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de familia relativo al mencionado Abu-Meruan ó Meruan, acaecido el año 1099. Sucedió,’ pues, que su yerno Obeidala llegó en una de sus algaras ó correrías desde el reino de Valencia hasta Albarracin. Era el mozo ambicioso, y mas que ambicioso, imprudente y arrebatado. Se encaró con el suegro, y le propuso llanamente lo que en lenguaje moderno se llama una abdicación, y que le sirviera de presente con armas, tropas y dinero. Irritado Abu-Meruan de tal atrevimiento, le reprendió con aspereza, se encendió la disputa, y sacaron los alfanjes Obeidala y un hijo suyo que le acompañaba contra Abu-Meruan. Aunque viejo, no le faltaba brio al señor de Albarracin; túvolos á raya mientras pedia auxilio; llegó al rumor de la pelea su hija, prometida esposa de Obeidala, que viendo cómo se herían, dió grandes voces; acudieron presar osos la familia y servidores de Meruan, que al ver á su señor acometido de aquellos, luego los embistieron á cuchilladas, y los hubieran acabado si Meruan no los hubiese contenido. Los hizo maniatar, y habiendo retirado de allí á su hija, mandó cortar piés y manos á Obeidala y sacarle los ojos, y despues ponerle clavado en un palo, y á su hijo cortarle los piés y encerrarlo; y todo se obedeció al punto como lo mandaba.
No descollaba ciertamente el Saheb de Albarracin por su benignidad; y sin embargo, el cronista arábigo se complace en ponderar sus prendas, á renglón seguido de relatar el acto de barbárie que cometió con Obeidala. «Era este Abu-Meruan, dice, muy amado de sus gentes; el fuego de la hospitalidad ardia en su casa de dia y de noche; trataba al pueblo con mucha afabilidad, y era el amparo de sus necesidades.» Abd-el-Malek II, Abu-Meruan, renovó el vasallaje al califa de Córdoba en 1095, y murió un año despues (1). Heredaron el señorío sus dos hijos, Abd-el-Melek III, y Yahye, que sucedió á su hermano en 1102, en la misma dependencia de Córdoba, y directamente eñda del emir de Valencia. Desde 1102 hasta 1165 se nota’ un vacío en la hisforia de Albarracin, sabiéndose únicamente que estuvo constantemente bajo la dependencia de los emires de Valencia, estinguida ya la familia de los Beny-Racines. Curibay y Mariana refieren que á últimos del siglo xn uno de aquellos emires, el rey Lobo, hizo donación de la ciudad de Albarracin al famoso navarro D. Pedro Ruiz de Azagra, hijo de don Rodrigo, señor de Estella. Ortiz Sanz afirma que Ruiz de Azagra la tomó á fuerza de armaáj que echó de ella á los-musulmanes, y que la pobló de cristianos. Sea como quiera, lo cierto es que en 1165 Albarracin era cristiana, bajo el señorío de la familia de los Azagras.
II.
(I) Conde dice que murió en 1103. TBRUEL.
Ya recibiera por donacion el señorío, ó ya lo conquistara con su espada, no’es menos cierto que Ruiz de Azagra se mostró digno de regirlo. Codiciaban tan preciada presa ios reyes de Aragón y Castilla, y mas de una vez se coaligaron para arrebatarla de sus manos; pero él, incontrastable dentro de su fortaleza, cuando no-los detenia con sus armas, los desarmaba con su hábil política, mezclándose y tomando parte en sus querellas, no obedeciendo á ninguno; y procurando apartarlos siempre del designio de atacar-.; le. Hácia el año 1170, uno ó, dos antes de la conquista de Teruel, declaró no ser vasallo de ningunode los reyes de la tierra, y para manifestar qne no rendiría homenaje á otra potestad que la del cielo, comenzó á llamarse vasallo de Santa María y señor de Albarracin.
En 1172 fué cuando tuvo lugar la confederación de ambos reyes á que nos hemos referido, el de Castilla para recobrar las fortalezas que en el suyo habia ocupado Azagra, el de Aragón para apoderarse de Albarracin y redondear el suyo por aquella parte. El naciente puesto avanzado que habia establecido en Teruel contra los moros de Valencia, no era aun bastante fuerte para sostener sus continuas acometidas. Con Albarracin á la espalda, y estando en poder del rey de Aragón, quedaban asegurados los límites meridionales de su reino. Concertáronse los dos reyes cdn-tra D. Pedro con las siguientes condiciones: el rey de Aragón cedió al de Castilla la villa y fuerte de Ariza, con todos sus términos; el rey de Castilla cedió al de Aragón el castillo de Verdejo. Convinieron asimismo, juzgándose ya vencedores, que la villa de Santa María de Albarracin quedase en poder del rey de Aragón, y que los otros castillos y lugares que Ruiz de Azagra tenia quedasen bajo el señorío de Castilla. Pero el señor de Albarracin supo deshacer la tempestad que le amenazaba, parte con su valor, parte con su prudencia, teniéndolos á raya cuando intentaban penetrar en su territorio, aliándose con el rey de Navarra que le facilitaba gentes y recursos, y finalmente sembrando la discordia entre sus dos adversarios.
Tal era el estado de las cosas en 1176, cuando los dos reyes decidieron atacar á Cuenca que aun estaba, en poder de los infieles. Allá fué también Azagra con los suyos, y tanto se distinguió con sus hazañas en el cerco que pusieron á aquella ciudad, de tal modo se captó la voluntad y el respeto de los monarcas aragonés y castellano, que estosdesistieron de su empresa, y él no tuvo que temer por entonces que se le desposeyera de su Estado, á pesar de mantener su orgullo y su soberanía. Con harta razón dijo Zurita que la política de Azagra fué quizá la mayor hazaña que de caballero español haya quedado en la memoria de los nuestros.
Mas de una vez sirvió Albarracin de albergue álos descontentos de Aragón, durante el señorío de los Azagras. Allá encontraban franca hospitalidad en todas ocasiones, á veces el auxilio de la espada. Solían los infanzones aragoneses por aquellos tiempos en que la autoridad real no se habia afianzado por completo, tratar á los reyes como iguales. Este espíritu de rebeldía duraba aun en el reinado de D. Jáime I, cuya juventud se pasó en un continuo batallar con sus ricos hombres, que cuando se coaligaban constituían un poder formidable. Así vemos á D. Rodrigo de Lizana, uno de los mas poderosos magnates de aquel tiempo, declararse en rebelión abierta el año 1120, y refugiarse en Albarracin con sus parciales. Vínole-bien á don Pedro, que no se descuidaba, cuando podía, en susci-
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