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	<title>Crónica General de España (1866): Provincia de Teruel &#187; Capítulo 6.- De la parte que tomó Teruel en los sucesos de Aragón de 1591 y 92</title>
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		<title>Página 83</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:19:39 +0000</pubDate>
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<p>cunstancias. Alborotóse el concurso con su presencia y sonaron voces apellidándoles traidores y pidiendo que fueran espulsados del local. No se opusieron los magistrados á esta petición, y los Novellas quedaron escluidos del Concejo; y arrojados con violencia, salieron á la calle acompañados de Francisco Guillen, Justicia ordinario de Teruel. Inútiles fueron los esfuerzos del Justicia para salvarlos. Cuajadas las calles de gente, estalló un tumulto al aparecer los desgraciados hermanos. Suplicó el Justicia que abrieran paso y los dejasen retirar pacíficamente, y no le obedecieron. Quedaron los. Novellas en medio de aquella irritada multitud que se precipitó sobre ellos con propósito de matarlos. Desenvainaron las espadas, se defendieron como pudieron, y refugiándose á una casa cercana fueron allí cogidos, y muertos de heridas dadas con todo género de armas. Y tal debió ser el odio que Ies tenian, y tal la saña de aquel pueblo desatentado y furioso, que sus cuerpos mutilados y sangrientos que-daron allí abandonados de amigos y de parientes, y sin que en mucho tiempo nadie se atreviera á recoger sus cadáveres, «porque cualquiera piedad, dice Ar-gensola, era entonces peligrosa.» Despues de esto arremetieron ios amotinados al castillo que el rey tenia en la ciudad, le tomaron á viva fuerza, y atííi trataron de derribarle; pero desistieron del empeño á ruegos del registrador mayor y de otros ciudadanos pacíficos.</p>
<p>Vencida la insurrección de Zaragoza, pensó el rey en castigar los excesos de Teruel y la muerte de los Novellas, enviando con plenos poderes al licenciado Covarrubias, oidor de la Audiencia de Valencia, La justicia fué ejecutiva y sangrienta. Formó varios procesos, y mandó ahorcar y hacer cuartos á nueve ó diez hombres de los mas culpados, y á otros echó á galeras, perdonando á los demás. Desde allí pasó á Albarracin, donde no halló materia para castigos, antes al contrario, buena disposición para someterse á la voluntad del rey.</p>
<p>Ya se comprende que no desaproveoharia Felipe II esta ocasion que se le presentaba para dar otro corte á la legislación aragonesa, cercenándola en todo aquello que favorecía el desarrollo del poder y de los intereses locales; y se comprende también que Terne! debió ser objeto preferente de su encono y de sus represiones. Decidió, pues, acabar con sus fueros, dejarla inhábil para la defensa de sus libertades, extinguir en suma todo el elemento de vida propia y hacer imposible para lo sucesivo todo conato de resistencia. Envió á la ciudad al regente del Supremo Consejo de Aragón D. Martín Batista Lanuza. El asunto era ár-duo y difícil, aunque no tanto como algunos años atrás. Lanuza, ayudado de Agustín Villanueva, y del doctor Castellot, síndico de Teruel, lo arregló todo en menos ■ de dos meses, según las instrucciones y con entera satisfacción del monarca. Los escritores castellanos que historiaron aquella época, dicen que los de Teruel renunciaron voluntariamente los fueros de Sepúlveda, admitiendo el régimen general del reino.</p>
<p>No fueron parcos los comisionados en el ejercicio de su cometido. Como nadie podia oponerse á sus decisiones, ataron y desataron lo que quisieron. Volvieron lo de arriba abajo, transformando las leyes y or-</p>
<p>denanzas municipales de la ciudad y comunidad. Reconocieron los propios y las rentas, hicieron nuevos deslindes de términos y campos, de pastos y dehesas, bajo pretesto de la confusion que habian ocasionado los pleitos y revueltas anteriores y la falta de justicia, de justicia castellana especialmente. «Todo quedó en armoniosa quietud, dice Faria y Sousa (1); fué grande y general el regocijo por este arreglo; hubo fiestas y luminarias&#8230;» Pintar es como querer, pintar con el pincel de la lisonja cortesana, que llama Cfran Justicia al gran opresor de las libertades aragonesas.</p>
<p>CAPITULO VII.</p>
<p>Desde el reinado de Felipe II hasta la conclusión de la guerra civil.</p>
<p>I.</p>
<p>Con el imbécil Cárlos II feneció la dinastía austríaca, raza advenediza que recibió de manos de los Reyes Católicos la nación mas poderosa del orbe para entregarla estenuada, impotente y miserable á la Casa de Borbon. Y aquí será bueno que aplacemos á los ensalzadores de la política guerrera de Cárlos V y de la política religiosa de Felipe II, para que depuesta toda prevención de escuela ó de partido, nos digan de donde data la decadencia de nuestra patria. Aquella mentida grandeza de sus reinados encerraba gérmenes de muerte que debían desarrollarse en las épocas del apocado Felipe III y del frivolo Felipe IV. Cárlos V solo pensaba en guerras y batallas; Felipe II solo en conservar la preponderancia del catolicismo y en aniquilar las fuerzas locales del país; Felipe III en sus privados; Felipe IV en sus amores y. en sus versos; Cárlos II en nada. La degradación de la raza austríaca corrió paralela con la decadencia de la nación; y cuando aquella concluyó, era imposible que esta se levantara, porque se habian arrancado de raiz las libertades del país, y con ellas todo lo que habia en él de grande, de vivificador y de fecundo.</p>
<p>El último rey austríaco dejó la corona de España al duque de Anjou, que al reinar tomó el nombre de Felipe V. Con guerra continua se pasó el dilatado período que empieza en Felipe el Hermoso y termina en Cárlos II; y aun despues de extinguida aquella raza de triste memoria, nos dejó el funesto legado de la guerra de sucesión que desoló el territorio español desde 1700 á 1714. En los primeros años de la guerra fué la fortuna favorable á Felipe V; pero con la llegada á Barcelona de su competidor el archiduque Cárlos en 23 de agosto de 1705, cambió la faz de los negocios. Casi toda la antigua corona de Aragón se decidió por el último, en el ánimo y en la realidad. Ganó el archiduque la batalla de Zaragoza, y esta jornada tuvo tal trascendencia, que pocos dias despues entraba en Madrid, casi al mismo tiempo que la córte de Felipe II se refugiaba en Valladolid. (Año 1710),</p>
<p>La primera poblacion de Aragón que se declaró por el archiduque fué Alcañiz, que cedió á las sugestiones del conde de Cifuentes. Andaba entonces triunfan-</p>
<p>(1) El Gran Justicia. Véase desde el fólio 41.</p>
<p>E</p>
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		<title>Página 84</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 22:19:30 +0000</pubDate>
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<p>te la causa del austríaco eu Cataluña. Levantóse Alcañiz á su favor en 1705, y siguieron instantáneamente Caspe, Calanda, Monrojo y demás pueblos principales de la tierra baja. Puso esto en gran inquietud y movimiento á todo Aragón; pero la actividad y destreza que desplegó el príncipe de Tilly, general de Felipe Y, el prestigio que le daban las facultades de que venia investido y las fuerzas militares con que contaba, obligaron á los de Alcañiz á someterse bajo condiciones honrosas. El conde de Cífuentes, que se hallaba allí organizando la resistencia y conmoviendo los ánimos, pudo escaparse furtivamente y refugiarse en Cataluña; y los pueblos que habian abrazado su partido, tardaron poco en volver á la obediencia del francés, especialmente despues de las sangrientas ejecuciones de Calanda.</p>
<p>. Fuera de esto, no ocurrieron sucesos señalados en nuestra provincia. Solo en Bañon, pueblo situado en el valle del Jiloca, hubo un encuentro entre las tropas de los dos pretendientes, quedando derrotada la división austríaca. La ciüdad de Teruel no siguió el impulso de Aragón y abrazó la causa de Felipe V, manteniendo á sus espensas un batallón de 600 hombres que hizo la guerra desde 1705 á 1715.</p>
<p>En setiembre de 1714 sitiaban las tropas de Felipe V la plaza de Barcelona, cuando llegó la noticia de la muerte de Leopoldo, emperador de Alemania. Corona por corona, aquella ofrecía menos dificultades que la de España, y allá se fué el archiduque á tomar posesión del imperio, dejando así defraudadas las esperanzas de los que peleaban por su causa. Dueño Felipe Y del campo y proclamado definitivamente rey de España, puso sus ojos en Aragón, y como raras veT ees perdonan los reyes, vengóse de los aragoneses, sujetándolos á un régimen de arbitrariedad absoluta y despojándolos para siempre de sus memorables fueros.</p>
<p>II.</p>
<p>Durante la guerra de la Independencia sufrió nuestra provincia las varias alternativas de aquella prolongada lucha que solo debia terminar despues de la glo~, riosa batalla de Bailen. Iniciada la resistencia contra el yugo estranjero el 2 de mayo de 1808, Aragón respondió pronto al llamamiento de los patriotas de Madrid. Convocada porPalafox en 9 de junio la Junta Suprema de Aragón que debia reunirse en Zaragoza, fueron allá representantes de los tres partidos ó corregimientos en que entonces se dividía la provincia, á saber:- el conde de Samitier por Alcañiz, D. Juan Navarro por Albarracin y el conde de la Florida por Teruel.</p>
<p>Pocos fueron los hechos de bulto que ocurrieron en la provincia, á escepcion del sitio y batalla de Alcañiz, y de la acción que Villacampa ganó á los franceses á poca distancia de Teruel, en las ventas de Mala-madera; pero sus habitantes tomaron una parte activa, ya alistándose como voluntarios al organizarse los cuerpos de ejército, ya concurriendo á los memorables sftíos de Zaragoza, donde naturalmente se reconcentró la resistencia de los aragoneses. Durante el segundo sitio de Zaragoza, los franceses destacaron á</p>
<p>una división de 2,000 infantes, 600 caballos y algunas piezas de artillería al mando del general Yathier, con el objeto de acopiar víveres en los ricos pueblos de la tierra baja. En su ruta fué Vathier acosado por las guerrillas de paisanos y algunos destacamentos de soldados, en términos que, deseoso de destruirlo, los persiguió hasta las cercanías de Alcañiz. Yathier llegó á Samper dé Calanda el 9 de enero de 1809, y desde allí pidió raciones al ayuntamiento de Alcañiz. Se le contestó poniendo en la cárc el al conductor del parte. Desairado el general francés se encaminó contra Alcañiz el 26 de enero. Para su defensa pudieron reunirse 700 hombres del vecindario, pero mal armados y peor dirigidos. Defendiéronse sin embargo con denuedo, sin poder evitar que al primer avance penetraran los franceses en la población. Trabóse un horrible combate en las calles, y vencedores los franceses entraron á saco y á degüello. Ciento cuarenta personas de la poblacion sucumbieron al filo de la espada enemiga; pero su triunfo costó caro á los franceses, que perdieron cuatrocientos hombres.</p>
<p>Én este mismo año de 1809 se rindió Zaragoza, mas obligada por la peste y por el hambre que por el valor de los sitiadores. Con la rendición de Zaragoza quedó todo Aragón postrado por algún tiempo. El mariscal, Suchet que tenia su cuartel general en Zaragoza, la sojuzgó de tal manera, que poco despues pudo amenazar á Valencia; y si entonces el general español Blake, que se encontraba inactivo por Murcia y Orihuela sehubíeradirigido rápidamente hácia Teruel, Suchet quedaba cortado y él habría podido entrar en Zaragoza, sin perder un homhre ni disparar un tiro. Decidióse al fin, y encaminó su ejército hácia Aragón, consiguiendo apoderarse fácilmente de Alcañiz. Allí se hallaba Blake con fuerzas respetables, cuandollegó en su seguimiento el mariscal Suchet con 8,000 infantes y 800 caballos, recogiendo al paso la división Laval que se habia retirado á las alturas de Híjar.</p>
<p>Presentáronse los franceses á la vista de Alcañiz el 23 de mayo de 1809, y á su vista se replegó nuestra vanguardia, dirigida por D. Pedro Tejada. Durante la batalla, pusieron los franceses todo su conato en apoderarse de la ermita de Ntra. Sra. de los Pueyos, cuya defensa encomendó Blake á los valientes tercios de Aragón, mandados por el coronel Areízaga; pero en vano arremitíeron^por dos puntos diferentes el cerro en que se halla situada, porque Areizaga hizo con sus soldados prodigios de valor sin perder un palmo de terreno. Mas afortunados en otros puntos, consiguieron los franceses por de pronto notables ventajas, llegando al pié de las baterías españolas; pero roto en aquella sazón un vivísimo fuego de fusilería y metralla, tuvieron que retroceder, declarándose en completa derrota.</p>
<p>Perdió Blake 300 hombres escasos, y (la pérdida de los franceses ascendió á 800, y aun hubiera sido mayor sin la inferioridad de la caballería española que no permitió continuar la persecución comenzada. Aun así, la retirada de los franceses se hizo con el mayor desórden; y fué tal su pavor á la llegada de la noche, que cundiendo por sus filas la voz de que los españoles les seguían, echaron á correr á la desbandada,</p>
<p>E</p>
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