas, por importantes que fuesen, no .eran sino como ensayos en que probaban su denuedo, y una vez seguros de los alcances de su pujanza, no hubo ya nada que pudiera detenerlos ,en su marcha triunfadora.

Magnífica fué la série de sus victorias en tiempo de D. Alonso el Batallador, guerrero- infatigable que -pasó toda su vida en la pelea y murió combatiendo. Cada una de sus batallas, y fueron muchas, le abría las puertas de una ciudad ó le hacia dueño He un castillo. La toma de Zaragoza en 1118, fué una adquisición importante que aseguraba el señorío de los aragoneses en todo el valle del Ebro. No se durmió D., Alonso sobre sus laureles, porque al año siguiente ya estaba al frente de Alcañiz que era entonces el principal ba- ” luarte que. tenían los moros en el bajo Aragón. Antes de acometerla, quiso prepararse para asegurar el golpe, y con tal objeto se fortificó en un cerro inmediato, que es precisamente el mismo donde hoy se. encumbra su castillo. Cuando los moros vieron á lo lejos, desde los muros de Alcañiz el viejo, descollar sobre los pinos de aquel cerro una fortaleza, contempláronse perdidos, y en el furor de su desesperación destruyeron sus preciosidades y asolaron sus propias casas. En torno del castillo se agrupó la nueva poblacion, favorecida como lugar fronterizo con insignes privilegios, que despues ratificaron D. Ramón Berenguer, D. Alonso II y D. Jaime el Conquistador, siendo el primero de estos reyes quien le otorgó formal y espresamente su carta-puebla, concediendo á sus habitantes los fueros de Zaragoza, y el dominio de una considerable estension de territorio. Dueño D. Alonso el Batallador de Alcañiz, poco le costó apoderarse de Castelserás, Calanda, Castellote, Alcorisa, Caspe y Maella, formándose así un fuerte distrito avanzado contra las huestes fronterizas de los moros de Montalban y de Tortosa. Posteriormente se confió su defensa á la órden. de Calatrava, y. fué dada su encomienda en 1179 al maestre D. Martín Ruiz de Azagra, hijo de aquella valerosa raza que por el ‘mismo tiempo se enseñoreaba de Albarracin al otro lado de la provincia.

De victoria en victoria iba estendiendo, D. Alonso los límites de su reino en todas direcciones; por el lado de Navarra, hasta Tudela; por la parte de Castilla, hasta Medinaceli; po r laparte de Valencia, hasta Monreal del Campo. Puede conjeturarse lo incontrastable de su empuje, considerando que le bastaron dos campañas brillantísimas para tan grande empresa. Despues de la conquista de Alcañiz, y en el mismo año de 1119, se dirigió al Nordeste de Zaragoza y tomó á Tarazona, Tudela, Borja, Magallon y Mallen; descendió luego al valle del Jalón y se apoderó de Alagon, Epila, Riela, Calatayud, Ateca y Alhama. Se remontó al año siguiente por la ribera del Jiloca, se hizo dueño de Daroca y de Cutanda, y descendió á los llanos de Monreal donde .puso término á sus conquistas por aquella parte de su reino:    *

Era Daroca entonces un punto estratégico importante, puesto que tenia un castillo tortísimo, y podía servir de baluarte contra los moros de Valencia, de Molina y de Cuenca; pero «considerando, dice ‘Zurita, que desde Daroca hasta la ciudad de Valencia, por las continuas entradas y guerras todos los lugares estaban deshabitados y yermos, y no se labraba ni cultivaba la tierra, y todo se dejaba desamparado y desierto, mandó poblar aquel lugar, y que.se llamase la ciudad de Monreal, en la cual la nueva milicia destinada al ser-vicio de nuestra fé (los caballeros del Temple) tuViese su principal morada y convento. Para sustentar este convento, le señaló el rey ciertas rentas en 1.a ciudad de Zaragoza y Jaca, y la mitad de las rentas de muchos lugares muy principales, que estaban en poder de los que eran sus tributarios, y de todos los otros lugares que habia desde el puerto de Cariñena hasta Monreal; y les concedía en cada ciudad, y villa principal, y castillo que se ganase de los moros, el mejor heredamiento que hubiese.» La posesion de Monreal le aseguraba el modo de penetrar cuando quisiera en el reino de Valencia; pero esto no debia realizarse hasta el reinado de D. Jaime el Conquistador, como veremos mas adelante.

CAPÍTULO HL

HISTORIA DEL SEÑORÍO DE ALBAEiUCW.

(Desde el año 1010 á 1300.)

- Fué Albarracin durante los primeros siglos de la reconquista, y antes que se inventaran las armas de fuego, la mas importante fortaleza de España. Albarracin está situado en el centro de la gran cordillera de montañas que atraviesa la Península de Nordeste á Sudeste, cuyo nudo ó centro forma la sierra de su, nombre. Tres rios y una ribera tienen su principio y nacimiento casi al pié de la fortaleza : el Tajo , el Júcar, el Guadalaviar , y el Jiloca que va á echarse en el Jalón cerca de Calatayud. Así, Albarracin, desde su propia situación que era inaccesible por la natura-

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