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tar obstáculos á los reyes aragoneses. Acogió áLizana con distinción, y se confederó con él para la lucha con . las tropas de D. Jáime. Por el mes de octubre del mismo año cayó este sobre Albarracin con los ricos hombres y gente de guerra que se pudo juntar, y acampó en la sierra frente á la torre del Andador.

Dos meses duró el sitio, sin que el rey consiguiera tomar la plaza. Estaban dentro unos ciento cincuenta caballeros, entre castellanos, aragoneses y navarros. Con el rey había muchos ricos hombres con las gentes do los concejos de Zaragoza, Lérida, Calatayud, Da-roca y Teruel, por donde podrá comprenderse la importancia que se daba á la toma de aquella villa. Ayudaban tibiamente al monarca sus caballeros,’y aun cabe presumir que le vendían, porque los de Albarracin tenían aviso de cuanto pasaba en el campamento y de los planes que se fraguaban en el consejo del rey. Cierto día supieron que quedaban para guardar los ingénios, D. Pelegrin Ahones y D. Guillen de Pue-yo, y á la media noche hicieron una salida^con haces de sarmientos encendidos para pegar fuego á las trincheras, y acometieron á los que custodiaban las máquinas. Ahones y Pueyo se defendieron como buenos, pero desamparados de los suyos perecieron en la refriega. Convencido el rey de la mala fé de los ricos hombres, determinó levantar el cerco, y se volvió á Zaragoza.

En £>. Alvar Perez de Azagra, cuarto señor de Albarracin, se extinguió la línea masculina de aquella familia inteligente y valerosa, á quien solo faltó para’ establecer un reino dilatado haber florecido en época distinta. D. Alvar conservó toda su vida la mejor armonía con los reyes de Aragón, y en su reinado ya se promulgaron muchas leyes pecuarias y reglamentos de dehesas, como resulta de las escrituras que á fines ‘ del siglo pasado se conservaban en los archivos de Albarracin y de Ródenas. El último de los Azagras es-’ tendió los límites de su señorío hácia Oriente, apoderándose de gran parte de la hermosa llanura del rio Celda. A su muerte, ocurrida hácia 1276, heredó el señorío D. Juan Nuñez de Lara, uno de los mas pode-rosos y grandes señores de Castilla, que habia casado con doña Teresa Alvarez de Azagra, hija mayor de D. Alvar.

Yol vió á estallar entonces el eterno antagonismo con los reyes de Aragón, mas violento con los nuevos ‘ señores, que por ser castellanos no necesitaban tener ningún género de miramientos. Con el favor y ayuda del rey de Francia, con quien se había aliado Nuñez de Lara, y del cual recibía socorros por dentro de Na -varra, rompió con los reyes de Aragón y de Castilla, y empezó el año 1284 una guerra de devastación y de rapiñas por los puntos fronterizos de ambos reinos. No le seguiremos en sus correrías por las tierras de Alfaro, Calahorra, Osuna y Sigüenza. En Aragón fué tanto el daño que hicieron sus aventureros franceses y navarros, especialmente en las aldeas de Teruel, que el concejo y pueblos juntaron sus gentes de armas y se pusieron á la defensa en tanto que llegaban las tropas del rey, y los concejos de Daroca y Calatayud convocados de antemano por ios de Teruel. Habia llegado ya la-monarquía aragonesa al lleno de su pujanza, y decidió D. Pedro III realizar lo que no habian

logrado sus predecesores. Hizo replegar toda la gente de caballo y de pié del reino de Valencia y de Castilla, y los mandó Guadalaviar arriba con los concejos de Teruel, Calatayud y Daroca, con el propósito firme de apoderarse de Albarracin , y acabar para siempre con su señorío.

Conociendo Nuñez de Lara el ánimo del r.ey, no creyó prudente esperarle; reunió el concejo de Albarracin y les manifestó la urgencia de proporcionarse socorros, y que él mismo iría á Navarra para traerlos. Partióse, en efecto, á la noche siguiente, sin que se pudiese estorbar su salida, por no tener los sitiadores tanta gente que bastasen á defender los pasos de la sierra. Antes de marchar dejó por capitan á un sobrino suyo. La plaza estaba mal provista ¡de víveres y municiones, porque nunca habia creído Nuñez de Lara que pudiera ser sitiado un lugar tan. fuerte y escabroso. La guarnición se. componía de 200 hombres de á caballo, y bastante de á pié, navarros y castellanos. El cerco se fué estrechando mas y mas por los del*rey, que fueron tomando las gargantas y desfiladeros de los contornos, de suerte que ninguno pudiese salir.

La posicion de los sitiadores era la siguiente: el rey don Pedro con buena parte del ejército se puso en frente de la torre llamada de Entrambasaguas, que era uno de los puntos mas fuertes de la villa; á la parte opuesta estaba el infante D, Alonso con su gente, y los con-• cejos de Calatayud y Daroca; cerca de este, pero mas cerca de los muros, se colocó el conde de Ürgel: al vizconde de Cardona le tocó la parte de terreno que está frontera con la torre del’Andador, que era también muy fuerte; D. Ramón de Angiesola, con la gente del concejo de Teruel, tuvo otro cantón ó cuartel, y á D. Ramón de Moneada se le destinó para que embistiera los Molinos, que fueron pronto tomados y destruidos. En los Molinos se colocaron luego las máquinas que lanzaban las arrojadizas sobre la plaza.

Atacaban los sitiadores con vigor: defendíanse los sitiados con valentía. A pesar de los esfuerzos del rey, que personalmente dirigió los ataques contra la fortaleza de Entrambasaguas; á pesar del arrojo del infante D. Alonso y del v ízconde de Cardona, que no cesaban de combatir la torre del Andador y de más lienzos de la muralla, los sitiados resistían con el mayor denuedo. Entrado ya el mes de setiembre, hizo el rey fabricar unas casillas de piedra para que. los soldados .pudieran guarecerse del frió que suele ser estremado en aquella tierra. Desmayó el valor *de los sitiados, considerando que el sitio se prolongaba, y no llegaban los socorros prometidos; se habian agotado además los víveres hasta el punto de tener que alimentarse con carne de caballo; y finalmente , Nuñez de Lara habia dicho á sus mensajeros que él no podía venir á socorrerlos , y así que se rindiesen cuando ya no pudieran prolongar la resistencia, Y en efecto, entregaron la ciudad al rey á mediados de octubre de 1283, con la gloria de haberse portado como vasallos leales y como guerreros valerosos. Dueño el rey de Aragón de la ciudad y los castillos, hizo echar la gente de guerra, compuesta en su mayor parte de franceses, navarros y castellanos; la repobló con gente del país, fortificó y reparó los muros y sus torres, y

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Capítulo Capítulo 3.- Historia del señorío de Albarracin, Segunda Parte | publicado por admin el Sunday 25 October 2009 a las 16:29
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